Ejercicios Espirituales: la noche no es sólo inquietud, sino donde Dios se manifiesta

Ejercicios espirituales desde la Curia Romana en Ariccia

Hoy en día «la gente tiene miedo porque siente que es polvo», el antídoto contra este miedo es sólo y exclusivamente la Palabra de Dios que irrumpe en la historia de los hombres y los anima concretamente, indicando el rumbo para «la travesía nocturna», sin atajos ni varitas mágicas, especialmente «en el momento en que uno experimenta dificultades o incluso desastres». Con estas palabras el sacerdote jesuita padre Bovati, inició su meditación matutina del 4 de marzo, en los Ejercicios Espirituales celebrados en Ariccia que el Papa sigue desde el Vaticano y que están inspirados en  los textos extraídos del libro del Éxodo (14, 1-31) y del Evangelio de Mateo (14, 22-32).

Como Moisés el cristiano defiende a los débiles del desprecio de los «faraones»

«La finalidad general de esta jornada de oración -explicó el predicador- es acoger el significado espiritual de algunos relatos de la Escritura, sacando indicaciones que nos ayuden en la misión que el Señor nos ha confiado con nuestra llamada sacerdotal y con la llamada de la responsabilidad en la Iglesia».

En este sentido, el jesuita señaló, en primer lugar, cómo la intervención del siervo de Dios está implicada y promovida en la acción de Dios: «este título se le da a Moisés al final del capítulo 34 del Deuteronomio y describe a Moisés como el instrumento obediente y también valiente, dócil y al mismo tiempo activo de la docilidad para con los demás. Moisés se nos ofrece como modelo a imitar y su ejemplaridad brilla muy claramente también en el capítulo 14 del Éxodo».

Travesía nocturna

«Hemos dado a este encuentro nuestro el título de travesía nocturna», recordó el Padre Bovati, subrayando que ésto «se aplica tanto al texto del Éxodo como al del evangelista Mateo».

En particular, el religioso hizo hincapié en que a través de la palabra «noche» estamos llamados a entrar en una perspectiva de oscuridad que implica dimensiones de inquietud, de desconcierto; «y al mismo tiempo, la noche es el lugar del misterio, donde Dios se manifiesta».

Pero también está el «aspecto del camino que, sin embargo, se presenta como una travesía en la que nos enfrentamos a temas del corazón humano, del proceso de aquellos que están en duda, intimidados y por lo tanto piden la ayuda de la Palabra de Dios».

Actualizando el texto del Éxodo, el Padre Bovati indicó que «la idea de Dios» no es la del atajo fácil: «el camino es largo y, de hecho, aparentemente contradictorio, con un retroceso y escollo con respecto al camino de liberación considerado cuesta abajo». Incluso puede suceder -añadió el predicador- que la vía de liberación sea finalmente un engaño, una especie de trampa que lleva a la protesta. «Y esto se puede ver en la historia de Moisés».

Un brazo extendido para ayudar a los que vacilan

En este contexto, el padre Bovati hizo hincapié en que el ministerio de Dios es ante todo misericordioso «porque es el camino que lleva a la vida». Pero «es misericordioso también porque apoya a los que tienen poca fe, a los que vacilan, a los que tienen miedo de sucumbir». Así, el predicador insistió, en que en la historia vemos la mano de Cristo, «una figura de la mano poderosa de Dios que llega al hombre de poca fe, salvándolo de las olas y trayendo la paz a él y a toda la barca, para que todos puedan acceder a la confesión de alabanza diciendo: ¡verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios!»

Por tanto, este brazo extendido hacia el brazo débil de los que vacilan, de los incrédulos, de los débiles -advirtió el religioso- es también una tarea de la caridad apostólica, porque éste es el camino de la figura reflejada en el Éxodo: «que el brazo de Moisés se convierta en el brazo del siervo de Dios, para que dé, como ministro del Altísimo, la salvación a la historia de la humanidad».

Para concluir, el sacerdote jesuita sugirió tomar nuevamente el Salmo 124 como una oración de alabanza al Señor que nos libera, que salva: «Él es el Creador que actúa en la historia; Él es el Señor, y si no fuera por Él habríamos perecido en las aguas profundas. Pero las aguas no nos han abrumado: las ataduras se han roto y hemos sido liberados».

 

 

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