Diario de un pastor ante el Covid-19. 27/03/2020

LA PIEDAD POPULAR EN EL CORONAVIRUS

La modernidad ilustrada y de progreso siempre ha visto con recelo las manifestaciones de la religiosidad popular, como algo anticuado, símbolo de épocas pasadas, poco letrada … Ahora, últimamente, se le da una categoría de “cultura popular”, pero silenciando los elementos religiosos. También algunos planteamientos pastorales han querido hacer un catolicismo racionalista y docto, lejos de los sentimientos y tradiciones del pueblo.

Por otra parte, el pasado 15 de marzo, vimos al Papa que, en plena pandemia del Covid-19, caminaba solitario por las calles de Roma para rezar y depositar un ramo de flores ante la Virgen Salus Populi Romani, protectora de Roma. Luego, siguió peregrinando hacia la Iglesia de San Marcello al Corso, para arrodillarse ante el Cristo milagroso que los romanos sacaron en procesión durante la peste de 1522. Francisco es todo un ejemplo de buen pastor, que siente y valora la piedad popular, que con estos gestos expresa lo que nos dijo en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: “Se trata de una verdadera espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos. No está vacía de contenidos…Es una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia, y una forma de ser misioneros” (nº 124).

Ahora, en pleno siglo XXI, parecía que los avances científicos iban a solucionar los grandes males. Sin embargo ocurre que una pandemia no prevista hace tambalear todo el proceso de globalización de nuestro mundo, en sus múltiples sectores. Se quiera reconocer o no, esto nos debería hacer menos autosuficientes, más humildes. Así podremos aclarar nuestras mentes para responder a los muchos interrogantes que nos planteamos los creyentes y hombres y mujeres de buena voluntad, que deseamos encontrar un sentido a lo que está pasando. Cuando vemos que los medios humanos están desbordados ante la virulencia del coronavirus, ¿Qué hacemos? ¿Tenemos que admitir que sólo nos queda la triste resignación?

¡No solamente de cosas materiales vivimos las personas! (cf. Mt 4,4). La fe en Dios no quita nada a las ciencias de la salud, pero puede ayudar mucho cuando nos estamos jugando la vida o la muerte. No despreciemos o infravaloremos la fe de los sencillos y sus expresiones de piedad porque consuelan, confortan, dan esperanza y crean fraternidad en las más variadas situaciones límites que ha podido vivir la humanidad. ¡Todas las ayudas son pocas en estos tiempos calamitosos!

La “mística popular”, a través las advocaciones populares de Cristo, la Virgen y los Santos, se convierten en intercesores de nuestra salud y bien morir. Así lo entiende nuestro pueblo, cuando rezan, hacen una promesa o encienden una lamparilla a la Patrona de su pueblo o al Cristo de su Cofradía. Ellos saben pasar del “amor a lo visible y llegar al amor de lo invisible” (2Cor 4,18). Esto nos lo ratifica el Papa cuando dice: “Pienso en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo, que se aferran a un rosario, aunque no sepan hilvanar las proposiciones del Credo, o en tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde hogar para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado” (EG 125).

 

 

+ Juan del Río Martín
Arzobispo Castrense de España

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma. Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla. Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana. CARGOS PASTORALES En los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992). El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año. El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".