Las diócesis españolas suspenden las primeras comuniones

(Diócesis de Ciudad Real)

Arzobispado de Valencia

«El Arzobispado de Valencia ha enviado hoy un comunicado en el que informa de la necesidad de posponer la celebración de las Primeras Comuniones y Confirmaciones, a los meses de septiembre y octubre, dadas las circunstancias actuales de emergencia sanitaria.

El comunicado explica que ante las numerosas preguntas que llegan al Arzobispado, tanto de párrocos, como de padres y todos los colectivos relacionados con estas celebraciones, “en primer lugar, señalar que todos -sacerdotes, padres, distintos profesionales involucrados en esta cuestión- estamos sujetos a las directrices que nos den las autoridades gubernativas y sanitarias, las cuales, como se viene observando, pueden ir variando según la evolución de esta pandemia”.

Y añade que «como consecuencia inmediata y dadas las circunstancias actuales, manifestamos que lo más prudente es posponer la celebración de las Primeras Comuniones y Confirmaciones a los meses de septiembre y octubre».

No obstante, estas indicaciones de cambios de fechas atenderán siempre a la evolución del estado de alerta y emergencia sanitaria, asegurando que «en todo caso, durante el mes de julio, atenderemos a lo que las autoridades gubernativas y sanitarias digan sobre la posibilidad de la reunión de muchas personas juntas durante los meses de septiembre y octubre, pues a nadie se le escapa, que normalmente con ocasión de dichas celebraciones sacramentales, se suelen congregar muchos fieles».

Respecto a las celebraciones programadas se mantiene la recomendación del aplazamiento, y «manifestamos que lo más prudente es posponer estas celebraciones» que estaban programadas en mayo, junio o julio del presente año, y, de igual manera, el Arzobispado expresa que «siempre es recomendable la sobriedad en dichas celebraciones, más si cabe en estos momentos de dificultad».

Arzobispado de Valencia

 

Diócesis de Vitoria

«El Obispado propone trasladar las Primeras Comuniones de mayo a septiembre.

Esta mañana, el Vicario General enviaba una misiva a párrocos, catequistas y colegios sobre esta propuesta del Obispado. La compartimos:

Diócesis de Vitoria

 

Diócesis de Almería

«Queridos sacerdotes y diocesanos, queridos hermanos y hermanas:

Algunos sacerdotes se encuentran preocupados por la incertidumbre que provoca la actual situación con relación a la dispensación de los sacramentos a los fieles, sobre todo por lo que se refiere a la celebración de las primeras Comuniones hasta ahora suspendidas. También hay preocupación por la administración de la Confirmación, y por la administración de los sacramentos de la Iniciación cristiana de los catecúmenos adultos que están pendientes de recibir los tres sacramentos de la Iniciación. Por ello y con ánimo de orientar en lo que es posible la actuación pastoral de este importante sector de la pastoral sacramental hago las siguientes observaciones.

I.- PRIMERAS COMUNIONES

Es muy comprensible la inquietud de algunos párrocos en el caso particular de las primeras Comuniones, si se tienen en cuenta todos los agentes que se hallan comprometidos en la celebración de las primeras Comuniones, como son primero los niños con la preparación que deben tener para acceder a la sagrada Eucaristía por primera vez; los padreslos párrocos y los catequistas y formadores de los colegios católicos. En la mayoría de los casos entran, además, en juego otros elementos no específicamente religiosos, como es la celebración festiva que suele comprometer la fecha de la misma en empresas de restauración.

La solución no puede venir dada fijando una fecha de antemano, o pensando que la pandemia habrá pasado en un tiempo imaginario y pronto. Lo que los expertos sanitarios nos van diciendo y las decisiones que las autoridades van tomando hacen suponer que es incierto el período de tiempo que durará la pandemia. No sabemos cuándo podrá darse por cancelada. Por esto mismo, nos hemos de preparar para servir a los fieles cuidando su vida sacramental lo mejor posible.

Precipitarse a poner fechas y acordar una fecha común para todos, no parece la mejor solución, porque en el supuesto de que un mes sea bueno para unas parroquias, tal vez no lo sea para otras por las fiestas que en ellas se celebran (si es que pueden llegar a celebrarlas). Del mismo modo, en los colegios católicos en los que se prepara a los niños para la primera Comunión tienen períodos lectivos normados por la ley y, en consecuencia, no siempre es posible que actúen los educadores cristianos como quisieran de manera coordinada con las parroquias, que siempre se debe pretender y, en lo posible, llevar a cabo.

Se hace, pues, necesario tener presentes algunos principios que deben respetarse, conscientes de que no somos dueños de las circunstancias que se nos imponen.

