¡Creo en la Santa Madre Iglesia Católica!

En una sesión de formación sobre el credo, después de comentar la afirmación “creo en la Iglesia Católica”, algunos de los participantes intervinieron para manifestar que en algunos momentos resulta difícil creer en la Iglesia. Algunos grupos de creyentes contemplan la Iglesia como un obstáculo para creer en Jesucristo, más que como una posibilidad de estar en comunión y confiar en ella. No se trata de una cuestión surgida ahora. Ha existido siempre, pero hoy, por los hechos que todos conocemos –como la pederastia, las divisiones internas, las dificultades para responder a los nuevos retos que se nos plantean– aparece la desconfianza. Como muestra de ello, reproduzco aquí algunas expresiones: “Creo, pero no en la Iglesia”; “hay que derribar la Iglesia para edificarla de nuevo”; “yo ya me entiendo con Dios mismo”; “espiritualidad, sí; religión y catolicismo, no”; “la Iglesia ha traicionado a su fundador y sus orígenes”…

Debemos tener en cuenta que, precisamente en este tiempo pascual, las primeras lecturas de las celebraciones son del libro de los Hechos del Apóstoles, que muestra como la Iglesia continúa la misión de Jesucristo entre las dificultades externas e internas. Se nos invita a contemplar como las comunidades cristianas cumplen la misión confiada por el Señor.

Además, en este quinto domingo de Pascua, el apóstol San Pedro escribe en su carta que “Jesús es la piedra angular y que los cristianos son piedras vivas, pueblo escogido, pueblo sacerdotal, nación sagrada, posesión personal de Dios”. Es el contraste entre estas notas sobre la Iglesia y su realidad lo que a menudo puede llevar a la desconfianza.

¿Quién ha deseado la Iglesia? Simple y llanamente: ¡Nuestro Señor Jesucristo! Se ha especulado sobre en qué momentos explícitos se produjo su “fundación”, como si se tratara de un acto jurídico. Ciertamente, encontramos en los evangelios unos momentos significativos, como la invitación a la conversión y a la fe; el llamamiento y misión de los doce apóstoles; el encargo a Pedro de ser la piedra angular –y de ahí su nuevo nombre–; la institución de la Eucaristía y de hacer el memorial de entrega –como en la Última Cena–; la reanimación después de la resurrección de la fe de los discípulos y del grupo; la venida del Espíritu… Por lo tanto, es la consecuencia de la vida, muerte y resurrección de Cristo, de su misión salvadora, que tenía que continuar a lo largo de la historia humana. Por eso la Iglesia nace de la Pascua de Cristo, quien, para realizar su misión de salvación, ha querido que existiese la Iglesia. Esto no significa que Cristo estableciera todos los aspectos institucionales que la Iglesia, con la inspiración del Espíritu y la sabiduría de los maestros y santos, ha desarrollado a los largo de los siglos.

El Concilio Vaticano II expresó magníficamente que la Iglesia es de Dios y de los hombres: “Es la multitud, el pueblo, reunida en el Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

La Iglesia es de Dios, y por eso es santa; pero es de los hombres, y por eso es a la vez pecadora. Todo el Pueblo de Dios somos pecadores, con más o menos responsabilidad. Todos necesitamos la salvación.

Y así, del mismo modo que somos conscientes de nuestras flaquezas y pecados, también debemos ser conscientes de los hechos indicadores de que el Evangelio continúa vivo.

No podemos volver a inventar a Cristo en cada generación, como tampoco reinventamos los sacramentos ni los evangelios. En cada generación podemos encontrarnos con el Cristo, con los evangelios y los sacramentos gracias a la Iglesia.

¡Creo en la Iglesia santa y pecadora!

Mons. Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.