8 de marzo: luchar por la mujer, es dignificarla como «hija amada de Dios»

«Que la voz de la mujer sea verdaderamente escuchada y sobre todo tenida en cuenta tanto en la sociedad como en la Iglesia», es uno de los deseos que el Papa Francisco ha expresado de corazón en varias ocasiones a lo largo de su pontificado. Sin embargo, y a pesar de los grandes avances del mundo moderno, todavía millones de mujeres siguen siendo ignoradas, explotadas y abusadas; víctimas silenciosas de una violencia física, psicológica y verbal que lamentablemente, con frecuencia, les arrebata la propia vida.

Por eso, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, establecido para crear una conciencia colectiva que ayude a luchar por la igualdad de derechos en todos los ámbitos de la sociedad, Vatican News comparte el testimonio de cuatro mujeres provenientes de diferentes países y culturas pero que tienen un elemento en común: todas ellas han hecho de su trabajo una misión y con gran pasión y empeño luchan para que la mujer sea valorada.

Cuatro mujeres, una misión en común

Formar a la mujer: protagonista de los cambios

La Hermana Nelly Sempértegui de la congregación Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, en Perú; nos habla de los desafíos a los que se enfrenta la mujer religiosa en el mundo de hoy:

«Uno de los mayores desafíos es nuestra presencia en medio de las realidades concretas donde todo está justificado y desvirtuado», explica la religiosa subrayando que en este sentido, «hay tanto feminicidio que grita y nos llama proteger a la mujer, a formarla y a dignificarla como hija amada de Dios».

Otro reto que destaca la Hermana Nelly es la invasión de la tecnología que presenta nuevos paradigmas y no se tienen los elementos necesarios para enfrentar el nuevo cambio del mundo globalizado: «Hay que formar a la mujer para que ella sea protagonista de los cambios culturales y socioeconómicos, tenemos que incidir, implicarnos y complicarnos para hacer posible que el mensaje de Jesús llegue a todos y transforme los corazones de las familias, de los jóvenes y de la sociedad entera».

El aporte femenino en la vida religiosa

Con respecto al aporte concreto de la mujer en la vida religiosa, la misionera lo tiene claro: «nosotras contribuimos practicando una espiritualidad de la inserción, una espiritualidad de la Encarnación, haciendo posible una Iglesia samaritana. Elegimos la opción cristiana de servicio a los que más nos necesitan, somos las que estamos dispuestas a ir donde Jesús nos llama, a vivir la misma vida de los pobres, dispuestas a compartir su misma suerte, sus carencias, sus problemas y sus valores. Las religiosas somos la vanguardia de la Iglesia evangelizadora profética comprometida con la promoción humana y con la transformación social».

Fuera del ámbito religioso también hay muchos desafíos que enfrentar en favor de las futuras generaciones. Sobre ello nos habla Alejandra González, periodista y docente Argentina quien desde hace años trabaja comunicando en su país el magisterio de los Papas:

La «competición» constante con los hombres 

«Un desafío actual en el sector laboral, es que la mujer tiene que competir con el hombre porque siguen existiendo sociedades machistas en muchísimos aspectos. Nosotras tenemos que demostrar constantemente que podemos hacer el mismo trabajo que los hombres, que somos capaces como ellos de hacer un montón de tareas y que también se puede trabajar en conjunto. La realidad, sin embargo sigue reflejando desigualdades como el hecho de que aún hoy, hay puestos de trabajo donde se paga más al hombre que a la mujer, aunque hagan lo mismo y tengan la misma responsabilidad», afirma la periodista argentina haciendo hincapié en las riquezas que aporta la visión femenina de las cosas y que complementa de manera positiva a la visión masculina; más aún si nos centramos en el sector del periodismo y la comunicación:

“En este sentido, la mujer tiene para aportar infinidad de actitudes y pensamientos porque tiene un modo de mirar el mundo diferente al de los hombres. Aportamos un carisma especial a la comunicación que tiene que ver con el modo de hablar, el modo de poder expresar lo que está sucediendo en un momento y en un lugar determinado, además podemos encarar desde muchísimas aristas una misma noticia donde siempre conseguimos poner una impronta muy particular”

La lucha de la mujer para ser «tomada en serio»

Y hablando de los desafíos a los que debe enfrentarse diariamente el género femenino, estos pueden convertirse en verdaderos obstáculos cuando vemos realidades complejas como la de África, donde la mujer sufre discriminación solo por el simple hecho de ser mujer.

