La colaboración de los cristianos

Queridos diocesanos:

No es buen síntoma de convivencia social la queja continuada contra los demás o la búsqueda permanente de reconocimiento o gratitud por nuestras buenas acciones. Y parece que en situaciones extremas, como la actual, es muy frecuente. Cuesta asumir la propia responsabilidad y halaga recibir agradecimientos que, por otra parte, siempre los consideramos merecidos.

Esta breve introducción viene a cuento por una opinión y postura que sintetiza la frase que lanza algún comentarista en los medios de comunicación social. ¿Qué está haciendo la Iglesia en este trágico momento de la pandemia del coronavirus? En el peor sentido de la formulación esta pregunta lleva una respuesta implícita, nada; en el mejor de los casos se trata de pedir una información más amplia de cuantas actuaciones realiza la institución eclesial. Ahora y siempre.

Hay una frase muy reveladora, de autor anónimo, que se acomoda bien a la explicación que pondría encima de la mesa. “Para el que ama, mil objeciones no llegan a formar una duda; para quien no ama, mil pruebas no llegan a constituir una certeza”. En este caso concreto habría que poner el complemento directo, la Iglesia, al verbo amar. Y también habría que recordar siempre que la Iglesia está formada por todos los bautizados. Esto que es una obviedad para muchos, parece que se olvida deseando poner en evidencia el poco o nulo trabajo de la jerarquía hacia la sociedad en momentos de angustia. Habrá que repetir que las actuaciones de todos los cristianos repercuten, para bien y/o para mal, en la realidad y en la imagen de toda la Iglesia presente en este mundo. Lo sabemos bien aunque en ocasiones se nos olvida. Es cierto que a quien tiene más responsabilidad en la comunidad, se le reclama un comportamiento más exigente con los criterios de Jesús.

No quisiera que estas líneas fueran una opinión a la defensiva tratando de convencer a quien le es indiferente dicha actuación. Ni por supuesto una acusación hacia otros grupos o colectivos. Cada persona y cada organización son responsables de sus decisiones y, en general, cuando su actuación es beneficiosa se le valora, aplaude y agradece.

En estos momentos hay muchos cristianos que, en los distintos ámbitos sociales, se desviven por ayudar a sus semejantes. Manifiestan con claridad sus convicciones basadas en la fe en Cristo. Trabajan en los hospitales, en las residencias de mayores, en los servicios públicos de transporte, de seguridad, de información o en la atención a las compras de primera necesidad. Vaya por delante para todos ellos nuestra admiración y nuestra gratitud.

También existen instituciones católicas que son ejemplo de dedicación y servicio a todos los que sufren los efectos del COVID-19. Parroquias que, con los sacerdotes al frente, atienden el acompañamiento y la oración de las familias con difuntos y abren sus puertas para distribuir los alimentos necesarios para muchas familias vulnerables. Comunidades de religiosos que aportan su experiencia y sus recursos. Instituciones con larga trayectoria que no han dejado de prestar ayuda y consuelo a los más pobres, las Cáritas parroquiales y diocesana, Jericó, Manos Unidas, la Asociación Vicenciana, Llars del Seminari… y otras muchas conocidas por todos vosotros.

Una consideración final. La ayuda a los demás es una consecuencia clara de nuestra fe pero sin olvidar el anuncio luminoso de la salvación de Jesucristo que conlleva la oración, la participación en los sacramentos y el amor profundo al Señor y a su Iglesia. Gracias a todos por vuestra colaboración.

Con mi bendición y afecto.

 

+Salvador Giménez,

Obispo de Lleida

 

Mons. Salvador Giménez Valls
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Mons. D. Salvador Giménez Valls nace el 31 de mayo de 1948 en Muro de Alcoy, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia. En 1960 ingresó en el Seminario Metropolitano de Valencia para cursar los estudios eclesiásticos. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973. Es licenciado en Filosofía y Letras, con especialización en Historia, por la Universidad Literaria de Valencia. CARGOS PASTORALES Inició su ministerio sacerdotal como párroco de Santiago Apóstol de Alborache, de 1973 a 1977, cuando fue nombrado director del Colegio “Claret” en Xátiva, cargo que desarrolló hasta 1980. Este año fue nombrado Rector del Seminario Menor, en Moncada, donde permaneció hasta 1982. Desde 1982 hasta 1989 fue Jefe de Estudios de la Escuela Universitaria de Magisterio “Edetania”. Desde 1989 a 1996 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante) y Arcipreste del Arciprestazgo Virgen de los Lirios y San Jorge en Alcoy (Alicante) entre 1993 y 1996. Desde este último año y hasta su nombramiento episcopal fue Vicario Episcopal de la Vicaría II Valencia Centro y Suroeste. Además, entre 1987 y 1989, fue director de la Sección de Enseñanza Religiosa, dentro del Secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la CEE, y fue miembro del Colegio de Consultores entre 1994 y 2001. El 11 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 2 de julio del mismo año. Fue administrador diocesano de Menorca del 21 de septiembre de 2008 hasta el 21 de mayo de 2009, fecha en la que fue nombrado obispo de esta sede. Tomó posesión el 11 de julio del mismo año. El 28 de julio de 2015 se hacía público su nombramiento como obispo de Lleida. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde 2014. También ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2005 a 2014.