Pentecostés: entre el Cenáculo y la calle

Cristo glorificado, después de su Ascensión al Padre, envía el Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles haciéndolos su Iglesia viva y santa; el día de Pentecostés derrama su Espíritu sobre todos ellos, sobre los discípulos, para desde ese día obrar la nueva creación, continuar, a lo largo del tiempo, su acción transformadora y renovadora
de los seres humanos, realizando la obra de santificación mediante la acción sacramental de la Iglesia, y realizando la obra de la unidad y el amor en ella, para que ésta pueda ser signo e instrumento de unión, concordia y armonía para el género humano.

El día de Pentecostés fue decisivo para los apóstoles, los discípulos, las mujeres que estaban con ellos, una experiencia que les cambió y que tuvo decisivas repercusiones fuera de todos ellos. Aquella puerta cerrada del lugar donde estaban se abrió y los discípulos empezaron a hablar a la gente que se había congregado allí, de todos los
pueblos. Desde aquel día el Espíritu del Señor empezó a superar límites que parecían insuperables. Pentecostés puso fin a Babel. El Espíritu inaugura un tiempo nuevo, el tiempo de la comunión y la fraternidad. La Iglesia empieza el día de Pentecostés, en Jerusalén, entre el Cenáculo y la calle.

El Espíritu Santo ha sido derramado, también, sobre nosotros que, como miembros vivos del cuerpo místico de Cristo, la Iglesia, hemos nacido del agua y del Espíritu Santo (Cfr. Jn 3,5) y por el Bautismo lo hemos recibido para que dejemos de estar encerrados en nosotros mismos, demos muestra del amor del Señor y anunciemos el
Evangelio a todas las criaturas hasta los extremos de la tierra. En efecto, como nos recuerda Papa Francisco en “Evangelii Gaudium”: “En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (Cfr. Mt 28,19)”, (n.120).

Este año, más allá del enorme condicionante de la pandemia, estamos viviendo una experiencia del Espíritu para los bautizados de nuestro país, primero con la preparación y ahora con el post del Congreso Nacional de Laicos celebrado en Madrid el pasado mes de febrero. Congreso integrado en el camino pastoral de nuestra Diócesis,
que ha subrayado el valor determinante del laicado y del apostolado seglar en la misión de la Iglesia, respetando la diversidad de carismas y de formas de vida cristiana, cada una con su modo peculiar de vivir o intensificar la consagración bautismal.

El lema del Congreso, “Pueblo de Dios en salida”, fue toda una declaración de intenciones que quería situarse en la línea del magisterio de Papa Francisco, que nos está pidiendo, en este cambio de época posiblemente muy marcado también por las consecuencias de la pandemia a tantos niveles, un nuevo talante evangelizador, consistente en una conversión pastoral misionera. Para definir ese objetivo general se han determinado líneas de actuación para dinamizar el laicado en nuestras diócesis de cara a los próximos años, sobre la base de cuatro itinerarios principales: El Primer Anuncio, el Acompañamiento, los Procesos Formativos y la Presencia en la Vida Pública. En la ponencia final del Congreso, titulada “Un Pentecostés renovado”, se han recogido las grandes apuestas de esta “Iglesia en Salida” alrededor de los cuatro itinerarios apuntados, y que me permito ofrecer en un muy escueto resumen, transmitido por laicos que participaron del evento.

1.- El primer Anuncio.- Se ha destacado como un gran reto, que pide ser educados en el género testimonial. Señalándose que en todos los ambientes de vida (familia, trabajo, asociaciones, barrio, pueblo) debemos ser embajadores de este encuentro personal con el Señor. Es necesario crear procesos de iniciación cristiana que favorezcan el encuentro con Cristo y explorar nuevas formas para acoger y acompañar a los que buscan y a
quienes se han alejado de la fe.

2.- El Acompañamiento.- Se hace notar su necesidad, por la vulnerabilidad que se da en nuestros tiempos. De ahí la necesidad de proponer procesos de acompañamiento como actitud pastoral básica tanto para personas como para grupos. Cuidar de personas en situación de sufrimiento y necesidad, de los matrimonios y familias, de los jóvenes y,
más en general, para el discernimiento de la propia vocación. Se apunta a la formación para el acompañamiento, creación de escuelas para el acompañamiento y discernimiento espiritual, así como grupos de acogida en las parroquias.

3.- Los procesos Formativos.- Importantísima una formación permanente e integral que permita, por un lado, cuidar la formación y, por otro, capacitar para la misión. Se trata de una formación integral e integradora que aúne espiritualmente, oración personal y comunitaria, sacramentos y profundización en la fe para dar razón de nuestra
esperanza. El Congreso señala la necesidad de difundir itinerarios de formación para las distintas edades, escuelas de doctrina social católica y comunicadores para emitir adecuadamente el mensaje de nuestra fe.

4.- La Presencia en la Vida Pública.- Los cristianos vivimos para hacer presente a Jesús en el mundo; vivimos nuestra vocación desde la eclesialidad y desde la secularidad, tenemos la doble nacionalidad de ciudadanos de este mundo y de la Jerusalén celeste, por eso estamos llamados a hacernos presentes en la vida pública. El Congreso apunta la necesidad de articular procesos de diálogo entre la Fe y la Ciencia. La importancia de realizar espacios de encuentro para católicos comprometidos en política. Idear proyectos que guarden relación con el cuidado de la casa común. Ayudar a profesionalizar nuestra presencia en internet y redes sociales generando proyectos evangelizadores.

Nuestra Diócesis se implicó en la preparación y en la presencia en el Congreso, también en un primer encuentro para su acogida que pudimos realizar, pero en pocos días quedamos en la actual situación de pandemia, auténtico “kairós”, momento de gracia para nuevas iniciativas, pero que afectó a toda la agenda prevista, aunque sin
afectar a la ilusión de retomar el pulso y el ritmo para seguir, juntos, dinamizando el laicado en la Diócesis; tal y como hemos vivido estos años desde los Planes de Pastoral y los Congresos Diocesanos realizados sobre Laicado, Familia y Juventud y sobre todo Educación, con neta visión misionera en la que el laicado ha estado y está
plenamente presente, comprometido en el permanente estilo sinodal de nuestra Iglesia.

Con la ayuda del Espíritu Santo proseguiremos el camino, con la Delegación de Laicos, su delegada y consiliario, y con ellos la rica realidad de asociaciones y movimientos laicales. A todos vosotros, en el Día de la Acción católica y del Apostolado Seglar, mi gratitud en nombre de la Diócesis. Por medio de esta carta os felicito en la Pascua de Pentecostés. Y os deseo firmeza en la fe y en la esperanza en medio de tanta necesidad. Con el Señor, saldremos adelante; seguiremos caminando juntos en un renovado Pentecostés, entre el Cenáculo y la calle, discípulos misioneros, conducidos por el Espíritu hacia una etapa nueva de la Humanidad.

Ánimo, con mi afecto y bendición.

✠ Jesús Murgui Soriano.
Obispo de Orihuela-Alicante.

Mons. Jesús Murgui Soriano
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Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979. Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca. El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.