Carta a los mayores

Queridos mayores:

Os escribo en estas circunstancias difíciles que a todos nos ha tocado vivir y que ninguno de nosotros podía esperar. De pronto, un virus peligroso y agresivo ha puesto en jaque a una sociedad moderna y con un alto bienestar que, según parecía, lo había resuelto casi todo y ya casi nada extraordinario tenía que temer. El “Coronavirus” nos ha cogido descolocados, ha venido para todos y a todos nos está afectando de un modo u otro. Tiempo habrá para sacar conclusiones de lo que nos está sucediendo.

A los que está agrediendo con toda su virulencia y agresividad es a los que ya somos mayores y hemos ido gastando energías al paso de los años, siempre al servicio del bien común. No es justo que se fije en nosotros, pero es ley de vida; la enfermedad, aunque aceche a todos, es el santo y seña de los más débiles y gastados. En esta pandemia, dicen las estadísticas que, los mayores somos los más vulnerables. Pero lo que no sabe este bicho es que los mayores, aunque seamos los más débiles físicamente, tenemos acumulados unos valores que hacen que nuestra capacidad de lucha y resistencia sea muy grande. El Coronavirus ha de saber que nos coge bien preparados y que tenemos otros medios para resistirle.

Nosotros, por edad y experiencia, hemos llenado la vida de bien, de amor y de alegría, aunque no nos han faltado desilusiones, luchas y penas. Todo eso nos ha preparado para que nada nos coja de improviso, sobre todo porque en la balanza que mide la vida, la esperanza siempre tuvo más fuerza que el desencanto y la derrota. No le tememos ni a la muerte, porque cuando ésta llegue sabemos que antes hemos tenido la suerte de encontrar el tesoro escondido del amor de Dios, que nos ha dado la vida eterna en Jesucristo. Hemos aprendido, por la fe y la esperanza, que no hemos de tener miedo a mirar a Dios cara a cara; porque cuando estamos con Él, siempre lo sentimos misericordioso. Esta es la gran verdad de nuestra vida, la que más deja en ridículo a quien se ceba con los mayores, sobre todo en estos tiempos en los que se pretende arrinconarnos y anularnos.

Ha de saber también el virus que nuestra resistencia no será pasiva y resignada; seremos los primeros en cumplir, fielmente, con las normas que nos indican las autoridades. No le vamos a dar ninguna facilidad. Y si nos hiere, estamos convencidos de que la sociedad nos va a cuidar con la misma heroicidad con que lo está haciendo ahora. Tenemos la certeza de que este virus va a despertar el aprecio por los mayores. También, estamos seguros de que las familias y toda la sociedad nos está mirando con afecto preferente; especialmente a los que estáis solos y a los que compartís vida en las residencias de mayores, que siempre hacen una labor humanizadora y, en muchos casos, también evangelizadora. Estamos convencidos de que, en la situación de fragilidad compartida  que estamos viviendo, descubriremos el valor y la fuerza del cariño a los mayores.

Queremos que el virus sepa que nuestra sabiduría es resistente y tiene un arma extremadamente poderosa, la de la fe, que no sólo no se debilita con la edad, sino que se fortalece. Los mayores la hemos ido acumulando, de experiencia en experiencia, con la oración, los sacramentos, el sacrificio, el deber cumplido, el sentido de la familia y el amor al prójimo, esos son los anticuerpos más resistentes frente a los que quieran quitarnos lo que más nos fortalece a nuestra edad: la esperanza.

El virus tiene que saber que nada nos separará del amor de Dios; de la confianza en Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor; ni del Espíritu Santo, que nos ha sostenido en la fe y ha sido para nosotros Señor y dador de vida. Por eso, nos ve ahora sacando del baúl de nuestra memoria cristiana todas las oraciones que aprendimos. Sabemos que, de momento, el virus es poderoso, pero le advertimos que no nos va a coger con los brazos caídos, estaremos en la lucha con toda la sociedad, que se ha unido para vencerle. Aunque gane muchas batallas, no será el triunfador final. Más allá del Coronavirus hay futuro y hay vida. Fortalece nuestra confianza el saber que contamos con un amor especialísimo que nos protege, con el de la Santísima Virgen, la gran intercesora en favor nuestro ante su Hijo, Jesús. Ella nos ayudará a salir adelante.

Un abrazo muy cariñoso y mi bendición de pastor de la Iglesia de Jaén a todas las personas mayores que estén solas, las acogidas en una residencia o viven en familia.

 

 

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.