Diario de un pastor ante el Covid-19. 03/04/2020

EN DEFENSA DE LOS ANCIANOS

         Cuando se ha cumplido el decimoquinto aniversario de la muerte de san Juan Pablo II, su Carta sobre los Ancianos (Roma 1999) es de máxima actualidad ante las voces de los representantes de la ética utilitarista de dejar a su suerte a los ancianos infectados por el virus del Covid-19. Ante ese descarte, traemos el reciente documento de la Pontificia Academia para la Vida, Pandemia y Fraternidad Universal (Roma 30.3.2020), que recoge el pensamiento de 163 académicos y científicos procedentes de los cinco continentes que forman dicha Institución. En dicho escrito se afirma con toda claridad:

“Las condiciones de emergencia en las que se encuentran muchos países pueden llegar a obligar a los médicos a tomar decisiones dramáticas y lacerantes para racionar los recursos limitados, que no están disponibles para todos al mismo tiempo… La edad no puede ser considerada como el único y automático criterio de elección, ya que si fuera así, se podría caer en un comportamiento discriminatorio hacia los ancianos y los más frágiles…el racionamiento debe ser la última opción”.

La mentalidad hedonista y materialista del culto a lo joven y desecho de lo viejo, piensa que los ancianos son una gran carga para el Estado, ya que supone grandes gastos sanitarios, pensiones, residencias etc. Todo ello es una servidumbre que se debe aligerar para salvar la entronizada “sociedad del bienestar”, olvidando todo lo que ellos contribuyeron a conquistar esos niveles de vida. Pero si algo ha puesto en evidencia esta pandemia del coronavirus, es precisamente el modelo de desarrollo económico y la desestabilización existencial que esta causando.

A lo largo de la historia ha habido muchas guerras y hecatombes, viviéndose situaciones límite de escasez de medios de todo tipo. Sin embargo, la creatividad de los profesionales de la salud y de otros colectivos implicados han salvado muchas vidas: “Porque en cualquier caso, nunca debemos abandonar al enfermo, incluso cuando no hay más tratamientos disponibles: los cuidados paliativos, el tratamiento del dolor y el acompañamiento son una necesidad que nunca hay que descuidar” (PFU).

La mayoría de la ciudadanía reconoce que una sociedad no puede subsistir sin la referencia a las personas mayores. Porque ellas son iguales, en dignidad y derechos, a cualquiera de nosotros, son testigos de una época y depositarios de la memoria colectiva. Representan un tesoro especialísimo, porque enseñan a las nuevas generaciones la “sabiduría de la vida”. Personifican la garantía del afecto y de la ternura que todo ser humano necesita dar y recibir. En África se dice que, cuando muere un anciano, “ha desaparecido una biblioteca”.

Es verdad que los abuelos, en esta espantosa epidemia, son personas altamente vulnerables, pero el sentido de protección de los estamentos gubernamentales a todos los niveles es grande, aunque haya sus deficiencias. La mayoría de las familias hace todo lo que puede y está a su alcance. La Iglesia Católica, con sus fieles, sacerdotes, religiosos y religiosas permanecen en la brecha de la atención a la tercera edad y en las capellanías de los hospitales. Ahí están las instituciones samaritanas, como Caritas, con su programa para personas mayores, intensificado en estos tiempos calamitosos. También hay otros muchos colectivos solidarios que se las ingenian para arrimar el hombro en las residencias de ancianos, o bien para que no les falten los alimentos y la ayuda a los que se encuentran confinados en sus viviendas.

No podemos olvidar la sacrificada y comprometida labor que están llevando, en este sector de la población, nuestras Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado Español. Y todo esto se hace porque estamos convencidos de aquello que nos dice el Papa Francisco: “El anciano no es un extraterrestre. El anciano somos nosotros: dentro de poco, dentro de mucho, inevitablemente, aunque no pensemos en ello. Y, si no aprendemos a tratar bien a los ancianos, así nos tratarán a nosotros” (Roma 4.3.2015).

 

 

+Juan del Río Martin

Arzobispo Castrense de España

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma. Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla. Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana. CARGOS PASTORALES En los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992). El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año. El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".