Reflexiones de un Pastor ante el coronavirus

Han pasado días desde que fue declarado el estado de alarma en nuestro país, y desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró oficialmente que el coronavirus era una pandemia, un problema global ante el que todos los países iban a tener que poner mucho de su parte para combatirlo. Otras pandemias ya golpearon a la humanidad a lo largo de la historia, pero era difícil imaginar que en una época de tantos avances en el campo de la biotecnología, íbamos a ser sacudidos de esta manera por un pequeño virus. Esta pandemia está produciendo una importante crisis sanitaria y acabará ocasionando una crisis económica de grandes dimensiones, que afectará sobre todo a los más pobres y vulnerables.

Esta auténtica emergencia planetaria debe servir para reflexionar, para replantear la manera como vivimos, nuestras supuestas necesidades, los ritmos, los gastos, las urgencias y las prioridades. Ahora mismo, nuestra vida diaria ha sufrido una serie de cambios ciertamente drásticos, y no queda más remedio que adaptarse a la nueva situación. Conviene recordar que de cada una de las crisis que la humanidad ha padecido, ha podido salir gracias al esfuerzo y la voluntad, a la capacidad de resiliencia que hay en cada uno de nosotros. Ojalá salgamos de esta crisis más maduros, más responsables, más sensatos y solidarios.

En estos momentos me gustaría compartir algunas reflexiones con todos vosotros. Son, pues, las reflexiones de un pastor ante el coronavirus. Querría reflexionar sobre tres lecciones que podemos aprender: volver la mirada hacia Dios, hacer un alto en el camino y redescubrir al hermano. Hoy reflexionaré sobre el primer punto: estamos invitados a volver nuestra mirada hacia Dios.

Lo primero es volver la mirada y el corazón a Dios, y ampararnos en su misericordia; cambiar nuestra vida, dejarnos convertir por él. Es la actitud propia del tiempo de cuaresma, en el que nos encontramos. La conversión es como nacer de nuevo, es  una renovación de las actitudes, de la mentalidad, de los criterios y de los valores. Es un cambio profundo en la vida, una renovación interior que comporta una nueva orientación general. Significa volver a Dios, reorientar la ruta, la meta de la vida para que el eje vertebrador sea Cristo, para que Él sea el centro que articula todos los demás elementos: familia, trabajo, aficiones, compromiso político, voluntariado, en definitiva, toda la vida.

El progreso de la ciencia y de la técnica en nuestro mundo es muy grande, con un dominio de las fuerzas de la naturaleza aparentemente ilimitado, hasta el punto de llegar a la clonación de seres vivos. Sintiéndose el ser humano tan poderoso, podría caer en la tentación de pensar que ya no hay necesidad de Dios, porque tiene la capacidad de construir todo lo que desee. Pero no olvidemos que esta historia no es nueva, es la historia de la construcción de la torre de Babel, según relata el libro del Génesis (cf. Gn 11, 1-9). Quisieron ocupar el lugar de Dios, y por su soberbia quedaron confundidos y divididos.

El hombre lleva en sí mismo una sed de infinito, una nostalgia de eternidad, una búsqueda de belleza, un deseo de amor, una necesidad de luz y de verdad, que lo impulsan hacia el Absoluto; lleva en sí mismo el deseo de Dios. Dios es la Realidad misma, con mayúsculas, la Vida misma. El sentido de la vida del hombre es recibir el amor de Dios, conocerlo, creerlo y vivirlo; compartirlo y comunicarlo; amar a Dios con todas las fuerzas y al prójimo como a sí mismo. En nuestra vida, en nuestras familias, en nuestra sociedad, demos a Dios el lugar que le corresponde, el primer lugar.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.