Diario de un Arzobispo (XIII)

Lunes, tercera semana de Pascua

Queridos sacerdotes, diáconos, consagrados, agentes de pastoral, voluntarios y fieles cristianos:

1.- ELIMINAR AL VICIO PARA QUE CREZCA LA VIRTUD

Estamos pasando por circunstancias donde vivimos mucho tiempo en lugares reducidos como son nuestras casas. No estamos acostumbrados a pasar tanto tiempo en lugares cerrados puesto que nos hemos habituado a vivir más fuera de casa que en casa. El trabajo, el activismo y la libertad para caminar o ir en coche no tenía restricción. Ahora nos hallamos casi enjaulados. De ahí se deduce que puede pasarse el tiempo recurriendo a los medios digitales/virtuales y a los programas que en ellos se presentan. No siempre son sanos y saludables. Los mismos psicólogos y expertos en las adicciones están advirtiendo que se abusa del alcohol, de la droga, de la pornografía, de la bronca como escape liberador, del desprecio al que no piensa de igual manera, de la violencia al otro sexo como desfogue personal, el abuso a menores… Y todo esto provoca unos vicios que destruyen los cimientos de la auténtica convivencia y ofenden a Dios. Católicos y protestantes franceses, desde hace pocas fechas, piden unidos a Macrón (Presidente del Gobierno en Francia) que impida la publicidad de pornografía gratis. Con esto se está intentando llegar al máximo de personas solas, confinadas, enganchadas a sus pantallas, fáciles de convertir en adictos. En estos momentos de confinación ha aumentado el consumo de pornografía y de forma brutal; pues bien, como dice este colectivo: “Es importante que se tomen medidas y fuertes sanciones para proteger a los niños del acceso a la pornografía en internet y así combatir los crímenes pedófilos” y no olvidemos que la violencia de género, cuya raíz está en el consumo de pornografía, va también en aumento.  En esta época se denomina adicción cuando siempre se ha considerado y se lo seguirá considerando como pecado grave o vicio pecaminoso. “Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido…Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Eh aquí los Vicios: LA SOBERBIA, LA AVARICIA, LA ENVIDIA, LA IRA, LA LUJURIA, LA GULA Y LA PEREZA” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1866). Sin embargo hay un antídoto que es la medicina de las Virtudes: LA HUMILDAD, LA GENEROSIDAD, LA CARIDAD, LA PACIENCIA, LA CASTIDAD, LA TEMPLANZA Y LA DILIGENCIA.

Ahora bien así como los vicios son hábitos que van dominando en el camino hacia el mal y son conquista del Maligno, las virtudes son también hábitos que van destruyendo los vicios y caminan hacia el sumo Bien que es Dios sumo Amor. Los vicios son fruto del egoísmo y de la pasión desordenada promovida por el Maligno, sin embargo las virtudes son fruto de la gracia que procede de Dios y de la fuerza de la bondad que anida en el corazón por obra del Espíritu Santo. Por eso el testimonio cristiano ha de cuidarse con mucho esmero y siendo muy conscientes de que somos luz en Jesucristo Luz. “El gran error del hombre moderno es su rechazo a la dependencia. El hombre moderno se concibe a sí mismo como un individuo radicalmente independiente. No quiere depender de las leyes de la naturaleza. Se niega a depender de los demás sin comprometerse a vínculos definitivos como el matrimonio. Considera una humillación depender de Dios. Se concibe sin deber nada a nadie” (Cardenal Robert Sarah). Y aún más el hombre se indigna ante los Diez Mandamientos que los considera tiranía de un pasado.

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2.- EN TIEMPOS DUROS Y DIFÍCILES FORTALECER LA AUTÉNTICA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA Y ECLESIAL

La espiritualidad cristiana tiene como base el Credo y los Diez Mandamientos, es decir creer en la enseñanza de Jesucristo y en el amor a Dios y al prójimo. Son los dos pulmones (Credo y Mandamientos) que se les oxigena con la Palabra de Dios y los Sacramentos. En estos momentos de cambios estructurales, sociales, políticos, ambientales… más debemos ponernos en la actitud positiva de mirar la realidad desde una profunda espiritualidad cristiana. “Os he dicho esto para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis sufrimientos, pero confiad: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33). Es la certeza mayor que pueda existir puesto que todo pasa, pero las promesas de Dios se cumplirán. “Un santo no es aquel que realiza grandes proezas basándose en la excelencia de sus cualidades humanas, sino el que consiente con humildad que Cristo penetre en su alma, actúe a través de su persona, sea Él el verdadero protagonista de todas sus acciones y deseos, quien inspire cada iniciativa y sostenga cada silencio” (Benedicto XVI, Reforma del Carmelo en sus 450 años, Son menester amigos fuertes de Dios para sustentar a los flacos, Vaticano, 16 de julio 2012). Y en esta línea dice también que hoy es precisa la plegaria confiada que es el alma de todo apostolado, para que resuene con meridiana claridad y pujante dinamismo el mensaje redentor de Jesucristo. Es apremiante que la Palabra de Vida vibre en las almas de forma armoniosa, con notas sonoras y atrayentes. De ahí que Santa Teresa dio en la diana cuando dijo: “En tiempos recios, amigos fuertes de Dios…son menester amigos fuertes de Dios para sustentar a los flacos” (Libro de la Vida, 5,15; 15, 5). No nos amilanemos ante las circunstancias tan dolorosas por las que pasamos y menos confiemos en momentos paradisiacos que nos auguran. Va a ser “momentos recios”. Pongamos la mirada y armémonos de la armadura del cristiano: “Además de todo esto, tomando en todo momento el escudo de la fe, con el que podáis apagar los dardos encendidos del Maligno” (Ef 6, 16). Contra nuestra inercia y nuestra pereza, el combate de la oración es el del amor humilde, confiado y perseverante (Cf Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2742). La sociedad tiene sed y hambre de Dios. Roguemos a Dios y testifiquemos la fuerza del Resucitado en estos momentos cruciales.

¡¡¡FELIZ TIEMPO EN  EL RESUCITADO, QUE RESPLANDECE EN MEDIO DE NOSOTROS!!!

 

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).