Los jóvenes, el voluntariado y Covid 19: una experiencia para no olvidar

Visitas de jóvenes voluntarios a personas en dificultas a causa del coronavirus en la ciudad italiana de Bérgamo

Se llama Floriana Pellicioli y tiene 24 años, sirve en la Cruz Blanca de Milán desde 2015 y, como ella, muchos jóvenes de su edad. El voluntariado es siempre duro, porque es exigente, pero nunca tan arduo como en el último mes desde el Coronavirus se ha propagado en la provincia de Bérgamo donde vive, en Calusco D’Adda, transformando los turnos en 8 horas seguidas e incesantes llamadas, todas Covid, todas importantes. En sólo cinco días hubo incluso 20 muertes en este pequeño pueblo, con lutos y contagios crecientes como en toda la zona de Bérgamo. Muchas familias en cuarentena y muchas destruídas por la pérdida de un pariente o de un amigo.

La respuesta a todo esto ha sido y es la solidaridad, incluso hoy cuando las condiciones generales de las internaciones en los hospitales y las intervenciones de emergencia están mejorando: hay un sistema de compra solidaria para los que tienen dificultades y hay un sistema de asistencia voluntaria que es precisamente el de la Cruz Blanca que proporciona  un servicio como si fuera el 118 (el número de emergencias en Italia), proporciona transporte médico para los pacientes en diálisis, actúa como un centro de reanimación móvil con médicos a bordo y también entrega alimentos o comidas para los necesitados. Y en el equipo, en primera línea, hay jóvenes, en su mayoría veinteañeros, que pudieron – en este período de emergencia, dejando las actividades laborales y escolares – darles el cambio y apoyar a los voluntarios mayores cubriendo turnos pesados físicamente y psicológicamente.

Una experiencia que los ha cambiado y que les hace esperar que, cuando todo termine, quede claro que «nadie se salva solo» y que cada uno «debe hacer su parte por el bien de todos».  Esto es lo que nos cuenta en pocas palabras Floriana, voluntaria y jefa de servicio, que en estos días ha podido hacer mucho, pero no tanto como hubiera querido, con tal de salvar a todos:

R.  – En este momento tengo que admitir que la situación ha mejorado mucho en la realidad, porque, en comparación con hace unas dos o tres semanas, cuando la cantidad de trabajo era objetivamente tantísimo, y se terminaba un servicio e inmediatamente después había otro, todos s de emergencia-urgencia y casi todos Covid, ahora estamos de volviendo, digamos, a la normalidad, al menos como cantidad de llamadas urgentes.

Es una experiencia que, en cierto modo, los ha formado también porque has entrado en contacto con situaciones de dolor, de separación, desprendimiento, de pérdida, a menudo con la conciencia de no poder llegar a tiempo, de no poder lograrlo. Entonces, ¿qué significado ha tenido esto para ti?

R. – Admito que tuve muchas experiencias importantes, en el sentido de que luego regresé a casa y sentí que no había hecho lo suficiente, que no podía hacer lo suficiente, simplemente porque tal vez iba a ver a un paciente, y te dabas cuenta de que el señor o la señora tenían miedo de ir al hospital porque tenían miedo de no regresar más y de no tener más contacto con sus familias, como sigue diciendo la televisión. Y es muy realmente difícil: no sabes qué decirle, intentas decir que todo estará bien sin saber cómo será en realidad. He sabido que algunos de los pacientes que he ayudado,no lo lograron, otros afortunadamente he descubierto que sí, están mejorando y pronto volverán a casa. Pero de todos los demás, por desgracia, nunca sabré si sobrevivieron o no. Así que es bastante difícil. Estoy en la Cruz Blanca desde hace 5 años y nunca he tenido problemas. En cambio, en este período, las las situaciones son todas  difíciles, cada te involucra mucho emocionalmente y además no tienes que ayudar a la gente sólo físicamente sino que tienes que ayudarlos también psicológicamente, tienes que empujarlos a resistir, tienes que convencerlos de que en el hospital la situación mejorará aunque no estés absolutamente seguro de que será así, porque no sabemos cómo irá.

Se ha dicho que una de las cosas buenas de este momento fue el movimiento de solidaridad que surgió de él y el hecho de que todos nos encontramos del mismo lado: ¿es algo que se puede ver? ¿Hubo alguien que correspondiera al amor y la dedicación de vuestro trabajo?

R. – Sí, me di cuenta durante este período que la gente realmente tiene mucha comprensión y  nos estima mucho por lo que hacemos. El otro día una señora me dijo: «Ni siquiera quería llamarte porque no quería molestarte el día de Pascua…». Me di cuenta de que la gente se dio cuenta de que todos estamos en la misma situación y que tenemos que ayudarnos unos a otros porque de lo contrario nunca saldremos de ella.

¿Qué deseas para el futuro cercano y qué te gustaría que quedara de lo que estamos viviendo, ya que al final seguramente seremos distintos, quizás mejor…

R. – Esperemos que así sea. En primer lugar, espero que la gente se dé cuenta de que todos somos iguales y, sobre todo, que siempre debemos ayudarnos unos a otros; que no podemos ser egoístas y pensar sólo en nosotros mismos, sino que cada uno debe hacer lo suyo para mejorar la comunidad.

Te pregunto si tienes fe y si por casualidad rezaste una oración por quienes acudías o por quien dejabas atrás…

R. – Sí, yo tengo fe y sí, ciertamente recé por aquellos a los que acudí, incluso antes de este período en realidad.

 

 

Ciudad del Vaticano