1º.- Necesaria preparación. La primera Comunión de los niños sólo se puede llevar a cabo si los niños han sido debidamente preparados mediante la catequesis y la introducción al nivel propio de su edad en la vida cristiana. Siempre es necesaria y, en gran medida determinante, la misión de los padres como catequistas de primera hora de sus hijos. El Directorio para la Catequesis dice lo siguiente en el caso de los niños cristianos: «En efecto, quienes le han dado la vida, enriqueciéndola con el bautismo, tienen el deber de seguir alimentándola continuamente»[1]. El Directorio continúa: «La catequesis familiar es, en cierto modo, insustituible, sobre todo por el ambiente positivo y acogedor, por el atrayente ejemplo de los adultos, por la primera y explícita sensibilización de la fe y por la práctica de la misma»[2].

Por su parte la ley universal de la Iglesia lo deja bien claro, los niños han de tener «suficiente conocimiento y hayan recibido una preparación cuidadosa, de manera que entiendan el misterio de Cristo en la medida de su capacidad, y puedan recibir el Cuerpo del Señor con fe y devoción»[3].

¿Consideramos que están los niños debidamente preparados? Si no lo están, ¿podría completarse por telemática estando en contacto párroco y familia? ¿Han seguido los párrocos las posibilidades de la catequesis en las familias con niños que se preparaban para recibir la primera Comunión cuando comenzó el confinamiento?

2º.- Cuándo administrar las primeras Comuniones. ¿Nos quedan meses aptos para la celebración de las primeras Comuniones? Tengamos en cuenta que, en el presente curso pastoral, hemos perdido el mes de marzo para la catequesis y que las comuniones podrían haber comenzado con la semana primera de la Pascua en algunas comunidades y en otras no mucho después ya durante la segunda quincena de abril. Este tiempo, sin embargo, no parece que vaya a ser propicio en las actuales circunstancias, ya que por lo que se comenta de modo ya oficial, tampoco en mayo va a llevarse a cabo una “desescalada” suficiente en el cese de riesgo de contagio como para pensar en una celebración comunitaria de las comuniones, salvo que las autoridades permitieran celebraciones con pequeños grupos en las iglesias, de lo cual no tenemos hasta ahora indicación alguna.

Si la pandemia cediera con la elevación veraniega de la temperatura, según lo que determinen las autoridades sanitarias, dando por finalizado el riesgo de contagio, son las parroquias las que en tal caso deben determinar de acuerdo con las familias si alguna de las semanas de junio podría o no ser aptas para celebrar algunas primeras Comuniones.

3º.- Solución más segura. Si no fuera posible, ¿qué hacer? En el caso de que fueran aprovechables los meses de junio y julio, si para entonces las autoridades sanitarias autorizan celebraciones que reúnen un numero alto de fieles, como sucede con las primeras Comuniones, nada impide que los párrocos que así lo acordaran con las familias, pudieran preparar las comuniones.

Si no fuera eso posible, lo prudente es trasladarlas al mes de septiembre y alargarlas al mes de octubre no sobrepasando de ningún modo la primera quincena de noviembre. Conviene recordar que es competencia de las parroquias y las familias en cada comunidad ―y en su caso, de los colegios católicos, que así lo comunicarán a la parroquia de su demarcación― ver el momento mejor, dentro de dicho período de tiempo, una vez hayan sido salvadas las dificultades que ahora nos impiden proceder de otra manera y siguiendo las normas sanitarias.

Del mismo modo, conforme a lo expuesto más arriba y teniendo en cuenta la interrupción del proceso de preparación sucedida, se recuerda a párrocos, catequistas, formadores y familias que es necesaria la debida preparación catequética para que los niños reciban con fruto la sagrada Eucaristía, por lo cual una vez haya sido tomada una decisión por las parroquias, los párrocos deben procurar la preparación que estimen necesaria para que los niños reciban con fruto la sagrada Comunión.

II. INICIACIÓN CRISTIANA

1º.- Bautismo de los niños infantes

Mientras dure esta situación, siguiendo la normativa vigente establecida por las autoridades civiles, como norma se posponen los bautismos de los niños infantes, salvo peligro de muerte. Se ha de esperar para bautizar a que, al menos, se suavice la normativa y permita que se reúnan grupos de personas. Incluso en tal caso se deberá proceder responsablemente con las debidas precauciones.

De común acuerdo entre el párroco y los padres, se dispondrá la remoción de fechas en el caso de los bautismos que estuvieren ya previstos y no hayan podido realizarse en el presente estado de alarma.

2º.- La Confirmación

El mes de junio ha acogido algunas confirmaciones, aunque siempre tendemos a terminar la mayoría a finales de mayo aprovechando el tiempo y la liturgia pascual, particularmente pata celebraciones de colegios y comunidades que se suman a ellas. Si hubiera autorización para entonces, cabría aprovechar dicho mes, e incluso la primera quincena de julio. Por otra parte, durante los meses de septiembre, octubre y noviembre hasta el Adviento hemos tenido siempre un tiempo apto para la administración de la Confirmación.

