Pascua: fiesta de fe y esperanza

El domingo de Pascua María Magdalena va al sepulcro. Su corazón estaba lleno de amor y de dolor. Dolor por la muerte del Señor: ella lo había seguido y la había servido; Él había dado luz y sentido a su vida. Sin embargo, el dolor no ha matado su amor. Por eso, cuando todavía estaba oscuro, va al sepulcro, no sólo para alimentar el dolor, sino como gesto de amor.

Las cosas no están como ella imaginaba. La losa quitada. Piensa que han robado el cuerpo y avisa a los apóstoles. Pedro y el discípulo que Jesús tanto amaba acuden también y, a partir de ese momento, los discípulos comenzarán a vivir un camino interior que les llevará a ser recuperados para la fe. Cada uno de ellos debe vivir su proceso. No hay dos que sean iguales. A unos les cuesta más creer que a otros. El discípulo a quien Jesús amaba, al ver como estaba la sábana con que la habían amortajado y el pañuelo que le habían cubierto la cabeza, «vio y creyó». Entendió «que, según las escrituras, Jesús debía resucitar de entre los muertos». En cambio otros tienen más dificultades. Tomás, por ejemplo, necesita ver a Jesús, quiere tocar su cuerpo,

Este hecho nos debe llevar a una primera reflexión: Pascua es buena noticia para todos los hombres, no sólo para los que ya somos creyentes. Jesús quiere llegar a todos, pero respetando el camino de cada uno, como lo hizo con sus discípulos. Del mismo modo que se hizo presente en su camino adaptándose a la situación de cada uno de ellos, también hoy quiere hacerse presente en nuestro camino adaptándose a cada situación personal. El Señor quiere llevar a todos a la fe, pero respetando los ritmos de cada persona.

A los que tenemos el gozo de creer en Jesucristo y hoy reavivamos nuestra fe, esto nos debe llevar a mirar a todos pensando que Él buscará y encontrará la forma de hacerse presente en su vida. La celebración de la Pascua no es porque condenamos a un mundo no creyente, sino porque nos alegramos de nuestra fe y crecemos en el deseo de que todos lleguen a conocer y amar.

La fe en Cristo Resucitado sostiene nuestra esperanza. En los momentos de dificultad, cuando no vemos salida a las situaciones que estamos viviendo, la Pascua nos anuncia que la luz nos viene de Cristo; cuando nos sentimos tentados a pensar que la prepotencia del mal se apodera del mundo, no olvidemos que la victoria está en la omnipotencia del amor del Resucitado, una omnipotencia que nos lleva a un Reino que no es de este mundo. Los santos, los mártires, los cristianos que han vivido la fe fielmente, han conseguido esa victoria de Cristo resucitado, porque aunque muchas veces no eran comprendidos vivían desde la certeza de que la victoria es de Cristo. Pascua es la fiesta que sostiene nuestra esperanza.

Que el Señor Resucitado sostenga nuestra fe y nuestra esperanza en este tiempo de dolor y sufrimiento. Buena pascua a todos.

+ Enrique Benavent Vidal,
  Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
Acerca de Mons. Enrique Benavent Vidal 210 Articles
Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.