Diario de un pastor ante el Covid-19. 24/04/2020

LA FORTALEZA DE CADA DÍA

         La reacción popular de los españoles de convertir como “himno” de esta pandemia, la exitosa canción de los ochenta del Dúo Dinámico, Resistiré, revela el coraje de la ciudadanía y el anhelo de seguir existiendo, “Aunque los vientos de la vida soplen fuerte”. Ahora, que cada vez se hace más cuesta arriba el confinamiento por el coronavirus es necesario sacar fuerzas de las flaquezas para poder ganar esta guerra al enemigo invisible del Covid-19 y para los tiempos posteriores.

La fortaleza es la virtud humana que hace al hombre valeroso en todas las esferas de su ser, para enfrentarse a cualquier peligro o prueba en la vida. Se muestra en el saber resistir con firmeza ante un adversario que desea arrebatar un bien dado o conquistado. En este caso, es el virus maligno que amenaza la salud personal y colectiva de la humanidad. Dicha capacidad no se improvisa, exige cada día vencer los propios caprichos, egoísmos y comodidades. Hace falta muchas veces hacerse de “Hierro para endurecer la piel”. Pero como diría san Juan Pablo II: “El hombre por naturaleza teme el peligro, las molestias, los sufrimientos. Por ello es necesario buscar hombres valientes no solamente en los campos de batalla, sino también en los pasillos de los hospitales o junto al lecho del dolor” (Roma 15.11.1978). Son muchos los hechos que avalan como la sociedad española está manifestando una gran ejemplaridad en este periodo de larga cuarentena.

La otra manera de “Sed fuertes en la tribulación” (Rom 12,12) es atacar a tiempo al enemigo que daña la salud personal, el bienestar social y el futuro de la humanidad. Se trata de atajar el mal con los medios a nuestro alcance en el orden médico-sanitario, juntamente con la lucha solidaria de la ciudadanía en favor de la salud, la concordia y la paz. Para eso, se requiere: altura de miras en nuestros gobernantes, superar el crispado temor en la ciudadanía, huir de la soberbia en las decisiones y de la temeridad en las actuaciones. Esta batalla la ganamos todos o fracasamos como sociedad.

Si grande es la fortaleza que está mostrando la población en plena epidemia, no menos vamos a tener que necesitarla en el proceso de desconfinamiento, cuando afloren situaciones críticas no previstas en el escenario y la amenaza de un empobrecimiento social se vaya haciendo desgraciadamente realidad. Sin embargo, no debemos desalentarnos, el ser humano tiene una gran capacidad de supervivencia y saldremos de esta. España posee una rica historia de superación de los más variados conflictos y calamidades, de los cuales ha salido fortalecida en su configuración social y en su aportación a la cultura de otros pueblos.

El cristiano encuentra su defensa y apoyo en Dios. La fortaleza humana es débil e inconsistente, necesita siempre de los auxilios divinos, pero mucho más en el tiempo de la prueba y la desolación. Podremos pelear sin Dios y alcanzar grandes cuotas de progreso, pero la victoria final es del Señor que hizo el cielo y la tierra. Por eso mismo, Dios no es un recurso a la fantasía cuando no se encuentra explicación a la enfermedad y a la muerte, sino la realidad fundante que da sentido a todo y que se nos presenta como “Nuestro refugio y baluarte donde nos ponemos a salvo (Sal 143). El mismo Jesucristo nos dice: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré” (Mt 11,28). Por lo tanto, el creyente no debe confiar sólo en sus fuerzas sino implorar la ayuda de Dios que “hace de lo imposible, lo posible”. Porque como afirmó el sabio Orígenes: “Lo que falta a causa de la debilidad humana, si agotamos nuestras posibilidades, lo completará Dios, que hace recurrir todas las cosas para el bien de los que le aman” (Tratado sobre la oración).

 

 

+ Juan del Río Martín

Arzobispo Castrense de España

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma. Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla. Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana. CARGOS PASTORALES En los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992). El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año. El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".