Alarma de puertas abiertas

Hay alarmas que nos hacen prudentes y precavidos, y las hay que simplemente nos jalean, nos controlan y amedrentan. En un mundo como el que dibujaba el sociólogo Zigmund Bauman presentándolo como una “sociedad líquida” en la que no hay tierra firme sobre la que construir ni fundamentar nada que valga la pena y que pueda durar razonablemente, los estados de alarma empiezan a ser ambiguos por las distintas significaciones que se le pueden dar y las diversas manipulaciones de las que pueden ser objeto. Desde la significación más objetiva y aceptable, a la más torticeras y demagógica. La historia a corto plazo, nos retratará a todos los alarmados y a los alarmantes.

Pero ahí estamos en esta situación tan compleja, con tantas aristas y perspectivas, intentando hacer unos y otros lo mejor para colaborar en la superación de esta pandemia. Reiteramos con gusto nuestro más sincero agradecimiento a todas las personas que se incluyen por su actitud noble y hasta heroica en esta decidida batalla contra un mal pandémico. Damos gracias a Dios como comunidad cristiana porque la enfermedad generada por el virus vaya siendo controlada, y pueda iniciarse con reservas y precauciones, la recuperación de las actividades habituales de nuestra vida común en todos los ámbitos. Como Iglesia compartimos el dolor de los que se han visto tocados por la enfermedad y elevamos nuestra oración por todas las familias y sus seres queridos fallecidos, al tiempo que seguiremos impulsando el trabajo con las personas que se ven afectadas por la crisis económica y social que va generando los efectos de la pandemia y el confinamiento.

La Iglesia también quiere hacer este recorrido junto a toda la sociedad de la que forma parte, y a la que aporta en esta circunstancia su propia colaboración en primera fila, como los voluntarios y trabajadores de Cáritas, las distintas iniciativas sociales de los grupos cristianos, el testimonio comprometido de tantas religiosas y la labor de ayuda humana y espiritual de nuestros sacerdotes. Con respeto vamos secundando las indicaciones que las autoridades sanitarias nos van dando, preocupados muchas veces por la improvisación y cuando no se aportan todos los datos que pueden arrojar luz real a esta problemática difícil y complicada. Pero no por ello dejamos de colaborar responsablemente con quienes desde su competencia de gobernanza nos indican de modo vinculante por dónde debemos caminar todos juntos. Ahí estamos nosotros también.

Dentro de las fases que se han establecido en esta atenuación progresiva de las restricciones que ha impuesto el reciclado estado de alarma, nuestras iglesias y locales parroquiales forman parte de los espacios que paulatinamente se van a ir abriendo. No son establecimientos comerciales sino espacios para la esperanza en donde las personas necesitamos acudir para seguir nutriendo nuestra fe y recibir el auxilio de las gracias divinas a través de la oración, los sacramentos y la expresión litúrgica comunitaria.

Veremos cómo esas fases van evolucionando en Asturias, al estar en una región donde el impacto de la pandemia ha sido inferior que la media de España, por su enclave geográfico, la buena gestión de nuestras autoridades sanitarias y políticas, y la responsable colaboración de toda la ciudadanía. Ahora toca reabrir también nuestras iglesias para ir recuperando poco a poco el ritmo de nuestras celebraciones y actividades parroquiales. A este fin, publicamos las orientaciones concretas y detalladas para estas fases que se inician ahora. Ojalá que ayuden a toda comunidad cristiana y a la sociedad en la que estamos, para ir entre todos superando con la ayuda de Dios esta situación de prueba y desafío que sufrimos con la pandemia. La palabra última tiene color esperanza cuando es Dios quien se la reserva para ponerla en nuestro corazón y nuestras manos.

+ Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

Mons. Jesús Sanz
Acerca de Mons. Jesús Sanz 403 Articles
Mons. Jesús Sanz Montes nació en Madrid el 18 de enero de 1955. Ingresa en el Seminario Conciliar de Toledo en 1975 donde realiza los estudios institucionales teológicos (1975-1981). En 1981 ingresa en la Orden Franciscana, haciendo su profesión solemne el 14 de septiembre de 1985 en Toledo. Es ordenado sacerdote el 20 de septiembre de 1986 en Alcorcón (Madrid). El 14 de diciembre de 2003 es ordenado obispo en la Catedral de Huesca. En la actualidad es Arzobispo de Oviedo y Presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal Española.