Así, pues, nada obsta a que se siga procediendo del mismo modo, siempre que las circunstancias lo permitan, y teniendo en cuenta la debida preparación. Insisto en la preparación específica que la recepción de este sacramento exige de los confirmandos, en la cual no deben escatimar tiempo y dedicación los párrocos y formadores responsables, ayudados de sus equipos de catequistas y colaboradores. No debe olvidarse la disposición de la Instrucción pastoral de los Obispos de las diócesis del Sur de España, en la que se insiste en la necesidad de la instrucción de la catequesis: «La catequesis de Confirmación de los ya bautizados, como es el caso de los niños que han recibido el Bautismo poco después de su nacimiento, o en edad escolar, sin haber recibido la Confirmación, tiene por finalidad instruir a los confirmandos en la identidad y naturaleza del sacramento que reciben como parte sustancial de la iniciación cristiana, que tienen que completar y llevar a término»[4].

3º.- Iniciación cristiana de los catecúmenos

En la diócesis se estaban preparando para la recepción de los tres sacramentos de la Iniciación cristiana algunos catecúmenos adultos que estaban haciendo el segundo año de Catecumenado, habiéndose llegado a la Cuaresma para iniciar la etapa de la Iluminación, siguiendo los pasos previstos por el RICA. Habíamos programado que algunos pudieran concluir en la catedral la Iniciación cristiana, pero la entrada en vigor del estado de alarma por causa de la pandemia interrumpió el proceso, aplazándolo para un tiempo ya libre de contagio.

Es conveniente que los párrocos que tienen en sus parroquias catecúmenos adultos sigan con el proceso de preparación y cumplan con las etapas marcadas por el RICA para los que se encuentran en el segundo y último año de Catecumenado. Del mismo modo, no dejen de tener contacto telefónico o telemático con los que se encuentren en el primer año de Catecumenado.

Los catecúmenos que se encuentran recorriendo el segundo año del proceso catequístico y de introducción en la fe eclesial y la oración, podrán acceder a los sacramentos de la Iniciación cristiana, una vez termine el contagio, siempre que los párrocos los presenten al Delegado Episcopal para la Catequesis y el Catecumenado para concretar la fecha de su integración plena en la comunidad eclesial.

Con relación a los niños no bautizados y en edad escolar, es preciso que los párrocos cuiden la instrucción en la fe de estos niños, sin ocultar su condición de no bautizados en preparación para recibir el bautismo. Será muy importante la introducción progresiva en la comunidad eclesial, acompañados de los niños o ya adolescentes bautizados en grupos de catequesis homogéneos.

De esta introducción forma parte la progresiva experiencia de la oración y la vida espiritual de la Iglesia. Las familias tienen su cometido, ya que se trata de niños o adolescentes no bautizados, porque así lo decidieron en su día la familia de cada uno de ellos, o bien por diversas circunstancias que pueden explicar su situación actual de hallarse sin haber recibido el bautismo. Por tanto, son en particular los sacerdotes y los catequistas los que han de llevar a cabo el recorrido o «itinerario» de la preparación de estos catecúmenos para la recepción de los sacramentos de la Iniciación cristiana. Es decir, los itinerarios, en cada caso, de los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y de la Eucaristía. En estos casos pueden algunas veces los abuelos ayudar mucho a la cristianización de estos niños y adolescentes.

Ténganse presentes las opciones que caben:

1º. En el caso de los adolescentes, como en el de los jóvenes no bautizados, será necesario mantener la unidad de la Iniciación cristiana y dispensar los tres sacramentos, como sucede con los adultos.

2º. En el caso de los niños, tal como consta en la normativa vigente en la diócesis, puede seguirse el itinerario que termina en el Bautismo y primera Comunión; y posponer para poco después (un tramo temporal corto) la recepción de la Confirmación con otros adolescentes.

III. ADMINISTRACIÓN DE LA CONFESIÓN, VIATICO Y UNCIÓN DE ENFERMOS

Es un derecho fundamental de las personas morir en la fe que profesan, por eso no se deje de atender en la forma debida a este derecho, porque lo contrario podría suponer no respetar la conciencia religiosa de las personas, cuyos derechos están garantizados por el ordenamiento constitucional. De cualquier forma, salvo casos de especial gravedad, no parece que no se esté respetando este derecho. Por tanto, tomadas las debidas precauciones sanitarias, es preciso atender a las personas que soliciten la Confesión y a los moribundos que pidan el Santo Viático y el Sacramento de la Unción de los enfermos. De hecho, vemos que así se viene haciendo, y la autoridad respeta este derecho. Si en algún momento las autoridades sanitarias impiden el acceso al enfermo es por gravísimo riesgo de contagio, en cuyo caso se deben acatar sus instrucciones.

