La Paloma: de pensar en cerrar el banco de alimentos a atender a más de 100 familias

«La situación nos desborda. Esto no es, como podía ser hace un año, ayudar a la economía familiar; es que directamente las familias no tienen para comer». Gabriel Benedicto, párroco de Virgen de la Paloma y San Pedro el Real, explica que ha pasado de atender habitualemente a 15 familias a más de 100 en la actualidad, todas ellas afectadas por la crisis de la pandemia.

Reconoce que el año pasado se llegó a plantear el cierre de su banco de alimentos porque «había descendido mucho la necesidad, y para las familias que teníamos, podíamos hacerlo con los recursos de la parroquia». Ahora los casos van a más: «A este ritmo, se prevén meses de reparto de alimentos con bastante intensidad».

«La cuestión de la caridad no la vimos al principio», de hecho, al padre Gabriel le ofrecieron un día 1.000 kilos de patatas y su primera reacción fue preguntarse qué iba a hacer él con tanto. «Pero luego pensé que a ver si me iban a hacer falta…». A día de hoy, además, en La Paloma se ha atendido a 300 familias paraguayas gracias a un acuerdo de colaboración puntual con el consulado.

A todo ello se ha sumado la entrega de 37 menús todos los días. «Con todo el follón que teníamos pensé “¿otra cosa más?”, pero luego no ha sido tan difícil y la gente puede comer comida caliente, cocinada». De hecho, Gabriel lo ve como una buena medida para atender en este futuro más próximo a la gente en situación de calle.

Agilizar la acogida

El sacerdote señala que uno de los aprendizajes positivos de esta pandemia ha sido la experiencia de la acogida telefónica. «Si tienes voluntarios que atienden el teléfono, es todo mucho más rápido. Se agilizan los procesos, y esto es vital porque no puede ser que pasen 15 días, por ejemplo, hasta que una persona reciba los alimentos».

En la acogida física, el padre Gabriel ha constatado también la importancia de que esté el sacerdote cuando los beneficiarios llegan a la parroquia a recogeR sus alimentos: «Cambia mucho porque conoces a las personas. Además, igual no vienen a Misa pero para ellos eres el representante de la Iglesia en esos momentos y es importante estar ahí».

Para tener más tiempo de calidad, dejan las bolsas de comida preparadas la noche anterior y han ampliados los días de reparto de comida a la semana: lo hacen martes, miércoles, jueves y viernes, y así se espacian más los que acuden. «Los puedes tratar más humanamente, preguntarles cómo están, hablar con ellos…».

Conciertos solidarios

Estar presentes es algo que durante este tiempo los sacerdotes de La Paloma han llevado a cabo no solo a través de su canal de YouTube –que el día de la Vigilia de Pascua llegó a tener a 13.000 personas conectadas– sino también mediante sus miniconciertos de las 20:00 horas que se han hecho virales.

Después del aplauso sanitario, ofrecían un repertorio de unos diez minutos a la puerta de la iglesia en el que no faltaba el Resistiré pero también otros temas como La vida es un carnaval de Celia Cruz o Color Esperanza de Diego Torres. Se han atrevido hasta con el flamenco-pop del Solamente tú de Pablo Alborán. Canciones de ayer, de hoy y de siempre con las que conectar con todas las edades de los vecinos.

Concluían con frases de ánimo para aguantar el confinamiento y, siempre, con un «¡viva la Virgen de la Paloma!» a modo de despedida. Esto les ha hecho conectar de una manera más especial si cabe con el barrio. «Ha sido un tiempo de estrechar lazos, de aprendernos nombres con motivo de los cumpleaños, de pasar, en algunos casos, de la indiferencia al cariño, o de una visión peyorativa del cura a caerles simpáticos».

En cuanto a las celebraciones litúrgicas online, se han sumado personas de diferentes partes del mundo que incluso le han llegado a comentar al padre Gabriel que se han aprendido el himno de La Paloma, y han ofrecido misas por hasta 30 difuntos. «Paradójicamente, en tiempos de confinamiento hemos llegado a muchísima gente».

Pastoral de la Soledad

«También hemos percibido la soledad de los ancianos, que siempre ha estado ahí, pero ahora es mayor», explica el párroco. Por eso, han seguido prestando atención de los mayores desde su Pastoral de la Soledad, gracias al cual están acompañando a 40 ancianos solos detectados en el barrio.

Puesta en marcha hace un año como proyecto piloto, esta pastoral va más allá de una simple visita para extenderse a un seguimiento en el que haya al menos una llamada a la semana, y que incluye «máximos como acompañamiento a ver a familiares enfermos, a hacer determinadas gestiones…». La Paloma difundió esta iniciativa en el barrio dejando, incluso, tarjetas de información en las farmacias.

Y han acompañado a los ancianos de la residencia cercana a la parroquia que atienden habitualmente, a los que llegaron a amenizar con uno de sus conciertos. «Pensamos que en las residencias de ancianos tiene que haber una atención más continuada, hay muchas situaciones más allá de la Misa y a veces los ancianos están mal atendidos» en este aspecto.

El problema del alquiler

Para el párroco de La Paloma, el de los aqluielres es ahora mismo otro problema de magnitud. Urge que los que han perdido sus trabajos, muchos de ellos de economía sumergida, y sin ahorros para poder hacer frente a los pagos de los alquileres, o aquellos que entraron en un ERTE y no lo han cobrado, «no pierdan su vivienda, porque volver a empezar es más que imposible para muchos».

Unido a todo esto, el sacerdote se muestra preocupado por el tema de la búsqueda de empleo, algo a lo que también ayudan desde la parroquia gracias a una bolsa de trabajo que en este tiempo de pandemia ha facilitado algún puesto de trabajo. «Ahora hay muchos venezolanos que vienen muy formados y con signos de que quieren trabajar, y es fácil colocarlos».

Atención de urgencia

El padre Gabriel Benedicto forma parte del grupo de trabajo Atención de urgencia y nuevas necesidades emergentes, uno de los equipos que forman parte del plan puesto en marcha por el Arzobispado de Madrid para avanzar en soluciones pospandemia.

Coordinado por Luis Hernández, director de Cáritas Diocesana de Madrid, de él forman parte, además de Benedicto, otras ocho personas representantes de diversas realidades de Iglesia, entre ellas la Mesa por la Hospitalidad, la Comunidad Sant’Egidio, las Hijas de la Caridad o las Adoratrices, y otros párrocos de la diócesis, como el de San Ramón Nonato.

Sobre la mesa de trabajo están ya todas las experiencias vividas estos días y las necesidades más inmediatas. Con ello, se irán elaborando estrategias y propuestas para poder abordar la recuperación siempre desde una perspectiva creyente y de fe.

En ellas se contará también con las instituciones públicas, con quienes de hecho ya hay «una relación muy fluida», explica Benedicto. «Nosotros contactamos directamente con el concejal de Centro, vino aquí, nos han venido ayudas a través del Ayuntamiento, tanto para repartir comidas como de donaciones… A nivel parroquial hemos tenido ayuda y la hemos agradecido».

Conoce aquí cómo están ayudando numerosas parroquias de Madrid a la gente que pasa hambre

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