Covid-19. Iglesia de Canadá: la vulnerabilidad de las comunidades aborígenes

Un trabajador con mascarilla para ayudar a frenar la propagación de la enfermedad coronavirus en Canadá

La Iglesia católica canadiense llama a las comunidades indígenas y no indígenas a estar vigilantes y listos para que el período que se avecina de recuperación de la pandemia de Covid-19 “no sea un retorno a la normalidad, que ya estaba en crisis, sino la creación de una unidad nueva y reconciliada”. En un documento presentado por el Círculo de Nuestra Señora de Guadalupe, una coalición católica comprometida con la renovación y promoción de las relaciones entre la Iglesia Católica y los Pueblos Aborígenes de Canadá, los copresidentes Rosella Kinoshameg y monseñor Murray Chatlain, arzobispo de Keewatin-Le Pas, hacen una reflexión sobre los desafíos y oportunidades que se presentan a la sociedad canadiense para que este período de aislamiento físico por la pandemia, pueda ser un momento de cohesión social y solidaridad en este tiempo sin precedentes.

Aunque la institución católica reconoce que este período de aislamiento, “irónicamente”, ha sensibilizado a muchos sobre nuestra humanidad común y ha llamado a una mayor unidad y solidaridad, la crisis de COVID-19 también ha sacado a la luz muchos retazos de oscuridad que han sido tolerados y aceptados durante demasiado tiempo en la sociedad canadiense. “La pandemia – se lee en la nota – ha revelado la vulnerabilidad opresiva de muchas comunidades indígenas: comunidades que sufren de viviendas insuficientes y superpobladas, que no tienen agua potable, que no gozan de servicios comunitarios y de salud suficientes, así como una infraestructura poco confiable y más bien peligrosa que aumenta los temores de la comunidad”.

La carta abierta del Círculo de Nuestra Señora de Guadalupe advierte que si bien en algunas partes de Canadá se puede sentir que la amenaza del coronavirus se desvanece, no es lo mismo para quienes han sido abandonados a menudo, especialmente, en estos días en los que se requiere un compromiso más profundo y una resolución más firme hacia los más necesitados. “Durante esta crisis, exhortamos a las personas – dice la carta –a que se preocupen particularmente por la vulnerabilidad de las mujeres y los niños aborígenes” y recuerda que en una reciente investigación nacional ha revelado «la verdad» sobre las mujeres y niñas indígenas desaparecidas y asesinadas.

Luego de reafirmar que aquellos que han vivido bajo la amenaza de violencia experimentan una mayor vulnerabilidad durante este período de aislamiento, la coalición católica – compuesta por las comunidades aborígenes, obispos, sacerdotes, representantes de movimientos laicos y miembros de institutos de vida consagrada-, aboga por una mayor vigilancia por aquellos que están en prisión. “La indigenización de la población carcelaria de Canadá ha sido descrita como una parodia nacional, por ello, es imperativo que los gobiernos federales, provinciales, municipales y aborígenes desarrollen un plan de excarcelación que corrija las condiciones peligrosas en las cárceles y cuide la salud y la seguridad de los reclusos”- afirma.

La institución católica reconoce los numerosos actos de amor, expresiones de preocupación y compasión, que se han manifestado en este difícil momento. “Levantamos nuestras manos y corazones –se lee en la  misiva – para agradecer a los líderes aborígenes, profesionales de la salud y trabajadores comunitarios que continúan cuidando a los miembros enfermos, ancianos y vulnerables de la comunidad”. Por último, los copresidentes del Círculo agradecen también a los líderes espirituales, los poseedores de conocimientos, los ministros y los curanderos de las diferentes tradiciones indígenas que han trabajado juntos para ayudar a las personas y las comunidades a mantener su salud mental, física y espiritual.

 

 

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