En nuestra diócesis no se dan hasta el presente situaciones contempladas por el Decreto de la Penitenciaría Apostólica de 20 de marzo de 2020[5], en el cual se indicaba también que, con la autoridad del Santo Padre Francisco y durante el tiempo que se prolongue esta dolorosa pandemia, se concedía Indulgencia plenaria en las condiciones establecidas por la Iglesia (confesar, comulgar y orar por el Santo Padre):

― A los enfermos individuales que ―ante el grave riesgo de contagio y ausencia del sacerdote por determinación sanitaria― no pueden ser escuchados en Confesión ni recibir el Viatico ni la Unción de Enfermos y, arrepentidos de sus pecados y amando a Dios sobre todas las cosas, hagan un acto de perfecta contrición interior, que produce el perdón de los pecados[6], con el firme propósito de confesarse o votum confessionis y recibir la sagrada Comunión cuando recobren la salud y/o se lo permitan las circunstancias de su enfermedad.

― A los enfermos que, arrepentidos interiormente de sus pecados, en la medida en que puedan, ya que no pueden cumplir las condiciones establecidas por la Iglesia por hallarse «en grave peligro de muerte, siempre que estén debidamente dispuestos y hayan rezado durante su vida algunas oraciones (en este caso la Iglesia suple a las tres condiciones habituales requeridas)».

― A quienes se encuentran en cuarentena, así como los sanitarios y los familiares que se exponen al riesgo de contagio por ayudar a los afectados por el Covid-19, si recitaren el Credo, el Padre Nuestro y una oración a María.

― A todos los fieles que en oración asidua supliquen de Dios Nuestro Señor la curación de los enfermos y el cese definitivo de esta pandemia. Estos fieles podrán elegir diversos actos de piedad cristiana que unirán a las tres condiciones establecidas por la Iglesia, como son las siguientes prácticas cristianas: «visitar el Santísimo Sacramento o la adoración Eucarística o leer las Sagradas Escrituras durante al menos media hora, o recitar el Rosario, el Vía Crucis o la Coronilla de la Divina Misericordia, pedir a Dios el fin de la epidemia, el alivio de los enfermos y la salvación eterna para aquellos a los que el Señor ha llamado a sí».

IV.- SACRAMENTO DEL MATRIMONIO

Finalmente, cualquiera puede ver que lo más razonable es posponer hasta que existan condiciones que garanticen la celebración cristiana del sacramento del matrimonio; es decir, hasta que se levanten las restricciones que están vigentes durante el estado de alarma.

En este sentido, conforme a la praxis diocesana para la elaboración de los expedientes matrimoniales, se han de considerar válidas las actuaciones protocolarias realizas hasta el presente, y retomar su continuación hasta completar los expedientes en el estado en que hayan sido suspendidos por la declaración del estado de alarma.

Así, pues, todo cuanto se debe actuar en la parroquia ateniéndose a la jurisdicción del Cura párroco como lo que sea propio según los casos y corresponda a la Curia Episcopal y se haya llevado a cabo tiene plena validez y se retomará de nuevo hasta su conclusión cuando sea posible, fijándose a partir de ese momento la remoción de fechas para la celebración del sacramento.

No es necesario reiterar que la preparación de catequesis del matrimonio es de la mayor importancia, como venimos exponiendo y comprometiéndonos a ello en los planes pastorales, tarea de siempre y hoy compromiso de anuncio y evangelización necesaria, idónea para recuperar a muchos bautizados en los cuales la semilla de la catequesis de la infancia, adolescencia y de la primera juventud no deja de producir sus frutos. No basta sólo la igualmente necesaria preparación para la vida conyugal y la familia realizada desde la perspectiva de las ciencias humanas. Se requiere una labor de instrucción en la fe y de introducción adulta en la experiencia del amor de Dios vivido en el amor humano.

Dios ofrece a los esposos participar del amor originario que es Dios mismo, del cual dimana todo amor. Dios, que es amor, los constituyó en amor para que pudieran ser asociados a su divina acción creadora transmitiendo la vida, y para felicidad del hombre y de la mujer; y para que así, unidos por su recíproca entrega y compañía, pudieran superar las dificultades que ha de afrontar la vida matrimonial y de familia. Hay que instruir en el sacramento y exponer bien y preparar el desarrollo de la colación litúrgica, evitando la mera comercialización de la celebración tan tentadora, pero vaciada de contenido religioso y sacramental.

V.- REFLEXIÓN CONCLUSIVA

Es de desear que todos los agentes pastorales, pero principalmente los párrocos deben asumir la responsabilidad que a ellos confía la Iglesia en la administración de los sacramentos, y que la Iglesia defiende mediante su participación en la potestad de jurisdicción. Que el celo sacerdotal y la caridad pastoral en estas circunstancias difíciles no queden bloqueados por el confinamiento. La compleja situación que estamos viviendo no cabe duda que repercute sobre la condición cotidiana de la vida humana, pero el dolor que padecen los enfermos y los sufrimientos ocasionados a los familiares de los fallecidos, unidos a la inmolación de éstos debe ayudarnos a todos a meditar sobre la verdad de la vida humana a la luz de la fe y sobre el alcance salvífico del dolor, al que dedicó san Juan Pablo II la encíclica sobre el dolor humano y su sentido redentor unido al dolor de Cristo, en la que, refiriéndose a la función terapéutica de la medicina frente al dolor humano, el santo papa dice:

«Puede que la medicina, en cuanto ciencia y a la vez arte de curar, descubra en el vasto terreno del sufrimiento del hombre el sector más conocido, el identificado con mayor precisión y relativamente más compensado por los métodos del “reaccionar” (es decir, de la terapéutica). Sin embargo, éste es sólo un sector (…) El sufrimiento es algo todavía más amplio que la enfermedad, más complejo y a la vez más profundamente enraizado en la humanidad misma»[7].

