Diario de un pastor ante el Covid-19. 15/04/2020

CONTAGIAR ESPERANZA

         Larga y pesada se está haciendo la cuarentena del Covid19. Muchos son los infectados y caminamos en España hacia la cifra de los veinte mil muertos. Afloran tensiones en las casas, desaliento en las personas y el pánico hace sus estragos en la ciudadanía. Se valoran los esfuerzos de médicos, sanitarios, personal de residencias de mayores, policías, militares y demás componentes que se encuentran en primera línea de batalla contra el enemigo invisible de esta pandemia del coronavirus.

Es valiosa esa lucha mencionada de tantos colectivos y los esfuerzos para encontrar pronto una vacuna que cure y frene la propagación de este mal. Sin embargo, es necesario no olvidar en este tiempo de crisis global, que el ser humano es un espíritu encarnado en el mundo, que necesita del antivirus de la esperanza parar frenar el desaliento espiritual, el pesimismo existencial y la arrogancia egoísta.

Por eso mismo, es vital suscitar razones para la confianza, que nos hagan sentir que la enfermedad y la muerte no pueden tener la última palabra de la historia. Porque si eso fuera así, tendríamos que aceptar el mito griego: la caja de Pandora se ha abierto y ha vertido sobre el mundo todos los males y enfermedades desconocidos para el hombre y que sólo los dioses nos han dejado la engañifa de la esperanza para que nos consolemos, porque al fin y al cabo nadie puede cambiar el destino, como diría el filósofo M. Heidegger somos “un ser-para-la-muerte”.

Sin embargo, nos resistimos a ese funesto planteamiento, porque hay en nosotros un anhelo de eternidad, felicidad y perfección que configuran las esperanzas humanas que tiene todo hombre que viene a este mundo. Ahora bien, la tradición judeocristiana lleva a la criatura a levantar sus ojos por encima de las esperanzas materiales que son caducas como ella. De modo que, desde nuestra libertad, voluntad y acción pongamos la confianza del corazón en Alguien que nos sobrepasa y nos acompaña (homo viator) hacia la plenitud eterna. Ese Ser supremo es el origen de la esperanza que nunca defrauda, por eso el creyente dirá una y otra vez: “Dios mío confío en ti…tú eres mi esperanza desde mi juventud…tú eres mi refugio y fortaleza donde me pongo a salvo…” (Sal 25; 28; 71; 119). Esta esperanza basada en la fe en Dios, no invalida las esperanzas humanas por efímera que sean, sino que bien conducida nos puede llevar al amor a Dios y a los hermanos.

Pero dice San Agustín que: “un gran médico bajó del cielo porque había un gran enfermo que curar: todo el mundo” (Sermón 175). El objeto de la esperanza cristiana no es otro que Cristo, Dios Humanado, Médico de nuestras almas y cuerpo, Aquel que pasó por todas las necesidades del hombre y venció a la misma muerte con su Resurrección. Por eso hemos cantado en la noche Pascual “¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!”.

Esta confianza en el gran Viviente produce: gozo frente a tristeza, seguridad ante desalientos, ilusión cuando llega la desesperación, vida eterna ante aquellos que nos condena al vacío. En esta situación de pandemia, nos exhorta el Papa Francisco a contagiar esperanza: “Que se trasmite de corazón a corazón, porque todo corazón humano espera esta Buena Noticia… No se trata de una fórmula mágica que hace desaparecer los problemas. No, es eso la resurrección de Cristo, sino la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no pasa por encima del sufrimiento y de la muerte, sino que los traspasa, abriendo un camino en el abismo, transformando el mal en bien, signo distintivo del poder de Dios” (Vaticano 12.4.2020). ¡Que nadie nos oculte o robe esta esperanza, que ningún poder de este mundo nos impida proclamar esta Esperanza que sana y salva al mundo!

 

 

+ Juan del Río Martín

Arzobispo Castrense de España

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma. Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla. Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana. CARGOS PASTORALES En los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992). El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año. El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".