Recuperar la vida eclesial

Desde el pasado lunes se pueden celebrar los sacramentos con la participación de los fieles en la mayoría de las parroquias de nuestra diócesis. Es el primer paso de un camino que durará algún tiempo y que debe conducir a la recuperación de la vida eclesial. Durante estos meses hemos alimentado la fe confinados en nuestras casas dedicando tiempo a la oración y la lectura espiritual, y siguiendo las celebraciones a través de los medios de comunicación social o las nuevas tecnologías.

Sin embargo, somos conscientes de que esto no puede convertirse en algo habitual. La fe cristiana tiene una estructura sacramental y eso significa que no se puede vivir plenamente de un modo virtual: Cristo resucitado se acerca a cada uno de nosotros y nos ofrece su gracia en los sacramentos instituidos por Él. La fe se mantiene viva en el encuentro sacramental en el que el Señor llega a nuestra vida y la transforma. La fe viva que salva necesita el alimento de los sacramentos para no morir. Sabemos que debemos tomar algunas medidas sanitarias para evitar que nuestros templos sean foco de contagio para los asistentes y sus familias y que, mientras no se clarifique la situación sanitaria, puede ser conveniente que las personas que, por su edad o salud, están en situación de riesgo todavía no vayan a las iglesias. Os invito a que, teniendo en cuenta estos criterios, cada cual decida en qué momento puede incorporarse a las celebraciones litúrgicas. El decreto de dispensa del precepto de asistir a la Eucaristía los domingos y fiestas de precepto continúa vigente.

Si el encuentro sacramental con Cristo es necesario para que la fe se mantenga viva, no lo es menos el encuentro con la comunidad cristiana. La escucha común de la Palabra de Dios, la participación del mismo Cuerpo de Cristo, la oración de unos por los otros, el testimonio mutuo de perseverar en la fe y el vínculo de caridad que crea entre nosotros la fe que compartimos, es lo que construye día a día la Iglesia. Ciertamente se nos pide que observemos unas normas de distanciamiento físico y que tengamos en cuenta algunos detalles de la celebración: la supresión del signo de la paz y ciertas precauciones a la hora de acercarse a recibir el Cuerpo de Cristo. Que estos detalles de distanciamiento físico no creen barreras de distanciamiento social entre nosotros y que el sentimiento de pertenecer a la Iglesia salga fortalecido de esta situación.

Estos meses no hemos podido celebrar las exequias de los hermanos y hermanas en la fe que han completado su peregrinación por este mundo y han sido llamados por Dios. Esta situación ha sido doblemente dolorosa para las familias, que además del sufrimiento de la separación de un ser querido, han experimentado el dolor de vivir esta circunstancia sin la compañía orante de los amigos y de la Iglesia. Es una herida que entre todos hemos de intentar sanar. Por ello, os quiero invitar a que, cuando sea posible, recéis por ellos celebrando la Eucaristía. El mejor homenaje que podemos dedicar a los difuntos es recordarlos ante el altar del Señor.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.