La alegría de nuestras alegrías

El mes de mayo es celebrado en la religiosidad y devoción popular dedicado a la Madre de Dios. Como decía San Serafín de Sarov, el santo místico ruso, María, es “la alegría de mis alegrías”. San Juan de Ávila exclamaba: “Prefiero estar sin pellejo antes que sin devoción a la Virgen”. El Papa Francisco le ha llamado con ternura “mamá”.

En este mes de mayo tan lleno de esperanza e incertidumbres, donde vamos a comenzar a salir a la calle y a volver a contemplar el paisaje, el mar, recobrando tantas cosas que teníamos y que normalmente no valoramos. Como decía mi madre, sólo valoramos las cosas cuando las hemos perdido: la salud, la libertad, nuestros padres, los amigos. Ahora, cuando no hemos tenido facilidad para poder disfrutar lo que por estas fechas festejábamos, debemos valorar mucho más lo que tenemos.

Con María, nuestra madre, os pongo tres claves para vivir estos tiempos de vuelta a una “nueva normalidad”.  Podemos vivirlos con María, la mujer que se une a Dios en lo concreto.

1. Tiempo de escucha. La Virgen escucha al Ángel con los planes de Dios sobre Ella.
Unos planes desconcertantes, pero no traicioneros. Movido por el Amor. Cuenta el Señor con nosotros siempre. Escuchar es ponerse a disposición del que tiene siempre sobre nosotros proyectos de vida y Amor. Sin la escucha de la Palabra de Dios, sin un diálogo con la Trinidad, como María nos enseña, llegaremos poco lejos. La dimensión de diálogo con Dios, de la acogida es siempre la fecundidad de nuestra vida. La vida de la Virgen que se nos descubre en la Anunciación (cf. Lc 1, 26-35) está determinada por la atención al momento divino.

2. Tiempo de servir. Es curioso que, a María en Caná, por su dimensión contemplativa, no se le pasa una de lo que falta a la gente. Que faltase el vino en una boda era muy normal. Es más, muchos estarían deseosos de que llegase ese momento. Hay un dicho judío que dice que cuando se acaba el vino, se acabó la fiesta. Después de muchos días con invitados este gesto indicaba que había que volver a casa y dejar a los nuevos esposos y a la familia solos. Ella se da
cuenta de que se acaba el vino y la fiesta de la vida y lo que nos falta a nosotros es entender que Jesús sirve, acercándose a quien siempre tiene la solución y respuesta: “Haced lo que Él os diga”. Aquí en las bodas de Caná (cf. Juan 2) se ve en María que está muy atenta a la escucha, atención al momento humano, a Jesús.

3. Tiempo de sanar. Todas las heridas que ha dejado este tiempo, solo se sanan con la ternura del Corazón de Jesús y con el aceite del consuelo y de la esperanza. No acercarse a la gente herida en el camino de la vida y ayudarle con alma, vida y corazón sería un pecado de omisión. María nos recuerda que tenemos que entregar la vida como Ella, por Amor. Es tiempo de sanar. De curar heridas. Tiempo de saber que el amor es el “antídoto” más fuerte, que puede vencer al final el peor de los virus, que sería una vida sin sentido y sin esperanza, porque hemos arrancado a Dios de la sociedad y del corazón humano.

+ Francisco Cerro Chaves
Arzobispo de Toledo
Primado de España

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.