Esta aguda consideración de san Juan Pablo II nos devuelve, ya que la sociedad evolucionada actual tan profundamente secularizada parece haberlo olvidado, a la cuestión hondísima del sentido del sufrimiento redentor de Cristo, en comunión hasta la pasión y la cruz que precedió a su muerte con nuestra condición humana. Cristo murió por nosotros para que no muramos definitivamente. Es aquí donde la presentación del mensaje cristiano no puede obviar aquello que una cultura como la imperante, que excluye de modo voluntarista toda incomodidad para vivir con sentido en este mundo, tiene que afrontar pastoralmente que el sentido del gozo y del sufrimiento, los “gozos y las angustias” de los hombres de los que habló el Vaticano II, y que la Iglesia quiere compartir con todos los humanos, sólo reciben sentido pleno de la luz que proviene de la fe. El Concilio dejó bellamente formulado el sentido que ilumina cuanto de gozo y sufrimiento experimenta el hombre en este mundo, al decir:

«El gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de los afligidos, son también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo y no hay nada verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón»[8].

La afirmación tiene una razón de fundamentación que nos lleva a entender la lógica con la que el Concilio desarrolló la Constitución pastoral Gaudium et spes, y que es percibida por la fe en la obra redentora de Cristo. El misterio del hombre, en efecto, se esclarece a la luz del misterio de Cristo[9], iluminando el ser mismo del hombre, porque fue creado en Cristo y en él ha sido redimido. El Concilio remite a las palabras del Apóstol a los Gálatas, donde afirma: «El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gál 2,20); para comentar a continuación: «Padeciendo por nosotros, no sólo nos dio ejemplo para que sigamos sus huellas, sino que también instauró el camino con cuyo seguimiento la vida y la muerte se santifican y adquieren un nuevo sentido»[10].

La caridad pastoral verdadera no enmascara nada de lo humano, ni retrocede ante la honda realidad del mal que atenaza al hombre y alcanza su condición creada a causa del pecado. La caridad pastoral debe llevarnos a poner como primer objetivo de nuestra acción la salvación de las almas, en cuyo cumplimiento hemos de aportar la luz de la fe que ilumina el sentido del dolor y su anclaje estructural en la vida del hombre. Una pandemia no es consecuencia del pecado personal de cuantos la sufren, ni el castigo divino de un Dios que venga el pecado mediante la punición, pues ha entregado a su propio Hijo por amor al mundo (cf. Jn 3,16). El hombre, sin embargo, no puede escapar al hecho de que el mal y el sufrimiento, y en última instancia la muerte del hombre (y no meramente la muerte biológica de todo ser vivo) tienen que ver con nuestra existencia terrena y pecadora, que Jesús vino para redimir y salvar devolviéndonos la esperanza de la victoria final sobre la muerte y el pecado.

Se nos ofrece, pues, una ocasión privilegiada para afrontar las dificultades del momento superándolas con generosa caridad pastoral y verdadero espíritu sacerdotal, rompiendo el encantamiento de la idea, a la que ya me he referido en estas semanas de que suple la realidad sacramental y evangelizadora la participación virtual en la celebración sacramental. Ésta requiere, por el contrario que, una vez superada la dificultad del presente, pronto podamos volver al encuentro con Cristo en el sacramento y en él con el Dios que es Unidad en la Santa Trinidad del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Así lo deseo de corazón, suplicando al Señor acoja los sufrimientos de los enfermos y alivie su estado, y por la intercesión de la Virgen María, Salud de los enfermos y de san José, devuelva la salud a cuantos sufren la enfermedad y acoja a los que han fallecido en su presencia por causa de esta pandemia.

Almería, a 17 de abril de 2020
Vienes de la Octava de Pascua

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería»

Diócesis de Almería

 

Archidiócesis de Valladolid

Archidiócesis de Valladolid

 

Diócesis de Osma-Soria

«Ante la incertidumbre sobre el momento en que concluirá el estado de alarma y la situación subsiguiente que se prolongará en el tiempo, el Obispado de Osma-Soria ha ofrecido a los sacerdotes responsables de parroquias algunas orientaciones relacionadas con la celebración de primeras comuniones, ceremonias de la confirmación, así como matrimonios y bautismos, programadas para las próximas semanas y/o meses.

En relación a las primeras comuniones que, tradicionalmente, se celebran en el tiempo pascual, “las actuales circunstancias hacen inviable la concreción de una fecha”, reconoce el Vicario General en una carta dirigida al presbiterio diocesano. Por eso, desde el Obispado se recomienda a los párrocos que, una vez finalizado el estado de alarma, fijen, en diálogo con los padres y los catequistas, estas celebraciones, pudiendo ser una fecha recomendable el primer trimestre del próximo curso pastoral.

