Las noches de Nicodemo (I). La perplejidad ante Jesús

El personaje evangélico que conocemos con el nombre de “Nicodemo” reviste para nosotros una gran importancia. Nicodemo es un laico, fariseo importante, magistrado judío, pero que seguía a Jesús a escondidas. Semejante a José de Arimatea, que enterró, contra la prescripción legal judía a un ajusticiado: según nos informa Juan Marín en su libro 100 personatges bíblics, representan ambos aquella parte del judaísmo más estricto que creen en Jesús.

Lo más significativo de estos personajes es que seguían a Jesús “a media distancia”, disimulando. ¿Por miedo a las autoridades, por dudas, por cuidar la imagen?… El caso es que releyendo a Bruno Forte (La transmisión de la fe), hallo una cita oportuna del poeta italiano Renzo Barsacchi, en uno de sus poemas titulado “Las noches de Nicodemo”.

El Evangelio de San Juan dice que Nicodemo fue a buscar a Jesús de noche y mantuvo con Él una conversación absolutamente rica y fecunda (3,1-21). Las “noches” del laico Nicodemo debieron ser muchas. Le entendemos porque quizá son también nuestras noches; son además noches que vemos verificadas hoy en múltiples situaciones, forman parte de nuestras historias de fe.

Intentamos entrar dentro de la mente de Nicodemo, que quiere hablar a escondidas, directamente, con Jesús. Serían muchas las preguntas que deseaba hacerle. Esas preguntas serían “sus noches”, las noches que le movieron al encuentro con la luz del día.

Posiblemente una de estas noches sería lo que podemos llamar “la perplejidad”. Es decir, no acabar de entender qué está pasando en el mundo y en el Pueblo de Israel, qué significa realmente la figura y el mensaje de Cristo, respecto de la tradición judía… Por un lado, Jesús es un judío y un profeta, que demuestra con sus obras (signos) “que Dios está con él”. Por otro, Jesús llama y pide una novedad radical, difícil de aceptar desde la fidelidad a la Ley.

Nos resulta bastante fácil entender a Jesús como gran profeta. Es coherente con la tradición judía. Las obras, interpretadas como signos de un nuevo mundo, el Reino, nos parecen absolutamente aceptables y dignas de imitación, en la medida en que podemos a través de nuestras acciones y compromisos: somos, como Él, “constructores del Reino”. Así suenan muchas llamadas al compromiso laical.

La perplejidad sobreviene, como en Nicodemo, cuando Jesús desconcierta al hablar de la ineludible necesidad de un nuevo nacimiento. El diálogo con Jesús no está exento de aquella ironía tan típica del lenguaje del Evangelio de San Juan. Pero nos podemos imaginar la cara que puso Nicodemo al escuchar la respuesta de Jesús: ¿lo dices en serio?, ¿es eso posible?, ¿qué quieres decir exactamente?, ¿entrar de nuevo en el vientre de la madre?

Jesús se reafirma en lo que ha dicho: “hay que nacer de nuevo por el agua y el Espíritu”. Agua y Espíritu es el bautismo. Hay que morir y resucitar de nuevo, como nueva criatura, recién nacida, a una nueva vida.

Si esto aún sigue dejándonos perplejos, si vivimos nuestra fe y la predicamos obviando esta respuesta de Jesús, es que no le hemos entendido. Quizá Nicodemo siguió tras Jesús, aun sin entender demasiado. Hoy, sin embargo, no tenemos excusa para nuestra ignorancia.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.