El Libro de la vida (IV) Pentecostés

Si nuestra vida es como una página en blanco, dos manos van llenando todos sus espacios vacíos con un relato cada vez más extenso y apasionante: la mano de Dios, su Espíritu, y nuestra mano, guiada por nuestra libertad. Ese relato comienza en el momento en que creímos y fuimos bautizados. Las dos manos son ciertamente desiguales, pero ninguna de las dos anula a la otra. ¿Cuál será el resultado, cuando nuestras manos se dejen llevar por la del Espíritu? Justamente en eso consiste la santidad.

Recordamos dos grandes místicas, buscadoras, desde su conversión, del amor de Dios en Jesucristo: santa Ángela de Foligno y santa Teresa de Ávila. Ambas escribieron su “Libro de la vida”. Ángela de Foligno, laica franciscana del siglo XIII, canonizada por el Papa Francisco en el 2013. Su obra en dos grandes partes el Memorial y las Instrucciones, contiene el itinerario vital de la santa desde su conversión, en búsqueda amorosa de la humanidad de Cristo, su unión e identificación con Él. Describe una trayectoria marcada por la pobreza, el sufrimiento, la luz y el gozo, que sazonaban su existencia. En torno a sí se formó un círculo de discípulos.

De modo semejante escribe Santa Teresa de Ávila su “Libro de la vida” (o simplemente “La Vida”). Una especie de milagro en la comunicación, consistente en poner la belleza del lenguaje humano al servicio de la belleza del misterio vivido. Como dice un gran especialista en su teología, “era un fruto agónico por poner nombre a lo innombrable, puente trabajosamente construido hacia la luz”. El libro de su vida, venía a ser el libro de la vida, es decir, el libro en el que se describe el camino hacia la plenitud de amor en Jesucristo.

Es muy importante descubrir la semejanza de los caminos de ambas mujeres, pues da idea de la constante “gramática” de Dios, de su  modo de obrar en cada uno y en la historia.

El resultado de la escritura siempre es original; no hay una vida exactamente igual a otra. Pero la gramática de Dios, podemos decir, el modo como escribe el Espíritu Santo en nuestra página en blanco, obedece a unas constantes esenciales, que se repiten. No es de extrañar, ya que proceden del modelo toda vida cristiana, que fue Jesús de Nazaret… Jesucristo es el Verbo – Camino – Verdad – Vida: no tenemos que hacer otra cosa que vivirlo a Él. El Espíritu Santo es el Espíritu de Cristo y su lenguaje es el mismo, en Él y en nosotros. Más aún: en nosotros solo es de Dios lo que podría ser de Jesucristo.

Así pues, señalamos algunas de las constantes de la gramática de Dios:

– Siempre pide creer en Jesucristo y amarlo absolutamente. El trato de amor directo con Él nunca deja de ser el centro, donde anidan y viven otros amores.

– Siempre trata en comunión de hermanos, nunca en solitario.

– Siempre llama a integrar el sufrimiento como elemento fundamental vinculado al amor.

– Siempre sigue los caminos de pobreza, la que radica en el corazón, y es manifestada en signos externos.

– Siempre desencadena una irradiación de alegría y de amor humano a su alrededor.

– Siempre huye de las medias tintas y busca las opciones radicales y profundas.

– Siempre saca de la postración mediante el perdón y la esperanza.

Y otras muchas constantes de su gramática…

¿Qué puede impedir que cada uno de nosotros escribamos nuestro propio “Libro de la vida”? Es más, ¿no será una obligación escribirlo, aunque solo sea con hechos y palabras?

 

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.