María Rodríguez, periodista española corresponsal en Senegal, cuenta que una de las dificultades que tiene la mujer en este continente en el ámbito laboral, es que la tomen en serio y la traten con respeto.

Imaginemos un periodismo sin mujeres

«En mi caso en África, donde llevo viviendo cinco años, he pasado por varias experiencias a la hora de hacer mi trabajo, en las que se mira más el hecho de ser mujer que el hecho de ser una periodista que va en busca de información» –añade- puntualizando que es necesario que esta actitud incorrecta en el trato hacia la mujer sea corregida por un comportamiento más profesional, en el que las mujeres sean valoradas solo por sus capacidades y talentos; ya que la óptica femenina ofrece un toque de sensibilidad y creatividad que se convierte en una auténtica riqueza a la hora de practicar al ejercicio periodístico:

«Imaginemos redacciones de radio, prensa y televisión conformadas únicamente por hombres. Al final, si las mujeres no estuvieran ahí, una gran parte de las problemáticas sociales que implican a la mujer no se contarían», afirma María.

La desigualdad de género en cifras

Un valor – el de la mujer-  que lamentablemente es pisoteado en tantos lugares de la Tierra: según los últimos informes de la ONU, alrededor de 1.700 millones de personas viven actualmente en la pobreza extrema (menos de un dólar al día) y el 70% son mujeres; una de cada tres mujeres sufrirá violencia sexual y física en algún momento de su vida, se calcula que 200 millones de niñas y mujeres han padecido algún tipo de mutilación genital en 30 países  (la mayoría antes de los 5 años de edad) y las dos terceras partes de los 875 millones de analfabetos del mundo son mujeres.

¿Cómo podemos, entonces, lograr que sus derechos sean respetados, especialmente en países donde hay tanta violencia contra ellas? Nos lo cuenta Eunice Meneses Araúz, periodista panameña, líder del movimiento social y responsable de la Secretaria Ejecutiva del Consejo de Comunicación de la Conferencia Episcopal de su país.

Educar en el respeto desde la niñez

«Lo primero que hay que hacer es reconocer esta violencia que muchas veces se manifiesta en el asesinato físico pero también hay un asesinato económico, psicológico y espiritual de las mujeres que alcanza incluso el ámbito político. Es importante construir procesos para crear una cultura de respeto de la persona humana y eso se logra en el hogar, con la educación, hay que trabajar desde la niñez, desde la juventud, dentro de las instituciones con mucha influencia, como son las instituciones religiosas y los centros educativos», asegura Eunice indicando que no es una labor sencilla pero «hay una ruta que tenemos que marcarnos especialmente las mujeres que tenemos un nivel de liderazgo con el fin de poder articular procesos que ayuden a empujar a otras mujeres, sobre todo aquellas más vulnerables y que tienen menos acceso a estos derechos precisamente porque los desconocen».

Hombres y mujeres: busquemos lo que nos une

Por tanto, en el Día Internacional de la Mujer queremos hablar de respeto e igualdad entre hombres y mujeres. No queremos hablar de superioridad de un género sobre otro ya que una sociedad verdaderamente evolucionada es aquella capaz de encontrar lo que nos une y complementa, en lugar de centrarse en aquello que nos distancia y nos enfrenta.

Como dijo el Papa Francisco en su catequesis del 15 de abril de 2015:

“El Libro del Génesis insiste en que ambos son imagen y semejanza de Dios no solo el hombre, por su parte, no solo la mujer por su parte; sino también la pareja. La diferencia entre ellos no es para competir o para dominar sino para que se dé esa reciprocidad necesaria para la comunión y para la generación a imagen y semejanza de Dios”

Hoy recordamos a todas las mujeres del mundo en especial aquellas que nos precedieron, vivieron tiempos revolucionarios y lucharon por conquistar tantos derechos en favor de la igualdad humana. El camino sigue pero mientras tantos nos quedamos con estos mensajes de esperanza de nuestras entrevistadas que saludan a todas las «hijas amadas de Dios», con el deseo de alcanzar un futuro mejor, donde la igualdad, el respeto y la dignidad de la mujer, no sea un sueño sino un hecho real.

 

 

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