La labor de llevar la esperanza de Jesús

En la diócesis de Oviedo, José Reinerio Fernández, médico y sacerdote, es capellán en el Hospital de Cabueñes, en Gijón. En esta entrevista habla de su labor pastoral, ahora en situaciones muy dolorosas, marcada por la pandemia de Covid-19.

¿Cómo se vivió en Cabueñes la emergencia sanitaria?

La situación de la alarma  sanitaria llevó a aislar en unas determinadas plantas a los enfermos por este virus y al resto de pacientes a restringirles las visitas. Solo se podía entrar a la habitación de un paciente de Covid-19 si el responsable familiar pedía que interviniese el capellán. Al resto de los pacientes se permitía el acceso, pero con restricciones. Con ellos hacía un poco la labor que no podían hacer los familiares o amigos: charlar y acompañarles.

¿Cuál era su labor pastoral?

En las plantas de Covid-19 mi presencia era puntual dependiendo de cómo estaba el paciente. Con quien estaba más o menos consciente tenías que tener cuidado por si ver al capellán les producía demasiada impresión y acudir con sensibilidad para que aquella situación no se convirtiese en un sacramento que se cae encima, sino que sintiesen que era la liberación de Jesucristo que se hace presente para ayudarles en todo lo que pueda y darles una esperanza. Se tiene que saber a qué persona vas a ver, conocer si es un deseo de la familia o si está convencida, saber si tiene miedo o si es religiosa; para ir con prudencia y ser una ayuda no un daño. Recuerdo por ejemplo un hombre que cuando me acerqué a él fue como si hubiese visto al Señor con unos ojos que transmitían ilusión y recibió los sacramentos o también llamadas de familiares a través de los párrocos para que visitara a sus seres queridos y que se quedan con la sensación de que al menos hicieron todo lo que pudieron.

¿Cómo se sentía usted?

Fue una labor gratificante a pesar de las situaciones dolorosas y las circunstancias a las que tenían que hacer frente los pacientes de aislamiento. Recuerdo una anécdota de una señora sordomuda que había sido declarada Covid positivo. Ella estaba bien, pero aislada y al ser sordomuda está circunstancia era más dramática porque comunicarse con ella era difícil. Un familiar suyo me mandó una foto con un cartel para que lo pudiera leer y cada poco las enfermeras o yo se lo enseñábamos y ella se ilusionaba.

Mucha gente no pudo despedirse de sus familiares.

Estos días estuve hablando con una viuda que está encargando el funeral de su marido y me contaba que se despidió de él en la ambulancia y tras días en la UCI falleció y su hija no lo asimila. Y es que una cosa es la intervención como capellán que es dura, pero al tiempo gratificante porque piensas que las personas que te llaman lo hacen con la creencia de estar haciendo lo correcto y abriendo la puerta a la trascendencia. También la familia que obra así tiene una esperanza cierta, pero el momento psicológico de la partida sin la presencia y sin poder cogerle la mano ahí queda.

Por otro lado, en ese marco las pautas se fueron humanizando paulatinamente. Recuerdo un día que me llamaron de una planta de Covid positivo para dar los últimos sacramentos a un paciente. Coincidí precisamente con su hijo en el vestíbulo y juntos fuimos a la habitación y nos permitieron a los dos entrar y acompañar a su padre, incluso él pudo quedar a despedirse y lo agradeció mucho. A partir de ese momento vi algunas personas más que pudieron despedirse siempre muy, muy restringido. En todo momento he visto al personal del hospital muy humanos haciendo lo que podían para controlar aquella situación que se le venía encima, y  comprendiendo lo importante que era que los familiares tuvieran acceso en la medida de lo posible a ellos. La inmensa mayoría es sensible y buscan compaginar el servicio al paciente con intentar paliar el dolor anímico y psicológico de esas personas y sus familiares.

Eso también es importante.

Sí, no somos compartimentos estancos, todo repercute y si tienes esperanza, además una esperanza cierta de que sabes que Jesús va a querer lo mejor para ti, eso da tranquilidad y paz. Es un proceso duro y hay que estar ahí siendo alguien que suma no que resta. También para la familia de los pacientes es importante porque creen que es lo mejor que pueden hacer. Hace unos días me llamaron para atender a un hombre que estaba a punto de fallecer, no por Covid-19, y es muy significativo ver la paz de esos hijos a los pies de la cama que piensan que están haciendo algo importante, que llega, que se hace eficaz en ese momento que se necesita y que para ellos es un consuelo.

(Iglesia en Asturias)

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