Reacciones en el mundo a la carta del Papa a los movimientos populares

Trapos rojos cuelgan de una ventana para servir a las personas que viven en barrios pobres como una señal de socorro para recibir ayuda y subsidios del gobierno, en medio del brote de la enfermedad por coronavirus en Soacha, Colombia.

El Papa expresó su cercanía a las luchas que libran cada día los más pobres, de quienes dijo: «son un verdadero ejército invisible que lucha en las trincheras más peligrosas (…) sin más arma que la solidaridad, la esperanza y el sentimiento de comunidad que se renueva en estos días en los que nadie se salva».

También el Obispo de Roma abogó por un salario universal, pues lo pobres viven “día a día sin ningún tipo de garantía legal que les proteja”. El Papa insiste en que una vez pase la pandemia, es importante poner a las personas en el centro de la vida.

Reacciones a la carta de Francisco a los movimientos populares

Carolina Parrales, laica, organizadora comunitaria con Fe en Acción, Los Ángeles

La carta del Papa Francisco me ha dado mucha fuerza al ver como nuevamente nos invita a seguir nuestro trabajo y nos llama «el ejército sin más arma que la solidaridad» y en verdad en estos días mi única arma para continuar mi ministerio es saber que hay personas que necesitan más que nunca estar conectadas y no aisladas en sus hogares.

Velar por aquellas grandes partes de la población que se ven mayormente afectada y menos beneficiadas durante esta situación es nuestra prioridad actual porque son las mismas líderes de nuestro movimiento las que viven en esa misma situación: Trabajadoras del hogar, niñeras, choferes, etc. hermanos que no tienen un sueldo mensual fijo y no tienen tampoco ningún beneficio social ni médico aun, aquí en este país desarrollado.

La ayuda mutua ha sido una herramienta hermosa entre las familias con las que trabajo. Tenemos grupos de WhatsApp donde nos comunicamos y estamos pendientes de los demás. Estamos haciendo alcance a través de llamadas telefónicas, recaudando historias y presentándolas a las autoridades locales para ver que se puede hacer.

Aquí en California seguiremos en la lucha por conseguir que se reconozca la dignidad de ese trabajador esencial, ese contribuidor de impuestos que paga justamente su obligación como todo otro residente pero que injustamente se ve excluido por no poseer un número de seguro social. Y esperamos ganar un beneficio financiero de emergencia.

Papa Francisco seguiremos como el ejército invisible luchando por que se reconozca la dignidad de todo ser humano sobre todo ese que vive en las periferias, pero está al centro respondiendo con su esfuerzo y dedicación durante esta época de emergencia mundial.

Monseñor José H. Gómez, arzobispo de los Ángeles

Aquí, en el país más próspero del mundo, hemos sido humillados y castigados por la pandemia de coronavirus. Muchos de nosotros, por primera vez, compartimos ahora la inseguridad y la ansiedad que definen la vida ordinaria de millones de nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo. Muchos han perdido sus trabajos repentinamente y están preocupados por cómo van a mantener a sus familias. Muchos están enfermos sin acceso a tratamientos y equipos médicos adecuados. Muchos sienten estrés y miedo, sintiendo que su futuro depende de fuerzas más allá de su control y de decisiones tomadas por otros.

La carta de nuestro Santo Padre nos recuerda que el peso de esta pandemia, como el peso de todas las crisis sociales, lo soportan los pobres y los que viven al margen de la sociedad. También me preocupan profundamente los crecientes costes personales y sociales de esta pandemia, y especialmente el coste emocional, mental y espiritual que sólo crecerá a medida que las políticas de aislamiento social continúen en un futuro indefinido.

Como sociedad, estamos viendo muy claramente en esta emergencia de salud que somos responsables unos de otros y que estamos llamados a servirnos y a cuidarnos unos a otros. Esta es una hermosa verdad de la que somos testigos todos los días durante esta pandemia, en nuestros hospitales y hogares, en nuestras organizaciones de beneficencia, y en todos los silenciosos y no vistos actos de auto-sacrificio y servicio en nuestras familias y comunidades.

Monseñor Salvatore Cordileone, arzobispo de San Francisco

«Uno mi voz a la del Papa Francisco para agradecer a nuestros hermanos y hermanas de los movimientos y organizaciones populares por ser el rostro del Cristo compasivo, el rostro del Cristo sufriente.  Incluso con los programas patrocinados por el gobierno, en tiempos de crisis siempre son los pobres los que más sufren, especialmente los que viven en las sombras de la sociedad. Gracias por ser el ejército invisible, luchando en las trincheras más peligrosas, llevando luz, sustento y esperanza a los más queridos de nuestro Dios amoroso».

Monseñor Robert McElroy, obispo de la diócesis de San Diego

«En medio de nuestro aislamiento, miedo y soledad en estos días de pandemia, experimentamos la profunda vulnerabilidad que une a cada hombre y mujer en el peligro común. Sin embargo, en esta misma vulnerabilidad también vemos reflejadas en nuestro mundo las cicatrices de las divisiones de raza y clase que componen cada elemento del sufrimiento que el coronavirus trae para los pobres, los destrozados y los marginados.

Los elementos fundamentales de la dignidad humana que nuestra sociedad está intentando reunir en este momento de crisis como base para la supervivencia -ingresos familiares básicos, atención sanitaria, vivienda y acceso al empleo- no son los requisitos previos para un solo momento de vulnerabilidad. El Papa Francisco nos recuerda hoy que son los cimientos duraderos de un orden de justicia que refleja el poder transformador de la Resurrección de Jesucristo que celebramos en esta y cada Pascua».

James Martin, SJ, sacerdote jesuita y escritor

«El Papa Francisco recuerda una vez más, y ahora en medio de una pandemia, cómo las catástrofes mundiales golpean con más fuerza a los pobres y marginados. Y nos pide, como lo hizo Jesús, que recordemos a estos hermanos y hermanas mientras tomamos decisiones para el bien común de nuestro mundo.»

Timothy P. Kesicki, S.J., presidente de la Conferencia de los Jesuitas de Canadá y Estados Unidos

«El Papa León XIII escribió una vez que ‘siempre que el interés de una clase particular sufre, o es amenazado con un daño, que de ninguna manera puede ser prevenido, la autoridad pública debe dar un paso adelante para lidiar con ello. Ciento veintinueve años después, el Papa Francisco continúa este mensaje pidiendo un salario básico universal para proteger los derechos y la dignidad de los trabajadores. No podemos simplemente sobrellevar esta pandemia, el Papa Francisco nos llama a una conversión y transformación más profunda como Pueblo de Pascua. Ahora estamos llamados a actuar y asegurar que todos los trabajadores sean atendidos en este momento crítico».

 

 

Ciudad del Vaticano