Ida al padre

En la celebración de la Eucaristía de los domingos del tiempo de Pascua que preceden a la solemnidad de la Ascensión del Señor, escuchamos cada año algunos fragmentos del Discurso de despedida que Jesús dirigió a sus discípulos durante la última Cena, y que nos ha transmitido el evangelista san Juan. Son unas palabras que en la estructura cronológica del Evangelio están pronunciadas antes de la pasión y constituyen una exhortación para que en el momento de la prueba no dejen de confiar en Dios y en el mismo Jesús. Sin embargo, no hay que olvidar que la redacción del texto es posterior a la resurrección, cuando los apóstoles ya han entendido plenamente el sentido de estas palabras del Maestro y de su muerte. Para ellos la cruz no era ya el final dramático de la vida del Señor, sino que la veían como la ida al Padre, al lugar a donde quiere llevarnos también a nosotros. Estas palabras, escuchadas en el tiempo pascual son una invitación a mirar su vida, no desde la perspectiva de la inmediatez de los acontecimientos dramáticos de la Cruz, sino desde la mirada esperanzada de la Resurrección. Solo ella nos da la luz para entender el conjunto del camino de Jesús.

Jesús comienza su discurso exhortando a los discípulos a creer para no perder la paz: “No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí” (Jn 14, 1). Esta invitación también va dirigida a los creyentes de todos los tiempos, porque nos da el criterio fundamental para discernir la profundidad de nuestra vida cristiana. En nuestra historia personal experimentamos situaciones que ponen a prueba la fe, que nos pueden llevar a desconfiar de Dios y a que se turbe nuestro corazón. Si en estos momentos perdemos la paz tal vez se deba a que en las dificultades nos encerramos en nosotros mismos y apartamos la mirada de la meta a la que Cristo nos quiere llevar y que ilumina toda la vida: “os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros” (Jn 14, 3).

Jesús nos invita también a no alejarnos del camino que nos conduce a esta meta, que no es otro que su propia persona: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14, 6). El Señor no se ha contentado con revelarnos la meta a la que nos quiere conducir, sino que nos ha indicado también el modo de llegar, que no es otro que compartir su misma vida. Él mismo, que nos ofrece su amistad y quiere llevarnos a donde Él ha ido, se ha hecho camino para que lleguemos más fácilmente a Dios. Si en las dificultades sentimos que se turba nuestro corazón tal vez nos tendremos que preguntar si no hemos apartado la mirada del único camino que nos puede llevar a la verdadera vida.

Este año estamos celebrando la Pascua en unas circunstancias excepcionales, desconocidas para nuestra generación. Muchos logros de la civilización del progreso, de la ciencia y de la técnica se han desvanecido. Repentinamente hemos experimentado la fragilidad y el temor se ha instalado en el corazón de muchas personas. Que la celebración de la Pascua nos lleve a valorar los acontecimientos de tal modo que no perdamos la paz que nos da Cristo resucitado.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
Acerca de Mons. Enrique Benavent Vidal 190 Articles
Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.