«Retorno a la normalidad en nuestras iglesias»

Queridos diocesanos:

El mes de mayo nos ha traído una buena noticia: Se están dando ya los primeros pasos de la deseada “normalidad” que ponga final a la cuarentena que desencadenó la crisis del coronavirus SARS-CoV-2 a mediados del pasado marzo. Se reanudan actividades y se abren de nuevo centros sociales y comerciales, y lo que es muy importante para los fieles católicos y los creyentes de otras confesiones cristianas y religiosas: la apertura de iglesias, capillas y otros lugares de culto. Afortunadamente estos locales, necesarios para celebrar y alimentar la fe y fortalecer la vida cristiana -me refiero especialmente a las parroquias pero sin olvidar las restantes iglesias comenzando por la catedral- volverán a ser el espacio familiar de las distintas comunidades.

La primera consideración que deseo compartir con vosotros es el carácter religioso y transcendente de los mencionados lugares. Para nosotros las iglesias y capillas tienen un significado no meramente práctico o funcional sino simbólico y santo en cuanto son representativas de la comunidad de los creyentes en Cristo que “como piedras vivas” hemos entrado “en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pe 2,5).

Las necesitamos también para garantizar el desarrollo normal de las celebraciones y otros actos de formación cristiana y de cultivo de la fe, atendiendo así mismo a la seguridad, la salud y el bienestar de todos los participantes. Sin olvidar nunca cuanto acabo de mencionar, hemos de estar atentos a los factores condicionantes de los lugares de culto y de actividad pastoral como la temperatura, la humedad, la limpieza, etc., informados en estos momentos de las fases de la “desescalada” cuya finalidad es asegurar que no se dé un retroceso en el avance realizado.

En este sentido y como no se puede descartar un posible repunte de la situación pasada, la autoridad competente prolonga todavía el “estado de alarma” y de excepción siendo indispensable que todos, comenzando por los responsables de las parroquias y comunidades, mantengamos la vigilancia y la tensión necesarias como ciudadanos y fieles cristianos.

Confiando, pues, en la prudencia y en responsabilidad de cada uno permitidme recordaros también que estamos en el tiempo pascual y en el mes de mayo, el “mes de las flores” tradicionalmente dedicado a la Santísima Virgen María. No dejéis de visitarla en sus incontables iglesias y ermitas. Con palabras del papa san Pablo VI: Al acercarse el mes de mayo… es muy grata y consoladora esta práctica tan honrosa para la Virgen y tan rica de frutos espirituales para el pueblo cristiano. Porque María es siempre camino que conduce a Cristo”  (Encíclica “Mense Maio”, a. 1965).

Que Santa María nos ayude a todos a entrar en la normalidad y confianza de nuestra vida ordinaria presidida por la fe, la alegría y el amor cristiano:

 

+Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella