“Habrá un antes y un después en la catequesis, tras la pandemia”

Durante estos meses de confinamiento, el Delegado episcopal de Catequesis en la diócesis de Oviedo, Manuel Alonso, convirtió su propio despacho en un improvisado escenario y su móvil en una cámara de vídeo, con el objetivo de comunicarse a diario con niños, no solo asturianos, sino de cualquier punto de España y del mundo. El resultado fueron unas “catequesis virtuales” breves, que se retransmitieron en directo a través del perfil de Facebook de la Delegación, todos los días a las doce del mediodía.

Una iniciativa que surgió de la propuesta de varias familias, ante el gran número de horas que los niños pasaban en casa con poca actividad. “Las familias respondieron muy positivamente, y todos los días teníamos alrededor de 120 visualizaciones, por lo que podríamos estar hablando de unas 480 personas aproximadamente”, explica el propio Delegado.

El objetivo era “hacer un momento de parada cada día para dedicárselo al Señor e incidir en que todo lo que hacíamos en nuestra jornada, podía estar traspasado de la memoria de Jesús”. Eran, en realidad, gestos tan sencillos como comenzar con una oración (al principio el Ángelus, ya en Pascua el Regina Caeli), y después incidir en algún punto catequético relacionado con el momento actual, como el dolor, la enfermedad, la Semana Santa, la Cuaresma, la familia, los abuelos, etc.

Las catequesis virtuales han finalizado ya, porque aunque la iniciativa fue muy bien acogida, “las catequesis deben ser un encuentro personal con aquellos que se acercan hasta nuestras comunidades, por lo que el peso lo deben llevar las comunidades parroquiales, asociaciones de fieles o movimientos laicales”, explica Manuel Alonso. “La Delegación puede ayudar de forma subsidiaria a donde no lleguen otros estamentos de la diócesis, y estamos abiertos a propuestas para poder acompañar el camino catequético que, necesariamente, al menos por ahora, va a ser distinto”.
Y es que, con este momento de emergencia sanitaria que estamos viviendo, el Delegado episcopal de Catequesis está convencido de que “nuestra forma de dar catequesis irá evolucionando. Esta pandemia ha supuesto un antes y un después en muchos aspectos. Hacemos grandes esfuerzos, por ejemplo, por traer a nuestra parroquia a una persona que nos dé una charla o testimonio, pero ahora hemos caído en la cuenta de que es posible hacer lo mismo y llegar a miles de personas con un clic, por lo que se nos abren oportunidades que antes desconocíamos. El otro día, por ejemplo, participé en una conferencia organizada por la Archidiócesis de Toledo, junto con otras 400 personas. ¿Por qué no pensar en este tipo de eventos para algunas de nuestras propuestas diocesanas?”.

Durante este tiempo de confinamiento, en las catequesis, Manuel Alonso aprovechó para entrevistar virtualmente a personas como la ilustradora María Olguín, o a sacerdotes que compartieron su testimonio de fe. “Queríamos que los niños y sus familias vieran que la Iglesia es algo más grande que mi parroquia o mi casa”.

Los niños, sin Primera Comunión

Una de las preocupaciones que comenzaron a asaltar a sacerdotes, catequistas y familias al comenzar el confinamiento fue ¿Qué va a pasar con las Primeras Comuniones?. El Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz, comunicó a las parroquias que serían ellas quienes, junto con padres y catequistas, fijaran la fecha de la celebración de este sacramento. Ante esta eventualidad, Manuel Alonso sugiere a los más pequeños en esta situación que “el Señor, de esta demora en recibirle, puede querer hacernos entender algo más grande. Tal vez se avive en el corazón de los que van a recibir a Jesús por primera vez un deseo mayor de comulgar”. Por otro lado, añade, “es el momento de vivir este tiempo de espera del Señor como tiempo de oración y de aprender, junto a nuestras familias y catequistas, el significado profundo de este sacramento”.

Finalmente, a los catequistas, les propone “un consejo, desde la humildad”, y es que “intensifiquen su relación con esas tres personas que suelo decir que son fundamentales en nuestra vida: Dios, los demás, y nuestra propia persona”. “Puede ser un tiempo –incide– de cuidar nuestros deseos e inquietudes, nuestro tiempo de oración e incluso las preguntas fundamentales que nos han llevado a plantearnos ser catequistas en el pasado”. En relación con los demás, sugiere que puede ser un tiempo propicio para dedicar a los otros “a través, por ejemplo, de otras realidades eclesiales como Cáritas parroquiales, Cocina Económica, Ayuda a la Iglesia Necesitada, etc.”. Y por último “pero no menos importante”, es “la relación con Dios, que podríamos llevar a cabo intensificando la oración y cuidando los sacramentos, especialmente la confesión y eucaristía”.

(Iglesia en Asturias)

Agencia SIC
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