Religiosas en trinchera para luchar contra el coronavirus

Religiosas de Bérgamo. (AFP or licensors)

Hay un ejército eficaz desplegado en la batalla contra la pandemia de coronavirus: es el discreto, casi invisible, de las monjas. Ya sean enfermeras o enclaustradas, se ocupen de los más pobres o acudan en ayuda de las familias de los afectados por la enfermedad, todas llevan dos poderosas armas: la oración y el amor. Un claro ejemplo, entre muchos de los que podrían ser narrados, es el de las Hermanas de San Camilo. En toda Italia administran cinco hospitales: Roma, Trento, Treviso, Brescia y Cremona. Los tres últimos se encargan de asistir a los infectados por el Covid-19, un frente altamente peligroso.

Listas para dar la vida por los demás

«En todas nuestras estructuras hay hermanas-enfermeras que en este período arriesgan su vida con abnegación» explica la hermana Lancy Ezhupara, directora del Hospital San Camilo de Treviso y secretaria general de la orden. Pero sus hermanas no tienen miedo, al contrario: «Nosotras, las Hijas de San Camilo, hacemos un cuarto voto, además de los tres votos clásicos de pobreza, obediencia y castidad: el de servir a los enfermos incluso a costa de nuestras vidas. Tal vez en años pasados, para muchas de nosotras, el cuarto voto se había vuelto un poco borroso, pero hoy vuelve con fuerza a tener toda su extrema actualidad».

«En nuestro hospital de Treviso hay más de cien lugares para recibir a los infectados, pero las dificultades son innumerables porque hay escasez de instrumentos sanitarios. Pero nosotras, como Iglesia, como religiosas y como personas, sin duda no retrocedemos», explica la hermana Lancy, que encuentra consuelo en la reacción de sus hermanas, dispuestas a hacer cualquier cosa para estar cerca de los que sufren: «Su total disponibilidad me hace conmoverme. Son conscientes de que pueden morir, pero repito: la fuerza nos la da la oración, la intercesión de San Camilo y nuestro cuarto voto».

La oración, arma ganadora

El otro frente esencial para la victoria es el de la oración constante. Aquí también, desde Aosta a Palermo, las religiosas están en primera línea. Hay quienes rezan el rosario con megáfonos colocados en los balcones de su monasterio, quienes dominan las redes sociales para compartir novenas y oraciones, quienes en la soledad de su recinto han multiplicado los sacrificios y mortificaciones. En Bérgamo, uno de los centros más afectados por la pandemia, está el monasterio benedictino de Santa Grata. La superiora es la hermana María Teresa y quiere señalar que a pesar del claustro «tenemos internet y televisión y por lo tanto conocemos el dolor actual del mundo».

Y precisamente en este desafortunado momento, las monjas de clausura han intensificado su oración: «En efecto, permítanme el término -dice la hermana María Teresa- estamos haciendo un verdadero maratón de oraciones. Nos piden de todo el mundo y con gusto nos hemos armado con rosarios, novenas y ‘Credi’, una antigua oración, una tradición de nuestro monasterio, que nuestros antepasados usaban en tiempos de calamidad». Además de la oración está la cercanía, el compartir el dolor. «Todas las hermanas – revela la hermana María Teresa – están en contacto telefónico con el personal sanitario del hospital de la ciudad, que está colapsando: nos cuentan la tragedia vivida en primera persona. Nosotras hacemos nuestra parte sin olvidar que el cuerpo también tiene un alma que debe ser defendida, salvada». La guerra contra el coronavirus puede vencerse también así.

 

 

Ciudad del Vaticano