África. Obispos: se anulen las deudas de los países y se active la solidaridad

Una misa celebrada en observancia del confinamiento social a causa del covid-19 en Madagascar (AFP or licensors)

El Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (Secam) lanza una serie de llamamientos en favor de África ante la emergencia del coronavirus. En una declaración sobre el Covid-19 y sus consecuencias firmadas ayer por el Cardenal Philippe Ouedraogo, presidente del simposio, los obispos destacan la falta de recursos en la lucha contra la pandemia, y de ayuda para quienes han tenido que suspender sus actividades. «Sin duda, ya se han tomado iniciativas para gestionar el impacto de la pandemia, pero quisiéramos ir más allá y pedir la cancelación total de las deudas de los países africanos -escriben los prelados- para permitir el relanzamiento de las economías. Además, pedimos una ayuda sustancial para la creación de sistemas de salud de calidad, para promover la creación de pequeñas y medianas empresas para reducir el desempleo y para garantizar la seguridad alimentaria».

El Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar se dirige en particular a las empresas y empresarios multinacionales, recordando que África es una mina de materias primas para los países industrializados. Por ello, los obispos piden a las grandes empresas que explotan estas materias primas que contribuyan para que los países que las suministran puedan garantizar los servicios sociales básicos como hospitales, escuelas y viviendas adecuadas. Los obispos también instan a los empresarios y a las empresas farmacéuticas a que no exploten la situación actual con fines de lucro, sino que participen en los esfuerzos por prestar atención a las personas más vulnerables.

Luego la recomendación ulterior: «La crisis sanitaria provocada por el Covid-19 debería impulsarnos a buscar juntos los medios para erradicar enfermedades como el paludismo y la tuberculosis, que siguen afectando al continente (…) pedimos a la Unión Africana que sensibilice a los países miembros para que ayuden a crear un fondo de solidaridad que se utilice para la salud de la población». Además, a los dirigentes políticos, la peticicón de que garanticen que los limitados recursos disponibles se utilicen para ayudar a los que realmente necesitan ayuda y que no terminen en bolsillos equivocados por medio de prácticas corruptas.

Por último, el llamamiento a todas las instituciones eclesiásticas para que se mantengan firmes en su misión y colaboren con otras instituciones en la promoción del bien común en favor de todos los pueblos de África y Madagascar. Para todos, en cambio, la invitación es a reactivar el valor de la solidaridad, a enfrentar de la mejor manera posible el impacto de la pandemia y a ayudar a los enfermos de Covid-19 y a los que se han curado. El Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar no deja de expresar su solidaridad con todos los pueblos de África y los pacientes de coronavirus de los cinco continentes. En los últimos seis meses el mundo se ha enfrentado a un enemigo invisible, se lee en la declaración, que define el actual como una realidad sin precedentes que ha afectado a todas las clases sociales, obligando a los gobiernos de los diferentes países del mundo a tomar medidas drásticas.

En África se ha respetado más o menos el confinamiento, continúa la declaración, pero las consecuencias han sido considerables para la mayoría de las personas que sobrevivieron con sus ingresos diarios. En el plano económico, la recesión es evidente, debido a la suspensión de actividades, especialmente en los sectores clave de la producción, el turismo, el transporte aéreo y la industria hotelera. Los obispos de Secam temen repercusiones sociales en muchos países, en particular en África, que ya está agobiada por la deuda y por un empeoramiento de la tasa de desempleo que dará lugar a un nuevo aumento de la pobreza. Pero exhortan a no ver en la pandemia un castigo divino y a recordar que, en cambio, Dios amó al mundo hasta dar al Hijo Unigénito, que, por toda la humanidad, ofreció su vida en la cruz. Para los prelados, lo que la humanidad está viviendo ahora puede compararse con lo que experimentaron los discípulos de Jesús después de su muerte, resurrección y ascensión, que desalentados y asustados fueron transformados por el descenso del Espíritu Santo. «El nombre de Jesús, ‘Emmanuel’ – añaden los obispos – significa que Dios está con nosotros. Por lo tanto, ya sea una Iglesia cerrada o un encierro en casa o el hambre o la enfermedad, Dios está continuamente con todos, en todas partes del mundo». Así, la declaración de Secam recuerda que, en este momento particular, como dijo el Papa el 27 de marzo pasado en la Plaza de San Pedro, «la oración y el servicio silencioso son nuestras armas ganadoras».

Las Conferencias Episcopales de África y Madagascar señalan finalmente que la pandemia de Covid-19 ha puesto de manifiesto los límites de la globalización, centrada exclusivamente en la economía y la promoción del consumismo y el individualismo, a expensas de los valores éticos y espirituales. El ejemplo de los médicos y los trabajadores de la salud, que han demostrado dedicación y altruismo en su profesión, arriesgando sus vidas, ha llevado en cambio a la conciencia de que el mundo, después del coronavirus, no será como antes. La equidad es más importante que la frenética competencia por el éxito y el beneficio, concluyen los obispos, recordando las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia sobre el bien común, la solidaridad, el respeto de la dignidad humana, la justicia y el desarrollo integral.

 

 

Ciudad del Vaticano