Diario de un pastor ante el Covid-19. 24/03/2020

NUESTROS MILITARES: HÉROES COTIDIANOS

Estaban a nuestro lado y no se hacían notar. En ocasiones, los nombres de algunos de ellos salían en los telediarios porque habían sido víctimas del terrorismo lejano o cercano. Pero ellos seguían ahí, preparándose para las misiones internacionales de paz o repartidos por la geografía nacional en sus cuarteles, bases, buques y establecimientos militares instruyéndose cada día en su oficio de defensores de la paz de España.

Ahora, cuando la sociedad afronta la muerte en un campo de batalla, silencioso y traidor por el enemigo del coronavirus, ahí están nuestros militares que junto con el personal médico-sanitario y tantas otras personas civiles, plantan cara a esta pandemia global, combatiendo calle a calle, las veinticuatro horas del día en más de ciento treinta ciudades españolas y con cerca de tres mil efectivos de momento. “En esta guerra todos somos soldados”, según declaró el Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD).

Los militares, guardias civiles y policías son muy conocedores del rostro de la “hermana muerte”, que diría hace muchos siglos san Francisco de Asís. Al igual que nuestros médicos y personal sanitario, ser militar no es sólo una profesión, sino ante todo una vocación de servicio a sus conciudadanos. En el caso de la milicia, hay un juramento sagrado, bajo una Bandera que nunca se olvida y siempre se ama: defender a la Patria. Así, lo recoge nuestra Constitución Española que se le asigna como misión: “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional” (art 8).

La vida militar incluye unos valores y virtudes que no se improvisan y que deben practicarse en tiempos de paz, guerra o calamidades como la que nos está asolando. Esta preparación y formación es la que le capacita para poder desempeñar sus funciones de una manera eficaz y eficiente. Sin una espiritualidad y moral castrense no se sostiene un Ejército, y en ello juega un papel importante la cercanía y servicio de nuestros capellanes militares. Porque ser soldado, es todo un oficio que compromete la vida entera y que requiere ejercitarse cada día en el: adiestramiento, destreza, lealtad, fidelidad, creatividad, abnegación, sacrificio, disciplina, obediencia, justicia, valor, honor y patriotismo. Con razón diría el insigne escritor de las letras españolas y universales Pedro Calderón de la Barca que fue, militar, escritor, poeta, dramaturgo, caballero de la orden de Santiago y sacerdote: “la milicia no es más que una religión de hombres honrados”. Pues bien, estos son los hombres y mujeres que en estos momentos de angustia, dolor, enfermedad y muerte que atravesamos los españoles, están velando por nosotros con las únicas armas de la grandeza de sus corazones: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13).

Sin embargo, que nadie piense que los componentes de nuestras Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado son invencibles y no mortales. Ellos como cualquier ciudadano, tienen sus familias e inquietudes. También les asalta el miedo y la desazón con lo que está pasando y viéndolo en primera línea de combate. El virus del Covid-19 no hace distinción entre civiles, sanitarios o militares. Ante este enemigo que esparce sus ofensivas por todos los sitios y su rostro se hace visible en los que están padeciendo la grave enfermedad a las puertas de la muerte; no caben medias tintas, moralinas egoístas o ideologías interesadas, sólo la responsabilidad solidaria, el espíritu de servicio, la serenidad de ánimo y la confianza en la victoria sobre esta calamidad. Así, “demostraremos que somos soldados cada uno en el lugar que nos ha tocado” (JEMAD).

 

 

+Juan del Río Martín
Arzobispo Castrense de España

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma. Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla. Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana. CARGOS PASTORALES En los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992). El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año. El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".