Diario de un pastor ante el Covid-19

FRATERNIDAD Y SOLIDARIDAD EN LA ADVERSIDAD

La humanidad se debate sobre dos interrogantes bíblicos: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4,9). “¿Y quién es mi prójimo?” (Lc 10, 29ss). Hasta hace muy poco la llamada sociedad o estado del bienestar estaba centrada en un individualismo feroz que de alguna manera consagraba la máxima latina de Plauto: “El hombre es un lobo para el hombre” (Homo homini lupsus) y que Hobbes en el siglo XVII popularizo presentando el egoísmo como base del comportamiento humano.

Pero de pronto, con la llegada de la pandemia del Covid-19 se pone en crisis el modelo de desarrollo que había hasta ahora y como dice el Papa Francisco: “Nos damos cuenta de que estamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos” (Vaticano 27.3.2020). Surgen pues, las respuestas a las cuestiones planteadas: únicamente superaremos esta plaga recuperando la fraternidad entre los hermanos y la solidaridad con el prójimo, ellos son los anticuerpos sociales del coronavirus. Sin estos dos principios, la vida personal es insoportable y la decadencia de la sociedad es inevitable.

Esta pandemia está causando entre otros muchos males, una desestabilización existencial que está fuera del alcance de la ciencia, de la técnica, de la política y del sistema terapéutico. Además, de buscar medicamentos y vacunas, también es necesario recomponer a la persona interiormente ayudándole a asumir la realidad de que somos seres menesterosos e interdependientes y necesitamos la ayuda divina.

Así resulta que nos aislamos unos de otros como defensa frente a los contagios del virus, pero echamos de menos al hermano, al prójimo. Es decir, a nuestros seres queridos, a los amigos, a los compañeros y crecemos en deseos de vivir con los demás. Notamos la ausencia de la presencia física, las historias de cada día, los abrazos y besos como expresiones máximas de que estamos vivos y que nos necesitamos. Esto sucede, porque percibimos con mucha mayor evidencia que tenemos una naturaleza común, un mismo origen y destino. En definitiva, somos hermanos universales.

También esta crisis está sirviendo para ampliar nuestra percepción de lo que es el prójimo, que no es solamente mi compatriota, sino todo hombre, sin límite de raza, religión, clase social e ideología. Al que me debo aproximar respetando su dignidad, libre de intereses partidistas y ofreciendo el bálsamo del amor (cf. Lc 10,25-37).

El sentido de fraternidad y solidaridad se ha dejado sentir entre los españoles en estos dos meses que llevamos de confinamiento y leve desescalada. Son muchos los ejemplos que tenemos, que van desde la generosa entrega del personal sanitario, seguido de todos aquellos colectivos profesionales que son apoyos imprescindibles para frenar la epidemia, como es el caso de las actuaciones de las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Además, esta catástrofe mundial está suscitando una oleada de compasión y voluntariado. Las organizaciones no gubernamentales se han unido a la lucha contra esta nueva plaga. La Iglesia Católica desde el primer momento ha tenido un papel muy activo, queriendo estar al lado de los españoles, sobre todo junto a los más vulnerables.

Pastores y fieles trabajan unidos en los diversos frentes de esta guerra contra el coronavirus. Lo hacen desde su fe en Jesucristo, mediante la oración, la plegaria por los enfermos y el sufragio por los difuntos, por las palabras de consuelo, los auxilios espirituales y el servicio samaritano. También a muchos de ellos les han llegado el contagio y se cuentan más de un centenar los sacerdotes, religiosos y religiosas que han fallecido. Se vaciaron los templos, pero la Iglesia está más viva que antes.

De las asambleas cristinas presenciales hemos pasado de golpe a una Iglesia digital donde la rica creatividad en las redes está revelando el celo apostólico que hay en “nuestras bodegas interiores”. Eso mismo, lo muestra la eficaz labor de Caritas y de otras instituciones que están haciendo que la fraternidad y la solidaridad sean una realidad medicinal que sane el alma dolorida de esta humanidad caída.

 

 

+ Juan del Río Martín

Arzobispo Castrense de España

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma. Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla. Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana. CARGOS PASTORALES En los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992). El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año. El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".