Este viernes «Solidarios por un bien común» muestra el rostro de los menores en riesgo de exclusión

(Trece TV)

“Es fundamental sentirse amado” dice la hermana Carmen. Una afirmación que tiene aún más sentido en el caso de los niños y niñas. Los hijos de padres sin recursos tienen el doble de posibilidades de llegar a adultos bajo el umbral de la pobreza. Para que esta cadena no se siga perpetuando, y para brindar oportunidades a miles de menores, la Iglesia trabaja en más de cuatrocientos centros y atiende a  sesenta y cuatro mil personas. De ellos hablamos mañana (21.30H) en TRECE en una nueva entrega de “Solidarios por un bien común”.

El reportaje de Laura Negro y David Encinas nos muestra la labor del Hogar de Nazaret, un centro para familias necesitadas en Sevilla. La hermana Sandra y la hermana Carmen nos cuentan la historia que hay detrás de cada uno de los trece menores que hoy duermen en este hogar. Historias como la de Teresa, que tuvo que dejar su trabajo en el campo para atender a sus hijos y llegó a Nazaret cuando estos tenían 4 y 2 años. O como la de Raquel que, tras quedarse embarazada de su segundo bebé, pensó en abortar y pidió a Dios una señal. “Él me trajo a Nazaret para que mi hija naciera en Belén”, cuenta a las cámaras de TRECE. Y es que, precisamente Belén es el nombre del proyecto que el Hogar de Nazaret tiene en marcha para atender a mujeres embarazadas sin ninguna red de apoyo.

Ocho de cada diez familias monoparentales están encabezadas por mujeres como Loli que tras el nacimiento con Síndrome de Down de su hijo Jesús, vio como su pareja se marchaba porque no era capaz de asumirlo. A todas estas mujeres y a sus hijos, la Hermana Carmen brinda su “amor incondicional”. “De pequeña quería una mesa con muchos niños, y Dios me lo ha concedido”, afirma.

De Sevilla, TRECE se traslada a la provincia de Córdoba para charlar con Manuel Jiménez, sacerdote del Hogar de Nazaret que encabeza un proyecto de apoyo familiar en Puente Genil. “Acompañamos a los menores y brindamos a los padres la ayuda que necesitan”. Los vecinos del Barrio Poeta Juan Rejano viven en una autentica situación de precariedad, “algunos se ganan la vida con la chatarra”, cuenta una de las vecinas, mientras que otras se quejan de la falta de higiene en la zona.

El Padre Manuel asegura que a todos los niños del barrio intenta trasmitirles “los valores del respeto, el trabajo, el amor, la humildad, porque es la forma de salir de la pobreza”. El Padre Damián que colabora con las actividades para menores señala que “intentamos inculcarles la importancia del esfuerzo, porque muchos de ellos no van a poder tener el apoyo de sus padres para salir adelante”. Y cuando eso se produce, explica Manuel “lo más bonito es ver como van superando las dificultades, es el mayor gozo de esta vida con ellos”.

 

 

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