Señales de Dios en el mundo de hoy

Estimados y estimadas:

Se dice a menudo que faltan signos de fe adecuados a la gente de hoy. Queremos una fe comprensible para la cultura actual; una fe que casi sea evidente. Tenemos catedrales y grandes iglesias, infinidad de instituciones religiosas, tenemos incluso multitud de santos y santas; pero estos signos hablan más de una historia pasada que del presente o del futuro que nos espera.

Contemplando la vida de las primeras comunidades cristianas, que releemos estos días de Pascua, pienso que tenían muy pocos signos. Pero, tenían uno, pero más bien provocaba repulsión: la cruz de Jesús. También tenían otro que deriva de la cruz: la caridad. Y con estos dos signos conquistaban muchos corazones.

Dicen que faltan signos para nuestro hoy. Y, en realidad, no son posibles otros signos que los marcados por la cruz y la caridad de Cristo. Para cualquier compromiso cristiano, es imprescindible la relación personal con la cruz del Señor. Y, al rezar, la fe se transforma en acción sacrificada y comprometida. No le demos más vueltas ni queramos matizarlo: La vida plenamente dada a los demás, fundamentada en la oración humilde y sincera, es el signo que habla claro de Jesucristo y que entiende el hombre de la calle.

En este cuarto domingo de Pascua, la Iglesia pide nuestra oración por las vocaciones. Nos referimos tanto a vocaciones laicales, como sacerdotales, a la vida consagrada o a la vida misionera. También hablamos de las vocaciones en países del tercer mundo, donde la formación y la vida espiritual dependen en parte de las ayudas que podamos ofrecer desde el llamado primer mundo.

En definitiva, necesitamos rezar para que haya vocaciones a una vida cristiana santa, auténtica y fervorosa. Y, en ello, no podemos ir con matizaciones complicadas ni componendas desorientadoras: Necesitamos jóvenes ―chicos y chicas―que quieran ser signos del Evangelio para los mismos jóvenes. En la Exhortación Pastoral El Espíritu rejuvenece a la Iglesia, que publiqué al inicio de la Cuaresma, indicaba cómo en el testimonio de vida es donde el signo de Cristo y de su Evangelio afloraplenamente. Necesitamos, pues, signos del Señor en medio de nuestro mundo. Signos del Dios de la sencillez y la humildad, cuando todo el mundo sueñaen la abundancia y la ostentación. Signos de Dios al lado de los que sufren―sobre todo en estos días de pandemia―, cuando muchos ambicionan destacar de los demás. Signos de Dios en medio del mundo de hoy, para dar una visión nueva de la vida. El camino no es fácil. Cristo mismo nos ha dicho que el camino es estrecho y que hay que tomar cada día la cruz del propio compromiso. Pero vale la pena. Ahí está el camino de la auténtica felicidad.

El Evangelio necesitasignos para darse a entender. Yel mundo necesita estos signos para encontrar su norte. Os invito, por tanto, a rezar con insistencia para que Dios despierte vocacionescristianas. Ya surgirán, luego, vocaciones específicas a la vida laical o matrimonial, al sacerdocio o a la vida consagrada.

† Joan Planellas i Barnosell

Arzobispometropolitano de Tarragona y primado

 

Acerca de Mons. Joan Planellas i Barnosell 50 Articles
Nació en Gerona el 7 de noviembre de 1955. En 1975 ingresó en el Seminario Mayor de Gerona, donde realizó los estudios filosófico teológicos. Realizó la licenciatura en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, residiendo en el Colegio Español de Roma. Fue ordenado diácono en Verges (Gerona), el 26 de abril de 1981, y sacerdote en Bañolas (Gerona), el 28 de marzo de 1982. Fue coadjutor en la parroquia de Santa María dels Turers de Bañolass y más tarde de la parroquia de San Martín en Palafrugell, en la diócesis de Girona. Entre 1985 y 1988, fue profesor de Teología en el Seminario de Gerona y de 1988 a 1998 director de Instituto de Teología de Gerona que, en 1996, se convierte en Instituto Superior de Ciencias Religiosas. Desde 1988 hasta la actualidad imparte las asignaturas de Sacramento del Orden, Eclesiología y Teología Fundamental. Entre 2002 y 2004 realizó la tesis doctoral en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, comenzando ese año su actividad docente en la Facultad de Teología de Cataluña. Desde 2012 es profesor ordinario de esta Facultad. Entre 2010 y 2015 fue vicedecano de la Facultad, pasando a ser decano en septiembre de 2015, ya integrada en el Ateneo Universitario Sant Paciá. En su actividad pastoral, ha sido coadjutor de la parroquia de San Narco de Gerona (1988-1991), administrador parroquial de Grions, Gaserans y Massanes (1990-1991), párroco de Navata, Lladó, Cabanellas, Espinavesssa, Taravaus, Vilademires, San Martín Sesserres (1991-1996), rector del Seminario Conciliar de Gerona (1996-2002) y párroco de San Miguel de Fluviá, San Mori y Vilamacolum (1997-2019). Desde 2008 es canónigo de la catedral de Gerona, y en la actualidad es también párroco del santuario de la Font Santa, Jafre, Garrigoles, Colomés, Foixá, Rupiá, La Sala, La Tallada y Maranyá. Es miembro del Consejo Presbiteral de la diócesis de Girona y con ocasión del Año Jubilar de la Misericordia el Santo Padre lo nombró misionero de la Misericordia. OTROS DATOS DE INTERÉS El 4 de mayo de 2019 se hace público su nombramiento como arzobispo de Tarragona. Recibe la ordenación episcopal el 8 de junio de 2019.