Igualmente, la celebración de matrimonios y bautismos se pospone hasta que las autoridades sanitarias determinen la viabilidad para su realización. En este sentido, el Obispado recomienda a los párrocos que se pongan en contacto con los contrayentes y padres para fijar nuevas fechas y poder celebrar estos sacramentos una vez concluida la situación actual.

Del mismo modo, las nuevas fechas para la celebración del sacramento de la confirmación se determinarán una vez concluya el estado de alarma y los grupos parroquiales, colegios y demás vuelvan a su funcionamiento habitual.

El Vicario General, Gabriel-Ángel Rodríguez Millán, concluye su misiva animando a los sacerdotes a «estimular nuestra creatividad pastoral tanto en esta cuestión como en otros aspectos de nuestra misión como Iglesia».

Diócesis de Osma-Soria

 

Diócesis de Ávila

«Las Primeras Comuniones se posponen de forma excepcional en toda la Diócesis hasta otoño.

La emergencia sanitaria que vive nuestro país a causa del COVID-19 hace imposible que durante el presente año 2020 los niños que habían sido admitidos para recibir la Primera Comunión puedan recibirla en los meses del Tiempo Pascual, que en circunstancias normales es el tiempo oportuno para ello. La prolongación del Estado de Alarma hasta el 26 de abril (de momento) impide, además, que puedan tener lugar de forma adecuada las últimas catequesis del proceso, que son de singular importancia por tratarse de la preparación inmediata al Sacramento que van a recibir.

Es necesario recordar que la recepción de la Santísima Eucaristía no es nunca un acontecimiento privado, ni de la familia del niño que comulga ni de la parroquia en la que se administra este Sacramento. La lógica misma del Misterio entregado por el Señor como memorial perpetuo de su pasión, muerte y resurrección pide que, en la medida de lo posible, en éste se exprese la comunión de toda la Iglesia. Por eso, parece oportuno que, si las condiciones sanitarias lo permiten, se procuren celebrar las Primeras Comuniones con la mayor participación posible de la comunidad parroquial, y en un tiempo común para toda la Diócesis.

Por todo ello, el Vicario General de la Diócesis, en nombre y con conocimiento del Obispo ha decretado lo siguiente:

  1. Que las Primeras Comuniones del año 2020 se celebren en toda la Diócesis durante los meses de septiembre y octubre. En aquellas parroquias en las que haya un número elevado de candidatos, a juicio del párroco, puede utilizarse también el mes de noviembre, a condición de que sean antes del primer domingo de Adviento.
  2. La medida anterior queda supeditada a la superación de la actual pandemia y a las indicaciones concretas que puedan recibirse de las autoridades sanitarias y políticas. Si llegado el momento éstas prohibiesen o desaconsejasen la congregación de gran número de personas en un espacio cerrado, la Diócesis adoptaría las medidas oportunas.
  3. Según lo previsto en el Directorio pastoral para los Sacramentos de Iniciación Cristiana, las Primeras Comuniones tendrán lugar siempre en domingo o, si la situación lo requiere, el sábado por la tarde.
  4. Al programar las Primeras Comuniones, los párrocos tendrán en cuenta que es imprescindible procurar un tiempo previo mínimo de un mes en el que los niños y sus familias puedan ser congregados para la preparación catequética inmediata. Aunque las catequesis hayan seguido de manera telemática durante el tiempo de confinamiento por la pandemia, la lógica de la transmisión de la fe es esencialmente comunitaria y, por lo tanto, debe darse en un contexto de encuentro interpersonal.
  5. Si las condiciones sanitarias lo permitieren, y si se diere una importante razón pastoral que motivara la decisión, en aquellas parroquias donde el número total de niños que reciben la Primera Comunión fuera inferior a cuatro, el párroco, previo consenso de los padres, y tras recibir autorización expresa del Ordinario, podría programar la celebración durante los meses de julio y agosto. Siempre asegurando la preparación catequética previa de un mes.
  6. En las celebraciones de la Primera Comunión puede nombrarse en el memento de difuntos a los familiares de los niños que hubieran fallecido durante la pandemia. Se sugerirá además a los padres de los niños que, dada la delicada situación en la que vivimos, si sus condiciones económicas se lo permiten, sería de agradecer cualquier donativo a Cáritas destinado a paliar los previsibles efectos de la crisis económica y laboral que se derivará de esta pandemia. El mejor “regalo” cuando uno recibe a Jesús es preocuparse de sus preferidos: los pobres y necesitados».

