«Orar para aprender a amar»

Durante el tiempo litúrgico de Cuaresma, la Iglesia nos propone intensificar nuestra oración. Nos llama a hacer un hueco en nuestra vida cotidiana para encontrarnos con Jesús y contagiarnos de sus palabras y de sus acciones.

A veces nos puede parecer que rezar es muy difícil o incluso podemos dejar de orar porque lo hemos intentado a menudo y vemos que no produce fruto alguno. Dice san Pablo que no sabemos orar como conviene. Sin embargo, si se lo pedimos a Cristo, el mismo Espíritu de Dios vendrá a ayudarnos (cf. Rom 8,26).

Si dejamos que nos ayude, nos daremos cuenta de que rezar es el respirar del alma. Es acercarnos a Dios de una manera sencilla y espontánea, como hacemos cuando estamos con alguien que sabemos que nos quiere.

Busquemos un lugar tranquilo donde encontrarnos con el Señor y no tengamos miedo de abrirle nuestro corazón, aunque a veces nos sintamos confusos y perdidos. Nos puede ayudar la lectura de la Biblia. Toda la Escritura es palabra viva de Dios que transforma nuestra existencia. Es una luz que ilumina nuestros pasos.

Cuando nos abandonamos a Dios en el silencio, dejamos que Él entre en nosotros y cambie nuestra vida. Si oramos con fidelidad, algo nuevo y bueno se irá construyendo en nuestro interior. Cuando oramos, nuestro corazón se evangeliza y se llena de los frutos del Espíritu: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia y dominio de sí (cf. Ga 5,22).

¡Qué bueno sería si pudiéramos reservarnos quince minutos cada día para encontrarnos con Él! Entonces, poco a poco, nuestra existencia se iría llenando de una alegría tan grande que nos ayudaría a vivir con más esperanza. Lo dice san Juan de la Cruz con estas bellas palabras: «Con esta buena esperanza que de arriba les venía, el tedio de sus trabajos más leve se les hacía» (Romance, 5).

No obstante, el encuentro con Dios en la oración no puede quedarse en un asunto entre Dios y uno mismo. La oración cristiana es medicina para nuestro corazón, pero como nos recuerda el papa Francisco en Gaudete et Exsultate, «la oración es preciosa si alimenta una entrega cotidiana de amor» (GE 104).

La práctica asidua de la oración nos irá configurando más a Cristo. Poco a poco nuestros sentimientos se parecerán cada vez más a los de Jesús, a los de las bienaventuranzas. Así, «el mejor modo de discernir si nuestro camino de oración es auténtico será mirar en qué medida nuestra vida se va transformando a la luz de la misericordia» (GE 105). Este amor se prolongará en todo el cosmos, ya que la oración es camino de comunión con todos y con todo.

Queridos amigos y amigas, Dios siempre tiene tiempo para nosotros. Ojalá en estos días de Cuaresma tengamos tiempo para estar con Él y dejar que toque nuestro corazón.

† Card. Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona
Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.