Corpus Christi

La Eucaristía ocupa un puesto fundamental en la vida de la Iglesia. Es fuente, centro y meta de sus actividades y de su misión. La fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, que celebramos este año el día 14 de junio, nos convoca gozosamente a todos los cristianos y comunidades. Con algunas expresiones podemos sintetizar la inmensa riqueza de este sacramento por excelencia.
1) La Eucaristía es el sacramento de la entrega por amor de Jesús a la muerte. Libremente se puso en manos de sus enemigos por nuestra salvación. En la última Cena con sus discípulos antes de padecer tomando un pan dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía” (1 Cor 11, 24). El pan tomado de la mesa por las palabras de Jesús es su Cuerpo que será sacrificado en la cruz. Anticipadamente reparte entre los discípulos su cuerpo, su vida, su persona. El que coloquemos sobre el altar o en la proximidad un crucifijo durante la celebración eucarística significa la unión de la Misa y de la Cruz. Significa la unión de la misa y de la cruz como sacrificio de Jesús.
2) La Eucaristía es el sacramento de la presencia singular del Señor entre nosotros. De diversas formas Jesús está con nosotros: En el pan y en el vino consagrados, en la proclamación de la Palabra de Dios, el sacerdote que lo representa y hace sus veces, en los pobres y necesitados con los que se identifica (cf.Mt. 25,35-36) Jesús no nos deja solos ni desamparados. El Corpus Christi nos recuerda solemnemente la presencia sacramental de Jesucristo, nos invita a adorarlo y a tratar confiadamente con Él.
3) La Eucaristía es el sacramento del Pan de la vida eterna. “El que come este pan vivirá para siempre” (Jn 6, 58). En la comunión del Cuerpo y de la Sangre de Jesús se cumple el sentido pleno del alimento, a saber, sostener la vida. La multiplicación de los panes en un descampado nutrió sólo por unas horas a aquella multitud; el maná del desierto alimentó al pueblo de Israel en el desierto un tiempo. El Pan de la Eucaristía da la vida eterna.
4) La Eucaristía es el sacramento de la unidad de la Iglesia. Así escribió San Pablo sobre la Eucaristía: “El pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos de un mismo pan” (1 Cor. 10, 16-17). La imagen del pan amasado con la harina de muchos granos de trigo significa la unión de los comensales. La participación en la Eucaristía debe vencer las discordias y enemistades, el hartazgo de unos y el hambre de otros, la soberbia y la humillación en las relaciones (cf. 1 Cor. 11, 17-22).
Jesús, en la cena de despedida, después de repartir el pan convertido en su Cuerpo, dio a sus discípulos el encargo de “hacer esto en memoria mía” (cf. Lc. 22, 19). La Eucaristía es memorial que recuerda la persona de Jesús y actualiza su vida entregada servicialmente. Hacer lo que nos mandó implica reconocerlo como nuestro Señor, sentarnos a la mesa y vivir como nos enseñó. La Eucaristía no es un rito vacío, sino el alimento para el camino y para la vida según el Evangelio.
La Iglesia ha unido, con fundamento y acierto, la Fiesta del Corpus Christi y el Día de la Caridad. Si comulgamos el Cuerpo entregado, si bebemos su Sangre derramada por nosotros no podemos quedarnos en lo exterior y ritual, sino debemos unir al signo la sinceridad del corazón y a la comensalidad de la vida compartida, el amor recíproco y la fraternidad.
Este año la fiesta del Corpus Christi tiene en nuestras comunidades un alcance especial, ya que debemos hacer lo que el Jueves Santo no pudimos realizar a causa del confinamiento, y estamos llamados a multiplicar la generalidad que nos exige el empobrecimiento que la pandemia nos ha causado. De manera brusca la inactividad impuesta deja en la calle y en la intemperie a muchas personas y familias. ¿Qué nos exige la celebración auténticamente cristiana del Corpus Christi este año? Una vez que termine el confinamiento con las limitaciones que lleva consigo en la movilidad y las comunicaciones, percibiremos con mayor claridad el destrozo enorme en los medios de producción, en las empresas, en el trabajo disponible, en los ingresos personales y familiares, en la inseguridad ante el mañana. Quienes poseen más información para calcular la pérdida sobrevenida están sobrecogidos; y quienes lo padecen con mayor incidencia en carne propia van teniendo dura experiencia. Es una constatación el que todos somos más pobres y es una exigencia de la solidaridad el que nadie se quede atrás.
La Eucaristía es comunión con Jesucristo y llamada a la entrega fraterna a los demás. Todos debemos activar la dimensión solidaria de la Eucaristía. Estamos ante la tarea inmensa de “salir adelante juntos”.
Cáritas Diocesana ha diseñado un proyecto llamado Comunidad 2020, que se va difundiendo poco a poco y significa una preciosa oportunidad para responder a las necesidades ya presentes y a las previsibles exigencias que  nos apremiarán más aún. Esta iniciativa de la Diócesis de Valladolid a través de Cáritas es un cauce evangélico y humano, elocuente y eficaz, ya que siempre, pero más en estas situaciones especiales “cada gesto cuenta”. Por ello, nadie debe quedar como paralizado por la pregunta: ¿Qué esto para tanta gente? (cf. Jn. 6, 9). Todos debemos estrechar las manos y el corazón para responder a este desafío sin precedentes. Si todos padecemos la pandemia, y si todos formamos la familia humana, la reconstrucción debe ser quehacer de todos.
Hace varios años, en una crisis de proporciones también enormes, los sacerdotes, como signo de fraternidad humilde y real, pusimos a disposición de Cáritas, de manera libre y generosa, una cantidad, que indicativamente podía ser la nómina de un mes. Yo os invito y me pido a mí mismo un gesto semejante en esta ocasión. Poco a poco iremos viendo. No olvidemos que la colaboración económica es buen mensurador de la verdad del amor humano y cristiano.tra ayuda. Os lo agradezco sinceramente.

+ Cardenal Ricardo Bláquez

Arzobispo de Valladolid

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)