La Palabra de Dios en el tiempo de Cuaresma

Acabamos de  iniciar el tiempo de Cuaresma. Este hecho actualmente pasa desapercibido para muchos cristianos. La secularización de la sociedad y la privatización de la práctica religiosa que se ha producido en nuestra cultura, han reducido la vivencia de la fe a algo meramente subjetivo y han llevado a que ciertos usos y costumbres que en otras épocas eran comunes, sean actualmente desconocidos para muchos. A muchos bautizados las indicaciones de la Iglesia sobre el ayuno o la abstinencia les dicen muy poco o simplemente las ignoran. A diferencia de otros grupos religiosos que mantienen los signos que les dan una identidad colectiva, entre nosotros se ha producido una des-socialización de la fe. Esto, si lo vivimos correctamente y no oponemos la dimensión externa y la interior, puede ser positivo, porque nos puede ayudar a vivir la Cuaresma con más autenticidad, evitando unas prácticas únicamente externas y ritualistas.

Para ello, quiero invitaros a que este tiempo sea, ante todo, una ocasión para escuchar la Palabra de Dios que, si es acogida en la fe, puede iluminar nuestra vida, transformar nuestro corazón y reorientarlo de nuevo hacia Dios. En el relato evangélico de las tentaciones de Jesús en el desierto, que se proclama en la celebración de la Eucaristía de este domingo, escuchamos la primera respuesta del Señor al tentador: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo, 4, 4). La Palabra de Dios, escuchada y acogida en el corazón, es la que da la verdadera Vida.

Nuestro ritmo de vida no nos predispone a esta escucha de la Palabra. El afán por el pan, es decir, por todo lo material, en lo que tantas personas ponen su esperanza, puede cerrar el corazón a esa Palabra que nos orienta hacia Dios. El hombre de hoy, orgulloso de lo que es, de lo que hace, de lo que consigue o de lo que tiene, a menudo llega a pensar que no necesita a Dios y puede considerar su Palabra como algo que no le aporta nada. Ahora bien, si reflexionamos sobre la verdad de lo que vivimos, en algún momento descubrimos que todo aquello que tenemos o conseguimos no nos da la felicidad que esperamos. El corazón del hombre nunca se sacia con las cosas del mundo: cuando ha conseguido lo que quería empieza a desear otras cosas. Y es que en el fondo estamos necesitados de Dios.

Por otra parte, vivimos en un mundo en el que escuchamos muchas palabras que nos llegan por distintos caminos: las personas que conocemos, los medios de comunicación social, los instrumentos de las nuevas tecnologías, etc… Si analizamos todo lo que escuchamos descubriremos que no todas las palabras tienen efectos positivos en nosotros. Muchos de los mensajes que nos llegan nos producen inquietud, provocan sentimientos negativos hacia los demás, nos quitan la paz o nos apartan de Dios.

Los cristianos sabemos que la Palabra de Dios es la que más necesita nuestro mundo y, desgraciadamente, a la que menos atención prestamos. Por ello quiero invitaros a que durante la Cuaresma dediquéis cada día un tiempo a meditar el Evangelio. Allí encontraréis palabras de Vida y la paz del corazón.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.