La alegría de las comunidades por la Misa reencontrada

Los fieles inician a acudir a la Misa (ANSA)

Si se pregunta a los párrocos y a los fieles de toda Italia cuál es el sentimiento predominante que acompaña la reapertura de las celebraciones de la misa al pueblo de Dios, la respuesta es sólo una: una inmensa alegría unida a una nueva esperanza.

Reiniciar un camino interrumpido

El viaje para conocer el estado de ánimo de las comunidades eclesiales de base en la víspera – el domingo 17 de mayo – de un acontecimiento que después de meses de cuarentena parecía no llegar nunca, parte de Fano, una ciudad de poco más de sesenta mil almas en la provincia de Pesaro-Urbino. Al frente de la parroquia dedicada a San Pablo, está el padre Francesco Pierpaoli, que explica con palabras sencillas lo que habita en el corazón de sus feligreses, que conoce uno a uno, como sólo un buen pastor sabe hacer: «Hay alegría y entusiasmo por iniciar un nuevo camino. En nuestros corazones, la esperanza nunca se ha borrado y es por eso que gradual y prudentemente volvemos a ser una comunidad». En el aviso colocado en la puerta de la iglesia con el que se explican las reglas para acercarse con seguridad a la celebración eucarística, p. Francesco quiso subrayar, con las palabras del Evangelio, que no debemos perder lo bueno que la pandemia nos ha obligado a saborear de nuevo: la familia como pequeña iglesia doméstica. «Escribí, citando a Jesús: donde dos o tres están reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos. Porque no quisiera que con la vuelta a la normalidad olvidáramos la riqueza que hemos redescubierto al volver a practicar la oración en familia».

Volver a ser una Iglesia en salida

En Ercolano, un municipio de la ciudad metropolitana de Nápoles, el p.  Pasquale Incoronato divide incluso su tiempo entre dos parroquias: la de Santa María del Pilar y la del Santissimo Salvatore. Dos comunidades, el mismo sentimiento: felicidad y gratitud. «Con coraje – dice – ahora debemos volver a ser verdaderamente ‘Iglesia en salida’. Quedarse en casa ha hecho que todos nos volvamos un poco perezosos. Ahora ha llegado el momento de volver a encontrarnos para celebrar el Misterio de la Vida, sin perder la riqueza que esta situación nos ha dado a pesar de todo; como haber habitado espacios, también virtuales, que tal vez antes fueron abandonados por la fe». En la inminente reanudación de las celebraciones públicas, el padre Pasquale no dejó de lado a su rebaño: «He creado un grupo de personas que se encargará de la acogida. Tenemos todo lo que necesitamos: geles, máscaras, guantes. Se han colocado todos los carteles de entrada y salida en las iglesias y hemos destacado los lugares disponibles en los bancos. Este es el trabajo que los feligreses han hecho juntos, compactando así también la misma comunidad».

Vivir la fraternidad concretamente

También los feligreses de Liverano, en la diócesis de Brindisi-Ostuni, están en sintonía con el pensamiento de su párroco, Antonio Valentino, cuando afirma que hay una ferviente expectativa de volver a ser una comunidad verdaderamente viva en torno a la celebración de la Eucaristía: «No hay navegantes solitarios, en la fe. Dios – nos recuerda el Concilio Vaticano II – quiso salvarnos como pueblo; está en el origen de nuestra fe, en la Alianza que Dios ha estipulado definitivamente en Cristo. La fraternidad es esencial para la fe». Pero después de esta larga cuarentena, ¿la gente lista para volver a misa serán muchos más que antes? Ante esta pregunta el padre Antonio suspira, hace una pausa, y luego responde: «Siendo realistas creo que en la primera fase, un poco de temor, el miedo prevalecerá. Pero lentamente habrá una normalización. ¡Pero siempre con la novedad que impone el Evangelio!”.

 

 

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