Jornada Pro Orantibus: «Una vida nueva con esperanza y con sentido”

Este pasado domingo, junto con la solemnidad de la Santísima Trinidad se celebraba la Jornada Pro Orantibus. Es un día dedicado a las comunidades contemplativas y su labor silenciosa pero imprescindible para el dinamismo misionero de la Iglesia. En la Diócesis de Segorbe-Castellón contamos con diez monasterios que albergan comunidades de carmelitas, agustinas,  clarisas, dominicas, esclavas del santísimo sacramento y la fraternidad monástica de la paz. La hermana Cecilia Torres, de las agustinas de Mirambel, en Bencasim, nos abre la puerta a esta vida que es el pulmón de la Iglesia.

¿Cómo habéis vivido estas semanas de reclusión y pandemia?

Ha sido y está siendo largo porque ha abarcado Cuaresma y Pascua, que son espiritualmente momentos muy distintos. En Cuaresma, compartimos especialmente el sufrimiento y la inquietud por la situación e intensificamos la oración por toda esta circunstancia. Luego, en el tiempo de Pascua, el Señor ha resucitado aunque estemos en confinamiento y nos lleva a buscar los signos de la vida nueva en medio del sufrimiento y el dolor de las personas, de tanta gente que no tiene lo necesario, y encontramos tantas personas que han sabido entregarse, compartir sus bienes y tiempo, incluso arriesgando su vida. Son signos de esperanza y vida nueva que nos llevan a la alabanza porque también en medio de la dificultad reconocemos la presencia de Dios.

Muchas personas aseguran que ha sido un tiempo de interiorización durante el que han aprendido mucho.

De todos los acontecimientos podemos aprender algo, y si Dios lo permite es que de un mal podemos sacar un bien. Creo que este parón nos puede ir bien a todos pero no para volver alo de antes, sino a algo mejor: aprender a vivir con más serenidad, más paz, buscando a Dios y la trascendencia. Sabemos que somos limitados. Si no nos morimos del coronavirus nos moriremos de otra cosa. Pero aquí no venimos a quedarnos; venimos a aprender a amar, a  ser buenas personas y a ser esa imagen de Dios que ha puesto en nosotros. Pues ojalá que nos ayude a enfocar el futuro valorando las relaciones humanas, compartiendo ante la crisis económica que viene con los que  tienen menos suerte.

El mensaje de la comisión episcopal de la vida consagrada para la Jornada Pro Orantibus, que se celebra este domingo de la Santísima Trinidad, dice que las contemplativas transmitís la esperanza que es la misericordia del Padre. ¿Cómo vivirlo en un mundo marcado por la enfermedad y el sufrimiento?

Este rasgo, al que estamos llamados todos los cristianos y especialmente las contemplativas, está dentro del lema de la Jornada: “Con María, en el corazón de la Iglesia”. La figura de la Virgen nos ayuda mucho a vivir esa esperanza y nos enseña a saber permanecer en medio de lo que no entendemos, como es el sufrimiento, la enfermedad o carecer de lo necesario, confiando en la misericordia de Dios. Él está con nosotros, no se ha quedado en el Cielo, está ahí en el  sufrimiento de cada uno de nosotros confortándonos, consolándonos. Nuestra esperanza es saber que la cruz y el dolor no son la última palabra, sino que en medio de la cruz brilla la luz, y en medio de sufrimiento surge una vida nueva.

Es el ejemplo de la semilla.

Exacto: Hay que morir para poder renacer. Nunca queremos el sufrimiento, pero nos ayuda a vivir otros valores, una capacidad mayor de entrega a los demás. Por eso es importante apoyarnos en María y permanecer al pie de la Cruz con esa confianza absoluta que Dios es Padre y nos ama. De este modo puede brillar la alegría en medio del dolor, una alegría profunda que no es la de pasarlo bien o tener de todo, sino que es la alegría que brota de la gratitud. Hay una vida mucho más grande que empieza ahora y aquí; Es la alegría de creer en la vida eterna que Dios nos da ya desde ahora.

El confinamiento también ha permitido a la gente hacerse preguntas trascendentes.

San Agustín hablaba mucho de esto: entrar dentro de ti porque en tu interior está la verdad. Por un lado está la limitación, pero por otro está el Señor junto a nosotros. Y trasciéndete, ábrete al más allá, a esa presencia de Dios. Creo que esta es la tarea más grande que tenemos en este mundo: trabajar sobre nosotros mismos para llegar a ser personas que desarrollen todos esos dones y capacidades que Dios nos ha dado. Esto necesita silencio y oración. También, como dice San Agustín: Conózcate a tí, conózcate a mi. Porque conocernos a nosotros mismos sin Dios es muy dificil. Primero porque nos da miedo entrar, y segundo porque encontramos nuestras limitaciones, egoísmo, ira… Pero si ahí está el Señor que nos da la mano, que nos sana, que nos salva, pues es muy distinto.

¿Cómo podéis las contemplativas desde vuestro carisma acompañar a encontrar respuestas?

Pienso que es un reto hoy en día de los monasterios y de todos los cristianos ofrecer este camino de interioridad y espiritualidad. Hay mucha gente que busca, hay muchos cursillos de espiritualidad, pero a veces al margen de Jesucristo, cuando Él es el camino la verdad y la vida. Tenemos un camino al Padre que es Jesús, somos libres de buscarlo o irnos al Himalaya, pero el camino recto es Jesús y tenemos que conocerlo y darlo a conocer. San Agustín dice algo muy bonito: “Atraed a otros al amor de Cristo, no os lo quedéis para vosotros. Lo que vivís, compartidlo”. Es nuestro carisma y la oportunidad en este tiempo. Nos han llamado personas para compartir su angustia, su inquietud, su falta de por qué y para qué. Y es necesario poder decir: entra en ti mismo, puedes rezar en cualquier lugar como dice el evangelio, y ahí háblale al Señor, dile todo lo que te inquieta. El Señor te dará una palabra y verás cómo puedes empezar una vida nueva con esperanza y con sentido.

(Diócesis de Segorbe-Castellón)

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