Pascua del Enfermo en tiempo de pandemia

Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

El sexto Domingo de Pascua se celebra la Pascua del Enfermo. Así concluye la Campaña que comenzó el 11 de febrero, Jornada Mundial del Enfermo.

Los Obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y Promoción Humana han escrito un Mensaje en el que, partiendo de las palabras del Señor: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28), afirman: “La Campaña del Enfermo de este año está enmarcada en una pandemia que está siendo fuente de un gran sufrimiento. En un momento tan doloroso como el que estamos viviendo por el COVID-19, esta invitación de Cristo de acudir a él en busca de esperanza, de consuelo y alivio, resuena con más fuerza para que profundicemos en el misterio de su persona y participemos de su Pascua, de su muerte y resurrección. De este modo, podremos acompañar a cuantos sufren por esta pandemia con la esperanza que procede de Cristo resucitado”.

El Papa Francisco, en su Mensaje con ocasión de la Jornada del Enfermo, escribía que las palabras de Jesucristo nos “indican el camino misterioso de la gracia que se revela a los sencillos y que ofrece alivio a quienes están cansados y fatigados. Estas palabras expresan la solidaridad del Hijo del hombre, Jesucristo, ante una humanidad afligida y que sufre. ¡Cuántas personas padecen en el cuerpo y en el espíritu! Jesús dice a todos que acudan a Él, «venid a mí», y les promete alivio y consuelo”.

Los Obispos de la mencionada Comisión Episcopal continúan diciendo: “En estos días hemos sido testigos de la necesidad que tenemos todos de ser cuidados, de la mutua dependencia, de la necesidad de ser acompañados y consolados. En el camino nos hemos encontrado con muchos «buenos samaritanos», pero no podemos bajar la guardia pensando que el problema ya está solucionado. Hemos de mantenernos en ese impulso que, de manera sutil y secreta, el Espíritu Santo suscita en tantos corazones. La transmisión del virus, además de la enfermedad y la muerte de tantas personas conocidas y queridas, nos trae también nuevas situaciones de pobreza como consecuencia de la pérdida de muchos puestos de trabajo. Tocará acompañar otra soledad, no menos dolorosa” (nº 5).

Jesucristo no suprime el sufrimiento experimentado en la enfermedad. No lo cancela, ni lo difumina, ni lo edulcora, ni lo esconde. Lo carga sobre sus espaldas. Se acerca a los enfermos para atender sus peticiones, escuchar sus lamentos, acompañar su dolor y curar sus dolencias. Lleva el bálsamo del amor a los más recónditos espacios del cansancio y la soledad.

La Iglesia reconoce en los enfermos una especial presencia de Cristo doliente. Son la “carne” de Cristo sufriente. Cristo, por su encarnación, asumió nuestros dolores y enfermedades y en la cruz destruyó la soledad del sufrimiento e iluminó su oscuridad.

Si deseamos crecer en acompañamiento, en cercanía, en ternura, en caridad respetuosa y delicada, nuestro modelo es la Virgen María que está continuamente atenta a las necesidades y dificultades de toda la humanidad. María, animada por la divina misericordia, nos asegura en todo momento asistencia, sustento y compañía. Ella permanece al lado de nuestras cruces y nos acompaña en el camino de la Pascua hacia la resurrección y la vida plena.

Damos las gracias a todos los capellanes y a los demás sacerdotes, a las personas consagradas, al personal sanitario, a los agentes de pastoral de la salud por su testimonio y entrega. A través de ellos, el Señor continúa curando, acompañando, consolando, acogiendo y aliviando a los enfermos.

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+  Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.