El ser niños en tiempos del Coronavirus

“¿Cuándo reabrirán las escuelas?”. Desde hace semanas, los padres italianos, y con el pasar de los días cada vez más padres de otros países, escuchan esta pregunta de sus hijos sorprendidos y «suspendidos» debido a la emergencia sanitaria por la infección del Coronavirus. Es una cuestión a la que no se estaba acostumbrado en esta parte del mundo, una situación sin precedentes dentro de una condición de vida sin precedentes. Y sin embargo, precisamente esta es la dramática cuestión que millones de padres – pensemos en Siria por ejemplo – también en los últimos años han escuchado de sus hijos en países desgarrados por la guerra, terribles enfermedades o desastres naturales que, a pesar de los muchos y sinceros llamamientos del Papa Francisco, nos parecían tal vez demasiado lejanos para ser atendidos.

Ahora bien, en este panorama de 2020 que ha trastocado tantos hábitos y puesto en crisis muchas certezas, incluso los niños de los países «más afortunados» se encuentran viviendo una situación similar (y sin embargo menos traumática) que muchos de sus coetáneos de otras naciones. Es agradable constatar, y hay innumerables ejemplos, que el virus no ha afectado la creatividad de los niños. Y es igualmente extraordinario y conmovedor ver cómo muchos de ellos se solidarizan con sus coetáneos de una manera que, al retomar la Declaración de Abu Dabi, expresa auténticamente la dimensión de la «fraternidad humana», de sentir verdaderamente que todos son hijos del mismo Padre y, por lo tanto, todos son verdaderamente hermanos entre sí. Muchos han visto el vídeo de los escolares de Zambia que, guiados por su maestro, nos recuerdan que «Italia es una nación muy fuerte que ha superado tantos obstáculos en la historia» y que, por lo tanto, «lo logrará» también esta vez. En Alepo, una ciudad mártir de Siria, los niños cristianos rezan por sus semejantes en Italia. Espontáneamente, han ofrecido el Vía Crucis del segundo viernes de Cuaresma precisamente por los niños que, a causa del Coronavirus, no pueden ir a la escuela en Italia. Una privación que ellos conocen bien, por desgracia.

Especialmente significativo es también lo que describe el Hospital Pediátrico Bambino Gesú de Roma, que en estos días comparte a través de sus perfiles sociales, el aliento de quienes, superando incluso enfermedades muy graves, envían mensajes de esperanza a los que están en la prueba a causa de la emergencia sanitaria. Es el caso de Rayenne y Djihene, dos gemelas siamesas separadas en noviembre de 2017, que desde su casa en Argelia enviaron a los médicos del Bambino Gesú y a los niños hospitalizados una foto con el infaltable dibujo del arco iris acompañado de las palabras «Todo irá bien». También es fuerte el mensaje que viene de Nicolás, de 6 años, que ha vuelto a respirar de forma independiente gracias a la implantación el año pasado de un bronquio impreso en 3D. Una intervención sin precedentes en Europa. Hoy Nicolás sonríe a la vida y también sonríe en la imagen del Bambino Gesú que compartió en Twitter con un mensaje del pequeño que da valor y esperanza a los niños y a sus padres.

Cerca y junto a este diálogo «distante» entre niños, también es interesante observar cómo el diálogo intergeneracional encuentra nuevas formas de expresión en la época del Coronavirus. Como es bien sabido, en el Ángelus del domingo pasado, el Papa nos instó a responder a la pandemia del virus «con la universalidad de la oración, la compasión, la ternura». Este último distingue precisamente la actitud, el «estilo» de los niños en particular hacia sus abuelos, las personas más frágiles hoy en día a causa de Covid-19. Obligados a mantenerse alejados de ellos para protegerlos, una de las paradojas que vivimos en este período, los niños no han renunciado a comunicarse con ellos, a compartir experiencias y sentimientos, ayudándose también con el potencial que ofrece la tecnología de la información. Esto también, después de todo, es una «cultura del encuentro». Un encuentro entre raíces y futuro que el virus no pudo romper.

 

 

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