Los católicos de Tailandia en tiempos de pandemia

«Aceptar, adaptarse y seguir adelante». Es el lema con el que la comunidad católica de Tailandia vive esta época de pandemia de coronavirus. En este país de mayoría budista, en el que viven sesenta y ocho millones de habitantes, los católicos son apenas trescientos cincuenta mil. Sin embargo, a pesar de la emergencia sanitaria han logrado vivir la Semana Santa y la solemnidad de Pascua con un espíritu de comunión, dando vida a esa «Iglesia doméstica» en el hogar y en la familia, y con el apoyo de la tecnología han logrado seguir las celebraciones en vivo por radio, televisión o a través de las redes sociales.

Iglesia doméstica y creatividad

El Arzobispo de Thare-Nonseng, Louis Chamniern Santisukniran, explica a la agencia de noticias Eglise d’Asie:

“Fue ciertamente una Pascua inusual. Los fieles no pudieron reunirse para celebrar la Resurrección de Cristo, pero pudieron vivirla a través de una pantalla. A pesar de esto, han aceptado la cuarentena y el aislamiento porque entienden que es una forma de luchar contra el coronavirus”

De modo que ante la imposibilidad de celebrar las Misas con la participación del pueblo de Dios, la Iglesia tailandesa se adaptó recurriendo a la creatividad, afirma el Arzobispo:

“Desde el comienzo de la pandemia de COVID-19 hemos transmitido todas las celebraciones sin fieles desde la Catedral, tanto por Internet como por radio. También difundimos el Rosario e invitamos a todos los fieles a meditar la Palabra de Dios y a rezar en casa”

También la misa matutina que el Papa Francisco preside en la capilla de la Casa de Santa Marta, en el Vaticano, es muy popular en Internet y algunos fieles comentan:

“La vemos en el ordenador. La homilía del Papa nos permite vivir la fe con valentía y confianza y nos muestra eficazmente el rostro de la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica”

De la misma manera, para muchos católicos tailandeses la suspensión de todas las celebraciones públicas se está convirtiendo en una oportunidad para comprender más profundamente la experiencia de aquellos que, incluso antes, no tenían la posibilidad de acercarse al Sacramento de la Eucaristía, como los enfermos, los discapacitados o los que están encarcelados. De ahí que señalen:

“Ahora, todos compartimos este sufrimiento y todos sentimos la falta de la Eucaristía como sacrificio. Pero, al mismo tiempo, todos dicen que son conscientes de que, junto con Cristo Resucitado, pasaremos de las tinieblas a la luz, del dolor a la alegría y de la muerte a la vida”

 

 

Ciudad del Vaticano