«Se han cerrado los templos pero la Iglesia ha permanecido abierta»

José A. Sánchez Herrera, uno de los vicarios generales de la Diócesis de Málaga, habla de la labor de la Iglesia, los sacerdotes y los seglares durante esta pandemia.

Estamos viviendo una situación totalmente nueva a nivel mundial ¿Cómo se está viviendo a nivel eclesial?

Buen cristiano y buen ciudadano, no se pueden separar. La Iglesia extendida por toda la tierra como buena madre cuida a todos sus hijos, con especial dedicación a los más frágiles, a los más vulnerables. Se han cerrado los templos pero la Iglesia ha permanecido abierta como esas fuentes públicas donde todos tienen derecho a beber como decía el Papa San Juan XXIII refiriéndose a la parroquia.

¿Está respondiendo adecuadamente la Diócesis de Málaga a las demandas que genera la nueva realidad social?

Desde antes incluso de la declaración del Estado de Alarma la Diócesis ha ido adaptando su acción pastoral a la nueva situación. La acción caritativa, catequética y litúrgica han ido y siguen dando respuesta a las necesidades que se han presentado y a los desafíos de todo tipo que la pandemia ha ido provocando.

¿Cómo va a ser la Iglesia tras el coronavirus?

La Iglesia no vive para sí misma, vive para el Señor, antes, durante y después de la pandemia la Iglesia quiere ser fiel al mandato de Jesús: “Id y evangelizad a todos los pueblos”. El Evangelio no cambia, cambian los destinatarios y los contextos. Habrá que tener muy en cuenta la realidad concreta y las necesidades y deseos de nuestros hermanos.

¿Qué valoración realiza de la atención que los sacerdotes están teniendo en este tiempo de pandemia?

Los sacerdotes a imagen de Cristo Buen Pastor han seguido caminando, animando y acompañando a sus respectivas comunidades. Han cuidado especialmente a los enfermos y a sus familias, han rezado y acompañado en condiciones muy delicadas a los difuntos y a los familiares, han colaborado con las cáritas y otras asociaciones eclesiales en atender las emergencias de los más pobres y de los nuevos pobres que la pandemia ha provocado, han celebrado la Eucaristía cada día sin fieles y muchos han usado los medios técnicos para que esa Eucaristía, adoración, rezo del Santo Rosario, etc., llegue a todos los hogares. No soy yo quien valora, son muchísimos los fieles que me hacen llegar su gratitud por los sacerdotes.

¿Qué nota le da a la labor de los seglares en este tiempo de confinamiento?

No soy yo quien pone las notas. El Señor que ve en lo escondido se lo recompensará. Con todo, los laicos se han volcado desde las plataformas eclesiales y desde otras plataformas para que el rumor de Dios se sienta, para que la luz de Jesús resplandezca. Las iniciativas a lo largo y ancho de la Diócesis de Málaga son muchas y muy buenas.

¿Qué diría a las personas que insisten en comulgar en la boca cuando las directrices diocesanas expresamente piden que se comulgue en la mano?

Aquello que San Ignacio enseñaba a los jóvenes de la Compañía de Jesús: “siervo humilde y solícito nunca se equivoca obedeciendo”. No es cuestión de gustos o disgustos es cuestión de salud.

Para las próximas semanas, ¿dónde pondría el acento a la hora de desarrollar la tarea pastoral?

El acento es la evangelización. Concretada en la vivencia de las bienaventuranzas y las obras de Misericordia. La prioridad no cambia: anunciar con hechos y palabras la alegría del Evangelio.

Mirando con algo de perspectiva… ¿ha cometido algún error nuestra diócesis en esta crisis? ¿Cuáles han sido los grandes aciertos?

No soy quien para hacer un juicio de valor sobre errores y aciertos de una realidad tan rica como es la Diócesis, no me corresponde. Lo que sí tengo en mi alma es un sentimiento de gratitud a tantos que están dando lo mejor de sí, católicos o no en estos momentos tan duros, también me golpea el corazón el dolor de tantos, muchos cercanos y los más desconocidos pero igualmente hermanos y junto al dolor y la gratitud, una fuerza que me mantiene y nos mantiene en pie. Jesús que constantemente nos recuerda: “Ánimo que yo he vencido al mundo”.

(Beatriz Lafuente, diócesis de Málaga)

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