¿Quién es Jesús?

En los evangelios, algunas veces nos encontramos con la pregunta que se hacían los propios apóstoles y otros acompañantes de Jesús: ¿quién es este hombre? Lo vemos principalmente cuando él mismo los desconcierta con sus palabras y acciones. Por eso  encontramos también narraciones que manifiestan ciertamente quién es Jesús. Este domingo, segundo de cuaresma, se nos propone la narración de la «transfiguración», con el fin de ayudarnos a responder a la pregunta de quién es Jesús.

¿Qué finalidad tiene esta narración? Había que animar a  los discípulos y mostrarles adónde conducía el camino de Jesús, después de anunciarles su pasión y su muerte. Él ha comunicado a los discípulos que tendrá que sufrir mucho, que será rechazado por la gente religiosa de su pueblo, que morirá. Les ha señalado el camino de la cruz.

La expresión «transfiguración» sugiere que se transciende la figura o se profundiza. En la cumbre de una montaña, un lugar que siempre evoca comunicación entre cielo y tierra, acompañado por Pedro, Jaime y Juan, Jesús se transfigura para mostrar que es el Hijo de Dios con toda la luminosidad y verdad. Por eso se indica su transformación por medio de imágenes: los vestidos blancos como la luz y su cara resplandeciente como el sol. También lo acompañan dos testigos muy importantes de la historia del pueblo de Israel: Moisés y Elías. Por unos momentos se manifiesta la presencia y la gloria divina en aquel hombre al que llaman maestro, como culminación y realización de las promesas al pueblo elegido.

Pedro quiere hacer eternos estos momentos, y por eso propone hacer tres cabañas pensando en Jesús, en Moisés y en Elías. Pedro ha saboreado la gloria y no quiere irse de allí. Es natural: desea hacer eternos aquellos momentos, pero todavía no ha llegado la hora.

Entonces se oye la voz del testigo principal: «Este es mi hijo, mi amado, en quien me he complacido. Escuchadlo». Es la voz de Dios Padre que atestigua a favor de Jesús y revela que es su Hijo.

Y ahora podemos pensar qué mensaje conlleva para nosotros, hoy, esta narración.

Hay que escuchar a Jesús. Habrá que creer en su pasión, en su cruz y en su resurrección para responder a la pregunta de quién es Jesús.

Nosotros seguimos a Jesús, y debemos escuchar sus palabras, pero también necesitamos vivir y descubrir la joya y vida de la pascua en el camino oscuro y difícil de la vida. Tenemos necesidad de momentos de transfiguración.

Ahora vivimos momentos de gozo y dolores, de miedos; todos cargamos con nuestros problemas, y a veces el camino cristiano nos resulta áspero.

Pero también tenemos a Jesús, que se nos hace presente por medio de signos humanos, la Iglesia –la parroquia–, los sacramentos, la oración, las personas…

Pero para vivirlo necesitamos momentos de transfiguración. ¿Cuáles pueden ser estos momentos?

– La plegaria personal y de todos juntos, porque entonces una palabra puede resonar en nuestro más profundo interior, haciéndonos mejores, animándonos, dándonos fuerza. Es el paso o la presencia de Dios que transfigura nuestra vida.

– También, y especialmente, la Eucaristía. Participamos de este sacramento quizá pensando en las cuestiones que nos preocupan, en situaciones de gozo o de dolor… pero notamos que nos sentimos renovados y con fuerza para afrontar lo que haga falta.

– Una conversación a fondo con alguien que nos escucha y nos ayuda a ver más claro.

– Acercarse al prójimo para acompañarlo, servirlo y sostenerlo en situaciones dolorosas.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 393 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.