Diócesis de Ávila

 

Archidiócesis de Granada

«(…) 2. En relación a los sacramentos de la iniciación cristiana: bautismo, primera comunión y de la confirmación. Las circunstancias de cada parroquia, de cada comunidad y de cada familia son tan diferentes, que no es posible dar una orientación única sin incurrir en multitud de injusticias e incoherencias o contradicciones. Los párrocos que, de acuerdo con las familias, quieran hacer los bautizos o las comuniones más en privado, y seguidas de una pequeña celebración familiar en la casa, pueden hacerlo en cualquier momento, incluso en cualquier día de la semana, y (para las comuniones) en pequeños grupos de no más de cinco niños, con la asistencia sólo de sus padres y abuelos (o de padres y padrinos), siempre que no se sobrepase el número de asistentes a la iglesia permitido por la ley y se guarden las distancias debidas. Para las confirmaciones, habrá que esperar al tiempo en que la movilidad de los ministros del sacramento esté menos restringida, y habrá también que guardar los demás requisitos respecto al número de participantes y a la distancia entre personas (…)».

Más información

Archidiócesis de Granada

 

Obispado de Ourense

«La Iglesia, como madre amorosa, siente con gran dolor no poder ofrecer a sus hijos e hijas, en condiciones normales, la celebración de los Sacramentos y demás auxilios espirituales. Agradecemos la colaboración de la familia, “Iglesia doméstica”, que a través de los medios de comunicación y los recursos ofrecidos desde la Diócesis y las parroquias, en estos momentos alimenta y aviva la fe de sus miembros. Es deseo vivo de nuestra Iglesia en Ourense poder, cuando las autoridades sanitarias lo permitan, celebrar la Eucaristía con la presencia de fieles y demás Sacramentos, para bien de todo el pueblo de Dios.

Sin embargo dada la situación provocada por el coronavirus y la incertidumbre de cuando volverá la normalidad a nuestra sociedad, mientras las autoridades sanitarias no determinen que ha pasado el riesgo de contagio y se puedan tener las celebraciones con normalidad, se posponen las celebraciones de primeras comuniones, bodas, bautizos y confirmaciones previstas para los próximos meses.

Esta situación debe ayudarnos a profundizar en la vivencia y celebración de nuestra fe, yendo a lo esencial. Durante este tiempo rogamos a los padres que acompañen a sus hijos en su vida de fe, orando juntos y preparándose con materiales que se ofrecen en la web del Obispado de Ourense, enlace Catequesis de Galicia, y uniéndoos como familia a las celebraciones a través de los medios de comunicación mientras no sea posible hacerlo en la comunidad parroquial.

Todas estas normas quedan a expensas de lo que dictaminen las autoridades sanitarias según la evolución de los acontecimientos. Conforme se vayan desarrollando las circunstancias se producirán las modificaciones convenientes. En todo caso, si se produjera incumplimiento de las mismas, serán responsables de las decisiones tomadas el párroco y la familia.

Vicarías de Pastoral y de Nueva Evangelización».

Obispado de Ourense

 

Diócesis de Mondoñedo-Ferrol

«Indicaciones al clero diocesano de cara a las celebraciones de Primeras Comuniones y Confirmaciones

Mondoñedo-Ferrol, 14 de marzo de 2020

La Vicaría General de Mondoñedo-Ferrol ha comunicado al clero diocesano las indicaciones para las celebraciones de Primeras Comuniones una vez que se superen las actuales circunstancias de confinamiento general y atendiendo siempre a cualquier nueva normativa que puedan establecer las autoridades sanitarias.

El vicario general, D. Antonio Rodríguez Basanta, informa en la circular que, desde el Obispado, se ha valorado la situación en coordinación con la Vicaría de Evangelización y la Delegación de Catequesis, teniendo presente que la preparación catequética necesaria para recibir la Primera Comunión se ha visto alterada desde mediados del mes de marzo.

Por consiguiente, se indica a los párrocos que, cuando las circunstancias ya lo permitan y siempre con las debidas garantías, fijen con los padres y los catequistas las nuevas fechas de celebración, con un margen suficiente para que se pueda realizar un “período intensivo de preparación inmediata, más o menos prolongado”.

En cuanto al sacramento de la Confirmación, los párrocos deberán acordar, además, las nuevas fechas con el propio obispo, al ser éste el ministro ordinario que lo confiere».

Diócesis de Mondoñedo-Ferrol

 

Diócesis de Guadix

«Suspendidos los Bautismos, Primeras Comuniones, Matrimonios y Confirmaciones en la diócesis de Guadix hasta que pase el estado de alerta sanitaria

Lo ha hecho saber el obispo de Guadix en un decreto publicado el 15 de abril

El obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, ha emitido un decreto por el que se suspenden los Bautismos, las Primeras Comuniones, los Matrimonios y las Confirmaciones hasta que pase la alerta sanitaria y las autoridades permitan que pueda haber libre circulación y reunión de personas. En la actualidad, no se permite salir de casa y no puede haber celebraciones con fieles, por lo que habrá que esperar a que todo esto pase para que los sacramentos programados para estas fechas se puedan realizar.

