Pro orantibus

Queridos diocesanos:

Hoy, en la solemnidad de la Santísima Trinidad, celebramos la jornada Pro orantibus para rezar por todas las órdenes religiosas contemplativas. Es una jornada para valorar y agradecer la vida de los monjes y monjas, que se consagran enteramente a Dios por la oración, el trabajo, la penitencia y el silencio.

Este año celebramos esta jornada con el lema Con María en el corazón de la Iglesia. Como María está en el centro de la vida de la Iglesia, fundada por su Hijo Jesús y por la que ella intercede constantemente y se ofrece como modelo de seguimiento de Cristo, también las órdenes religiosas de vida contemplativa ocupan un puesto central en la vida de la Iglesia hoy.

Los religiosos y religiosas de vida contemplativa rezan por toda la Iglesia, por cada uno de los que, desde el mundo, tratamos de vivir y trabajar por el Reino de Dios en este mundo.

En una sociedad como la nuestra, en la que se valora todo por la eficacia del momento, por la actividad, el rendimiento y los resultados, muchos de nuestros contemporáneos se niegan a valorar la vida de los contemplativos y contemplativas que dedican su vida a la contemplación, a rezar por los demás, por las necesidades de todos, por los que no rezan y por los que están más necesitados.

La existencia de las órdenes contemplativas en la Iglesia tiene un sentido perfecto, ellos son la sabia que corre por las venas de los que, en el mundo, nos dedicamos al apostolado activo. Sin ellos y sin su oración nuestra vida de cristianos, de testigos y apóstoles en el mundo, se vería privada de los frutos que se producen precisamente porque estas personas dedican su vida a rezar por nosotros, por nuestras necesidades, por las necesidades de los que creen y de los que no creen, por las necesidades de toda la iglesia y de cada uno de los cristianos.

En la exhortación apostólica Vita consecrata, san Juan Pablo II, decía: «Los Institutos orientados completamente a la contemplación, formados por mujeres o por hombres, son para la Iglesia un motivo de gloria y una fuente de gracias celestiales. Con su vida y misión, sus miembros imitan a Cristo orando en el monte, testimonian el señorío de Dios sobre la historia y anticipan la gloria futura.

En la soledad y el silencio, mediante la escucha de la Palabra de Dios, el ejercicio del culto divino, la ascesis personal, la oración, la mortificación y la comunión en el amor fraterno, orientan toda su vida y actividad a la contemplación de Dios. Ofrecen así a la comunidad eclesial un singular testimonio del amor de la Iglesia por su Señor y contribuyen, con una misteriosa fecundidad apostólica, al crecimiento del Pueblo de Dios» (VC 8).

Cuando nos acercamos a las vidas de los contemplativos y contemplativa,s y los conocemos un poco más profundamente, nos damos cuenta de que su sonrisa no es algo postizo, sino el reflejo claro de lo que llevan dentro, de lo que su corazón experimenta y vive. Son personas que están alegres, con una alegría distinta de la del mundo, que contagia e interpela a cuantos los contemplan, porque están llenos de Dios, porque Dios es su único amor y tesoro al que han entregado todo su corazón.

La vida de los contemplativos y contemplativas es luz de la nueva evangelización. Los contemplativos evangelizan con lo que «son», más que con lo que «hacen». Su propia vocación y consagración son ya instrumento de evangelización. Lo más esencial de la nueva evangelización de los monjes y monjas es mostrar a los demás la belleza de la misma contemplación. Las personas contemplativas nos ayudan a experimentar el misterio insondable de Dios, que es amor.

El mensaje esencial de los contemplativos se resume en la frase de santa Teresa de Jesús: «Solo Dios basta», o como decía el joven Santo de la Trapa, san Rafael Arnaiz: «El solo Dios».

Mientras peregrinamos por este mundo entre luces y sombras, las personas contemplativas nos recuerdan que también hoy Dios es lo único necesario, que hay que buscar primero el Reino de Dios, que la vida nueva en el Espíritu preanuncia la consumación de los bienes invisibles y futuros.

En esta Jornada Pro Orantibus damos gracias Dios por el don de la vida consagrada contemplativa, que resplandece como un carisma central en su Iglesia. Pidamos hoy por todos ellos, para que sigan siendo la luz que ilumina y el agua que riega los campos del mundo con su oración, para que la nueva evangelización fructifique plenamente en nuestro momento.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.