¿Ver para creer o creer para ver?

No se trata de un juego de palabras o de una adivinanza, sino de una alternativa muy importante para la vida. Se trata de creer o no creer, hoy, en Jesucristo. No es una cuestión actual, puesto que ya se planteó entre los apóstoles de Jesús. Concretamente, la cuestión se plantea entre el apóstol Santo Tomás y los demás discípulos, tal como en este domingo segundo de Pascua escucharemos en la proclamación del evangelio en todas las celebraciones.

Hay que recordar brevemente el pasaje evangélico. El domingo, los apóstoles han vivido el encuentro con Jesús resucitado, pero Tomás no estaba allí. Atención: los apóstoles “ven y creen”. Cuando, pasados ocho días, Tomás se incorpora al grupo y escucha el relato de sus compañeros no puede creerlo, y manifiesta “que si no ve en las manos la marca de los clavos y no mete la mano en la herida del costado no se lo creerá”. Él quiere ver para creer.

El domingo siguiente, el Señor resucitado se hace presente nuevamente entre los discípulos, y entonces Tomás sí está con ellos. Jesús, después de saludarlos y desearles la paz, se dirige a Tomás: mírame y tócame, no seas incrédulo. ¡Sé creyente! Tomás responde: “¡Señor mío y Dios mío!”. Y Jesús le dice: “¿Porque me has visto has creído? ¡Felices quienes creerán sin haber visto!”.

Las dudas de Tomás me han hecho pensar en personas próximas y queridas que necesitan ver. A la vez, me ha hecho pensar la respuesta de Jesús resucitado: mírame, pálpame, y felices quienes creerán sin haber visto.

Ciertamente ha sido así a lo largo de la historia: hay que ver las cosas para tener experiencia de ellas. Pero la cuestión es cómo creer sin que, de alguna manera, se vean señales que ayuden a ello.

Ciertamente, hoy no podemos contemplar con nuestros ojos humanos al Señor Resucitado, pero esto no impide que también, de alguna manera, necesitemos ver, en el sentido de conocer, señales de su resurrección para afianzar nuestra fe.

¿Dónde ver estas señales del Resucitado?

Los cristianos, nuestras comunidades, ¿podemos decir “miradnos y veréis”, como dijo Jesús a Tomás?

¿Qué deberían “ver” en nosotros?

Que vivimos a fondo la mejor noticia dirigida a la persona y a la humanidad: Dios nos quiere tanto y se ha encarnado como uno de nosotros en Jesús para ofrecernos la posibilidad de vivir amando y de llevarnos a saborear del todo la vida, el amor y la felicidad que probamos y deseamos. Deberían ver cómo nos queremos entre nosotros y como amamos a todo el mundo, hasta el perdón de quienes nos han hecho o nos hacen daño.

Deberían ver que creemos en la resurrección, es decir, que la injusticia, la muerte y sus amigos, el fracaso… han sido vencidos por la muerte y resurrección de Jesús, y que podemos participar de ello. Es decir, deberían notar que se lucha contra toda injusticia, que se defiende siempre la vida y los derechos de las personas.

Tendrían que ver que para nosotros toda persona disfruta de la gran dignidad de ser hijo o hija de Dios…

También deberían constatar que las celebraciones de la fe y la plegaria nos dan vida y nos capacitan para ser coherentes entre fe y vida.

¿Lo ven, realmente?

Ciertamente hay que creer para ver, ¡pero también hay que ver algunos signos o hechos para creer!

 

Mn. Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 433 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.