Una vez restablecida la normalidad, los párrocos deberán facilitar, en diálogo con las familias, la mejor fecha para la administración de dichos sacramentos. Para las Primeras Comuniones y las Confirmaciones se establece que se celebren antes del Domingo de Cristo Rey del Universo, que es el 22 de noviembre próximo. Las bodas, sin embargo, podrán celebrarse también en Adviento, más allá del 22 de noviembre. Y como los documentos de los expedientes matrimoniales tienen fecha de caducidad, se prorroga indefinidamente la validez de los mismos, mientras dure el estado de alarma.

En el decreto se pide a los párrocos que faciliten los procesos de formación para estos sacramentos de manera telemática u otros procesos, de manera que se “posibilite la formación catequética en la Iglesia doméstica».

Diócesis de Guadix

 

Diócesis de Cádiz y Ceuta

«Ante la prolongación del estado de alarma y la situación de incertidumbre por la que estamos atravesando, el Obispado de Cádiz y Ceuta, a través de la Vicaría General, ha ofrecido a los sacerdotes una serie de indicaciones en referencia a la celebración de Primeras Comuniones, ceremonias de Confirmación, así como Matrimonios y Bautismos, programadas para las próximas semanas.

En relación a las Primeras Comuniones, las actuales circunstancias hacen imposible la determinación de una fecha próxima. Desde el Obispado se recomienda a los párrocos que, una vez finalizada esta etapa de alarma, fijen estas celebraciones juntamente con las familias, pudiendo ser una fecha recomendable el primer trimestre del próximo curso escolar.

La celebración de Matrimonios y Bautismos se posponen hasta que las autoridades determinen la seguridad y viabilidad necesarias para su realización. En este sentido, los sacerdotes y párrocos podrán establecer estas nuevas fechas de acuerdo con los contrayentes y las familias, una vez concluida la situación actual. Del mismo modo, las nuevas fechas de las celebraciones del sacramento de la Confirmación se determinarán una vez concluya el estado de alarma y los grupos parroquiales, colegios, etc., vuelvan a su funcionamiento habitual».

Diócesis de Cádiz y Ceuta

 

Diócesis de Ciudad Real

«Sobre la celebración de las Primeras Comuniones

Aunque ya estaba dicho que mientras durara esta situación se suprimían todos los sacramentos que supusieran una concentración grande de fieles, es prudente comunicar a los padres que las Primeras Comuniones de sus hijos que estuvieran programadas para mayo o junio, definitivamente se aplazan para a los meses de septiembre, octubre y noviembre.

Sobre la administración del sacramento de la Confirmación

Aquellas parroquias que hubieran fijado fecha con el Sr. Obispo para celebrar el sacramento de la Confirmación en los meses de mayo y de junio, y aquellas que las tuvieran apuntadas para septiembre, octubre o noviembre, podrán realizarse a lo largo de los meses de octubre, noviembre y diciembre. Habrá, por tanto, que volver a reservar la fecha.

Seguimos pidiendo al Señor, por intercesión de su Madre y nuestra Madre la Virgen María, que tenga misericordia de nosotros y nos libre de esta pandemia que está castigando tan fuertemente a nuestro mundo».

Diócesis de Ciudad Real

 

Obispado de Orihuela-Alicante

«Desde la Vicaría General del Obispado Orihuela-Alicante se ha emitido un comunicado anunciando el aplazamiento de las Primeras Comuniones y Confirmaciones, debido a la especial situación que estamos viviendo este año, marcado por la pandemia del coronavirus. En este escrito se indica lo siguiente:

1. Debido a la prolongación del estado de alarma y por la incertidumbre que estamos viviendo en estos momentos, no se puede establecer una fecha próxima para estas celebraciones. Por lo tanto, quedan pospuestas hasta después del verano.

2. Una vez que se concluya este estado de alarma, y las autoridades gubernativas y sanitarias determinen que definitivamente ha pasado el riesgo de contagio, y todo vuelva a su funcionamiento habitual, podremos precisar exactamente las fechas de estas celebraciones sacramentales.

3. Proponemos como tiempo prudente para celebrar las Primeras Comuniones y las Confirmaciones todo el primer cuatrimestre del próximo curso escolar (de septiembre a diciembre), determinando cada párroco las fechas concretas para su comunidad,  teniendo en cuenta otros acontecimientos celebrativos parroquiales que se han pospuesto a causa de la pandemia (bodas, misas de difuntos, celebraciones patronales, procesiones…)».

Obispado de Orihuela-Alicante

 

Arzobispado de Mérida-Badajoz

«El Arzobispo de Mérida-Badajoz, Mons. Celso Morga, ha hecho pública una carta a los sacerdotes en la que, debido a las circunstancias del Estado de alarma y tras consultar con los arciprestes, aconseja que las Primeras Comuniones y Confirmaciones se retrasen a la segunda quincena de septiembre, así como a todo el mes de octubre, dejando los sábados y domingos para las celebraciones de las Primeras Comuniones y el resto de la semana para las Confirmaciones».

Arzobispado de Mérida-Badajoz