¿Por qué la Iglesia aboga por la cancelación de la deuda?

Mujer trabajadora en el campo. Proyecto apícola. (Archivo)

Es un pequeño paso para muchos países, pero ¿será un paso gigante para la humanidad? El miércoles 15 de abril, los ministros de finanzas de los países del G20 decidieron una moratoria de un año sobre la deuda de los países más pobres. 77 de ellos están agobiados por la deuda, entre ellos 40 países africanos.

La cancelación de la deuda de los países más pobres ha estado por mucho tiempo en los labios de la Iglesia y los Papas. Ya en 1967, en su encíclica Populorum Progressio, Pablo VI abordó la cuestión refiriéndose al desarrollo de los pueblos. El Papa pidió entonces una mejor organización del multilateralismo, de manera que fuera positivo para todos. «Este diálogo entre los que proporcionan los medios y los que se benefician de ellos, explicó, permitirá medir las contribuciones no sólo en función de la generosidad y la disponibilidad de algunos, sino también en función de las necesidades reales y las posibilidades de empleo de otros» (§ 54) Así, «los países en desarrollo ya no correrán el riesgo de ser cargados con deudas cuyo servicio absorbe la mayor parte de sus ganancias».

A medida que la doctrina social de la Iglesia se desarrolla, en un mundo cada vez más interconectado, la cancelación de la deuda seguirá siendo uno de los temas fuertes de la Santa Sede, que plantea en numerosas ocasiones, especialmente ante las Naciones Unidas, donde tiene estatuto de observador.

Un tema para el Jubileo del Año 2000

En 1991, en su encíclica social Centesimus annus, (publicada para el centenario de la Rerum Novarum del Papa León XIII), San Juan Pablo II escribió que «no se puede reclamar el pago de las deudas contraídas si es al precio de sacrificios insoportables» (§ 35). El Papa polaco recordó entonces la necesidad de «encontrar los medios de aliviar, aplazar o incluso extinguir la deuda, compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a su subsistencia y a su progreso» (§ 35).

San Juan Pablo II hará de la deuda uno de los temas del Jubileo del Año 2000. Se basó en particular en la campaña internacional para la cancelación de la deuda de los países del Tercer Mundo lanzada 10 años antes por el Consejo Africano de Iglesias.

La pandemia de coronavirus arroja hoy una dura luz sobre la globalización y sus desequilibrios. Aunque los casos más numerosos de contaminación parecen afectar a los países más industrializados, vuelve a estar vigente la reflexión sobre el reequilibrio de las relaciones económicas y sociales entre el Norte y el Sur. Trabajar contra la «globalización de la indiferencia» de la que habla el Papa Francisco pasa por esto.

¿Por qué es importante esta remisión de la deuda a los ojos de la Iglesia? Le planteamos la pregunta a Mons. Bruno-Marie Duffé, secretario del dicasterio del Servicio de Desarrollo Humano Integral.

Monseñor Duffé plantea que la “dependencia creada por la deuda no permite a las personas, a las comunidades y a los países, desarrollar sus capacidades. Se tiene que romper con la lógica de la dependencia para valorizar la lógica de la afirmación y de la ayuda mutua”. Más adelante señaló: se trata de afirmar una nueva solidaridad internacional”.

 

 

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