«Fraternidad, confianza y oración»

El coronavirus ha puesto en jaque a nuestro mundo: la economía, la política, la religión, la sanidad pública, las escuelas, las universidades, los lugares de trabajo, etc. A todos nos entra miedo, una cierta dosis de incertidumbre, parecida a la que tenían los apóstoles cuando navegaban en el lago de Tiberíades y un fuerte viento zarandeaba la barca hasta el punto de ponerla en riesgo de hundirse.

Nos invaden preguntas que están en el corazón de los ciudadanos: ¿Qué tenemos que hacer? ¿Estamos haciendo lo correcto? ¿Habría que tomar medidas más tajantes?

Las autoridades nos insisten en la importancia de colaborar activamente siguiendo sus indicaciones para evitar que este virus se propague. Ruego insistentemente a todos que sigamos sus instrucciones. Por ello, mientras dure esta situación de grave crisis sanitaria, invito a seguir la celebración de la Santa Misa por televisión o por radio. Además, no olvidemos que en casa podemos rezar solos o en familia.

A Dios lo encontramos también en las personas que nos rodean. Muchas personas están solas, no podrán salir a la calle a comprar comida o medicinas y necesitarán también el consuelo de una visita, de una llamada telefónica. ¿Por qué no hacer un gesto de buen samaritano atendiendo a los hermanos más necesitados, a nuestros vecinos? Eso sí, siguiendo siempre las indicaciones sanitarias exigidas para evitar el contagio, especialmente, entre la población de riesgo.

Procuremos estar cerca de quienes sufren y lo pasan mal. Estemos disponibles en todo momento. A veces basta simplemente escuchar, dar una palabra de consuelo y de ánimo. Durante estos días, aprovechemos de una manera particular el teléfono, internet y las nuevas tecnologías para estar cerca de las personas que están más solas.

Este tiempo de reclusión, es también una oportunidad. Que no nos roben todo el tiempo las tecnologías. Dediquemos tiempo para repasar nuestra vida, para pensar hacia dónde y cómo queremos orientar el resto de nuestras vidas en este mundo, a la espera del encuentro definitivo con Dios.

La reclusión en nuestras casas puede ser también un buen momento para el recogimiento y la oración personal y familiar, para regalar tiempo a Dios. Es un tiempo ideal para la lectura atenta y orada de los pasajes bíblicos que la Iglesia nos ofrece en la liturgia de estos días de Cuaresma. De este modo hacemos realidad lo que dice el Concilio Vaticano II: la familia puede y debe ser «Iglesia doméstica».

Hermanos y hermanas, os animo a invocar diariamente la intercesión de nuestra Madre, la Virgen María, con esta preciosa oración: «Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!».

Queridos hermanos y amigos: ¡Qué el Señor nos bendiga, nos guarde y nos conceda la paz!

† Card. Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona
Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.