La solidaridad de la Resurrección

He dado muchas vueltas a la invitación que el Papa Francisco nos hace en la Pascua: hemos de posibilitar la solidaridad de la Resurrección. Ahora que vemos tantos rostros marcados por el dolor de la enfermedad, ante la muerte de seres queridos a los que no podemos despedir como nos gustaría, en estos momentos en los que quizá sentimos impotencia, seguimos viendo gestos de entrega, solidaridad y cercanía, donde el olvido de uno mismo es manifiesto. Y son muy necesarios.

Al igual que Jesucristo, que dio la vida por todos sin excepción, así la solidaridad que deriva de la Resurrección busca hacer llegar a todos los hombres la misma vida de Jesucristo, que solo sabe de vida y no de muerte. Implica, nada más y nada menos, que tengamos la valentía de acoger al Amor, que a su vez impulsa de verdad a la inteligencia humana a abrir nuevos horizontes. Es un amor que no deja a nadie fuera, es un amor que atrae el corazón de todo ser humano, que lo dilata y lo colma de alegría porque sabe de dar y no de retener.

Hay que tener el atrevimiento de inclinarse ante la Verdad que tan bellamente se nos muestra en la Resurrección. Es la osadía que tantas personas cercanas tienen estos días. Me viene a la mente aquella hija que perdió a su madre y a la que, hasta días después, no avisaron de que tenían las cenizas por si quería ir a recogerlas. Se puso rápidamente en camino y me llamó para decirme: «Ya la tengo entre mis brazos. Cuando he cogido las cenizas de mi madre, he sentido en lo más profundo de mi ser una gran serenidad y algo me decía: “Estate tranquila, todo está bien”». Me vienen a la mente también los médicos, enfermeros, religiosos y sacerdotes que dan la vida, arriesgando todo, para que tengamos la salud. Me vienen a la mente aquellos que están disponibles para atender a los enfermos en los hospitales, aquellos que siguen pendientes de los fieles, aquellos que acompañan a las familias en situaciones muy diversas. Me viene a la mente nuestra red de Cáritas, presente en todas las situaciones humanas… Gracias de corazón a todos los que estáis trabajando sin cesar para que los demás perciban la solidaridad de la Resurrección.

Dejadme deciros sin ambigüedades que, cuando uno sitúa su vida ante Jesucristo, cae en la cuenta de cómo nos regala la plena familiaridad con la verdad y la vida –que tienen su máxima expresión y manifestación en la Resurrección– y nos invita constantemente a vivir en ellas. Cuando los seres humanos hemos sabido hacer esto, cuando hemos salido de nosotros mismos, cuando hemos fortalecido la solidaridad y hemos entregado esperanza en medio del sufrimiento, es cuando hemos sido más grandes. Necesitamos dejar de lado el egoísmo y responder a las necesidades de los hombres, como ya hicimos antes. ¿Serán Europa y España capaces de hacer esto mirando a todos?

La Verdad nos busca siempre; dejemos en estos momentos de perseguir intereses personales o de grupo. Ante la realidad de la vida humana que tenemos delante de nosotros, con sus problemas, tristezas y fracasos, tengamos presente que la Verdad es más fuerte que cualquier obstáculo. Pero hemos de ser valientes para vivir desde la Verdad: es Jesucristo, que quiere saber de todos los hombres sin excepción y muy especialmente de aquellos que más necesitan. La verdad de la revelación, la solidaridad de la Resurrección, no se sobrepone a la alcanzada por la razón, pero puedo aseguraros que la purifica y la exalta. Sé que buscáis la felicidad, la alegría y el sentido. Por ello, os invito a todos a que os dejéis tocar la vida por Jesucristo. La Verdad que es una Persona nos busca y nos guía siempre a la caridad, al amor a los demás.

La pandemia nos está llamando a vivir siendo siempre fieles a la verdad del hombre, pues es condición esencial para la libertad y mucho más en estos momentos. ¿No habéis notado que muy a menudo se reivindica la libertad sin hacer referencia a la verdad? ¿Qué objeto tiene la libertad cuando ignora la verdad? La verdad no es una imposición, ni un conjunto de reglas, es el descubrimiento de quien jamás nos traicionará, de quien me puedo fiar plenamente. La solidaridad de la Resurrección tiene un nombre y tiene una propuesta: somos hermanos, salgamos de nosotros mismos y vivamos siempre para los otros, que no son ideas, sino vivas imágenes de Dios. Que la sed de verdad, bondad y belleza impresa en todos los hombres nos impulse a buscar juntos la justicia, la libertad y la paz. Digamos un no rotundo al cinismo y al relativismo. Abracemos a la Verdad, la Bondad y la Belleza que para los cristianos tiene nombre y rostro: Jesucristo.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos, Cardenal Osoro,
Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.