La devoción a la Virgen María – II

Recuerdo que, siendo estudiante en la Escuela Apostólica San Agustín, en Palencia, el día de San Ambrosio, en clase de Anatomía, le pedimos al P. Abilio, el profesor, que nos diera dispensa de clase, por la relación espiritual entre San Ambrosio y San Agustín. Y él nos dijo: “A los santos se les honra imitándoles. Y san Ambrosio estudiaba, así que a estudiar”.

Eso es lo que nos propone la auténtica devoción a la Virgen María; no sólo invocarla y alabarla, sino, como hijos, imitarla. ¿En qué? Porque no podemos ser madres biológicas de Jesucristo. Es verdad: sólo ella que concibió por la acción del Espíritu Santo. Pero sí podemos ser hermanos, hermanas y madre del Señor, como lo dijo él. En una ocasión Jesús estaba hablando a la gente y se presentaron su madre y sus familiares; uno le avisó: «“Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo”. Pero Jesús contestó al que le avisaba: “¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos?” Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”» (Mt 12, 46-50; Mc 3, 31-35; Lc.8, 19-21).

¿En qué podemos imitarla? En sus virtudes. «María es modelo extraordinario de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo, esto es, de aquella disposición interior con la que la Iglesia, esposa amadísima, estrechamente asociada a su Señor, lo invoca y por su medio rinde culto al Padre eterno (LG, 63). Levantemos los ojos a María, la cual brilla como modelo de virtud ante toda la comunidad cristiana (cf. LG, 65). Virtudes sólidas, evangélicas: la fe y la dócil aceptación de la Palabra de Dios(cf. Lc 1, 26-38; 1, 45; 11, 27-28; Jn 2, 5; la obediencia generosa (cf. Lc 1, 38); la humildad sencilla (cf. 1, 48); la caridad solícita (cf. Lc 1, 39-56); la sabiduría reflexiva (Lc 1, 29, 34; 2, 19, 33, 51); la piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de sus deberes religiosos (cf. Lc 2, 21-40-41; agradecida por los bienes recibidos (cf.1, 46-49); que ofrecen en el templo (cf.2, 22-24), que ora en la comunidad apostólica (cf. Hech 1, 12-14); la fortaleza en el destierro (Mt 2, 13-23); en el dolor (cf. Lc 2, 34-35. 49; Jn 19, 25); la pobreza llevada en dignidad y confianza en el Señor (cf. Lc1, 48; 2, 24); el vigilante cuidado hacia su Hijo desde la humildad de la cuna hasta la ignominia de la cruz (cf. Lc 2, 1-7; Jn 19, 25-27); la delicadeza provisora (cf. Jn 2, 1-11); la pureza virginal (cf. Mt 1, 18-25, Lc 1, 26-38); el fuerte y casto amor esponsal. De estas virtudes de la Madre se adornarán los hijos, que con tenaz propósito contemplan sus ejemplos para reproducirlos en la propia vida» (Pablo VI. Marialis Cultus, 57).

Os invito a leer estos textos y a meditarlos hasta hacerlos vida propia. Sobre ellos hago algunas anotaciones.

1. En la Anunciación, María está atenta a las intervenciones de Dios, oye sus intervenciones y colabora activamente con su SÍ, fiándose de él, aunque no comprenda el misterio.

2. En la Visitación, María manifiesta una fe activa por la caridad, comprometida con los demás. Va aprisa, no a paso de tortuga, a llevar lo que tiene: el fruto bendito de su vientre, la alegría, la dicha de vivir, y el servicio activo.

3. En Belén, María calla, adora y presenta a Jesús a todos los que allí se acercan. María contempla, escucha, medita e interioriza su fe.

4. En Nazaret, vive sencillamente de la fe, pero en contacto diario con el misterio de Dios.

5. En la peregrinación a Jerusalén, no rompe con Jesús nunca, aunque no comprenda, pero se fía.

6. En Caná de Galilea, allí manifiesta que su fe es sensible a las necesidades de los demás e intercede con confianza extrema ante su Hijo.

7. En la vida pública de Jesús, ella vive de la Palabra de Dios y la escucha poniéndola por obra; así forma parte de la familia de Dios.

8. En la cruz, momento doloroso y fecundo. Ofrece al Hijo y se ofrece con él. Se abre para acoger a todos los hombres, sus hijos para cuidarlos como madre. ¿La acogeremos nosotros en nuestra casa, en nuestra vida

9. En el Cenáculo: En aquella primera comunidad, ella es tenida en cuenta d manera especial, en medio de todos, sin responsabilidad, pero como modelo de fe, esperanza y caridad.

10. En la gloria, asunta a los cielos es la mujer vestida del sol del Resucitado, la luna bajo sus pies, vencedora del mal por la gracia del Señor y coronada de doce estrellas sobre su cabeza, como figura y primicia del nuevo pueblo de Dios, de la Iglesia que será vencedora sobre el mal y la muerte con Cristo, coronada porque reina con Cristo, y allí es signo de consuelo y de firme esperanza.

Amemos, honremos, invoquemos e imitemos a María, madre de Jesucristo, de todos los hombres y Madre nuestra. Vivamos como hijos de tal Madre.

+ Manuel Herrero Fernández, OSA.

Obispo de Palencia

Mons. Manuel Herrero Fernández
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Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA, nació el 17 de enero de 1947 en Serdio-Val de San Vicente, (Cantabria). Ingresó en el Seminario Menor “San Agustín” de Palencia. Estudió Filosofía y Teología en el Monasterio Agustino de “Santa María de la Vid” (Burgos), en el “Estudio Teológico Agustiniano” de Valladolid y en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Obtuvo el Bachillerato en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) y la Licenciatura en Teología Pastoral por la Universidad Pontificia de Salamanca, sede de Madrid. Hizo Profesión Solemne el 25 de octubre de 1967, siendo miembro de la Orden Agustina, Provincia del “Santísimo Nombre de Jesús de España”. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1970, por el entonces Obispo de Palencia, Mons. Anastasio Granados. Ha desempeñado los siguientes cargos: • Formador en el Colegio Seminario Agustino de Palencia. • En Madrid: Director Espiritual del “Colegio Nuestra Sra. del Buen Consejo”; Párroco de “Ntra. Sra. de la Esperanza”; Delegado del Vicario de Religiosas; Prior de la Comunidad de “Santa Ana y La Esperanza”; Arcipreste de “Ntra. Sra. de la Merced”; Profesor de Pastoral en los Centros Teológicos agustinos de El Escorial y de Los Negrales; Vicario Parroquial de “San Manuel y San Benito”. • En Santander: Primer Párroco de “San Agustín”; Delegado Episcopal de “Caritas y Acción Social”; Profesor del Seminario Diocesano de Monte Corbán; Delegado Episcopal de Vida Consagrada; Vicario General de Pastoral; Párroco de “San Agustín”; del 22 de diciembre de 2014 hasta el 30 de mayo de 2015 Administrador Diocesano de Santander durante la sede vacante; Profesor del Instituto Teológico de Monte Corbán, Vicario General y Moderador de la curia de la diócesis desde 2002, y párroco de “Ntra. Sra. del Carmen” desde 2014. El 26 de abril de 2016 fue nombrado Obispo de Palencia por el Papa Francisco y el 18 de junio del mismo año fue ordenado Obispo e inició su Ministerio Episcopal en la Sede palentina.