“Galileos, que hacéis ahí plantados mirando al Cielo”… ¡Vuestro lugar es el mundo!

Comprendamos la grandeza de la vida a la que hemos sido llamados, porque el Señor nos quiere llevar con Él al triunfo de la vida eterna, nos quiere sentar con Él en el Cielo. Es la fuerza de la Resurrección de Cristo, que continua con la Ascensión y se hace plenamente efectiva en el envío del Espíritu Santo: «cuando descienda sobre vosotros el Espíritu Santo, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo (Hch 1,1-11)”.

La Ascensión del Señor pone de manifiesto que llega un momento en que su presencia gloriosa ha de ser diferente. Él, en el contexto de la Última Cena, había prometido ya la venida del Espíritu Santo. “Vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría” (Jn 16, 20).  “Conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito” (Jn 15, 7). Todo esto se cumple porque Cristo deja esta presencia gloriosa visible en medio de los suyos y se despide. La Ascensión es efectivamente un momento de despedida, el último momento en el que Jesús está entre los suyos. Pero es también un momento de promesa: vendrá a vosotros el Espíritu Santo.

El gran misterio de la resurrección, fundamento de nuestra fe, no es simplemente aceptar que ha sucedido algo en esta persona que ha muerto y ha vuelto a la vida, sino que realmente la resurrección ha creado un mundo nuevo, porque ha transformado maravillosamente la naturaleza humana que había asumido Dios hecho hombre, pues ha ascendido victorioso y triunfante, y está reinando, sentado a la derecha del Padre, como dice la expresión bíblica y la procesión de fe. Estar a la derecha del Padre significa tener la misma gloria de Dios, como Dios que es, gobernando como Señor de la historia y del cosmos, que ha triunfado y ha sido elevado a esa grandeza. Cuando se hizo hombre dejó su gloria –lo recuerda San Pablo en la Carta a los Filipenses- se humilló, se anonadó, se hizo uno de nosotros, prescindió de su majestad gloriosa para hacerse humilde como los hombres, pero ahora vuelve a la gloria del Padre donde reina hasta el fin de mundo (Cf. Flp 2, 5-11).

Y aquí es donde entendemos que el Señor se ha ido, pero no lo ha hecho, se ha quedado con nosotros, y nos ha trasmitido la fuerza de su resurrección, y por otra parte, nosotros nos hemos quedado en el mundo, pero no del todo, porque hemos entrado ya en una comunión divina en el Hijo con Dios. Él que era Dios, se hizo hombre, asumió nuestra naturaleza, ha sido glorificado en cuerpo y alma, y en su humanidad y divinidad reina en el Cielo, por tanto la humanidad, nuestra humanidad, nuestra naturaleza humana, ha sido elevada a la gloria, y nosotros con Él hemos recibido esta comunicación de la fuerza de la vida resucitada por la que podemos ser aquí otros cristos.

Verdaderamente tenemos que dar testimonio de la fuerza de su vida resucitada si hacemos que sea nuestra la fuerza de su amor y su propia misión. Jesús por eso les envía a hacer discípulos, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a vivir todo lo que Él les ha enseñado. Es decir, el Señor nos ha mostrado un camino, nos ha enseñado a vivir como Él pero además nos ha dado la fuerza, la gracia, el impulso de la vida sobrenatural para que estemos presentes en el mundo continuando con su misma misión. Él mismo es el que se hace presente con su presencia resucitada que hace nuevas todas las cosas.

Galileos, que hacéis ahí plantados mirando al Cielo”, contemplábamos en domingo en las Lecturas: ¡Vuestro lugar es el mundo! El Señor nos envía a ser misioneros, testigos, en espera de su venida en gloria para juzgar. Se inaugura el tiempo de la Iglesia. El Señor ha predicado el Reino, nos promete inundarnos con su gracia, con su Espíritu, y nos ha llamado a ser sus testigos.

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
Acerca de Mons. Rafael Zornoza 345 Articles
RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.